Capítulo 2.

2989 Palabras
La manera poco apropiada de encerrarme contra mi voluntad me obligó a sentarme en el sofá, dejándome incomunicada. Aunque peleé contra todas las amenazas, entre las que incluyo el intentar saltar por el balcón, me fue imposible. Por lo que tuve que avisar a Nick que huyera por medio de gritarle desde la ventana del salón.   Poco a poco, los demás integrantes de la casa fueron saliendo de su escondite, convirtiéndose en una terrible reunión familiar.   -       Bien. Vosotros ganáis, ¿Qué sucede?   -       Que bien encontrarte por aquí, cariño.- El comentario sarcástico por parte de mi padre provocó un asentamiento por parte de los restantes justo frente a mí, siendo este último el que tomó aire y continuó con su discurso del por qué no está bien mi comportamiento.   -       Está bien. Dayanne, te pido una disculpa si te ofendió mi comportamiento de ayer.   -       Creo que Adán también merece una disculpa, Alexandra.   -       Ah no, por ahí si que no paso. No me pienso disculpar con él.   En esta ocasión fue Dayanne la que tomó la palabra, entendiendo mi postura y no forzándome a hacer algo que yo no deseaba. La conversación sobre la dirección de la nueva familia se dio por iniciada, tomando varias decisiones de las que no estoy de acuerdo, entre las que incluía una mudanza general.   -       ¿Tengo que mudarme de la casa donde he crecido por que tú decidas casarte? -       ¿Crecido Alex? Vives aquí desde hace tres años.   -       Tres años en los que he crecido como persona ¡No todo lo referente a crecer implica la altura!   Aunque el comentario generó una risa general, mi molestia era real y mi negativa en lo que ha todos los cambios respecta, también. Pero mis comentarios cayeron en saco roto, ninguno cayó en mis provocaciones y mucho menos prestaron atención, la mayor amenaza que recibí fue retirarme el permiso de trabajar si no dejaba de molestar.   -       ¿Por qué te metes con eso? Quedamos en que podría seguir trabajando si no me afectaba a las notas.   -       ¿Trabajas? - La pregunta en esta ocasión vino por parte de Dayanne, aunque la mirada de la mujer se fijaba directamente en su hijo, que fingió no escuchar nada, observando al lado opuesto.- Desde que Adán cumplió los dieciséis intento que busque un trabajo a tiempo parcial, pero según él, nadie de su clase lo hacía por que había que tomarle demasiado tiempo.   -       Ni siquiera vamos al mismo instituto, por Dios.- Respondió el joven con un claro tono de molestia.   -       Pero eso ya no es así. Te he conseguido plaza en el instituto de Alex, así podréis ir juntos. Como los hermanos que vais a ser.   El grito en esta ocasión provino del propio Adán, siendo su enfado incluso mayor que el mío al ver como jugaban con su vida y tomaban decisiones sin siquiera consultarle. Fue tal su molestia que después de maldecir en voz alta se marchó en dirección a la calle dejando como última palabra un gran portazo.   -       Creía que la puerta estaba cerrada con llave.- Comenté después de un breve silencio.   -       Iré a buscarlo. Nos vemos luego.- Dayanne salió con total calma, dejando entonces una guerra de miradas entre mi padre y por supuesto, yo.   -       Sé que no te gusta la idea. Sé que odias a Adán por lo que pasó, pero estoy enamorado, Alex. Me he volcado en ti desde que viniste a vivir conmigo, también merezco ser feliz ¿No crees?   -       ¿En serio quieres abrir esa herida?     De nuevo silencio, los vistazos desafiantes de mi padre se convirtieron en pequeños golpes gélidos que no se atreven a fijarse directamente en mi cara, se remojó los labios y mantenía la cabeza gacha, buscando desesperadamente como salir del tema.     -       Si volcarse en mí significa ignorarme quince años, lo has hecho perfectamente, papá.- Al decir esa palabra respiró fuerte, aún sin atreverse a levantar la cabeza.- Si la amas, no voy a ser yo el impedimento para que no seas feliz, me quité ese título hace tiempo, pero no voy a perdonar a Adán. Me voy a trabajar.     Una vez estuve lista volví al primer piso, siendo mi padre aún el único allí, en la misma posición en la que lo dejé. Aunque me despedí no quiso responderme, por lo que tuve que tomar su silencio como su forma de desearme suerte en el trabajo.   Una vez llegué al portal, me encontré con la cara menos deseada, Adán se encontraba apoyado en la puerta, escuchando música a un volumen poco adecuado sin auriculares, por lo que al momento de salir su vista se fijó en mí.   -       ¿Podemos hablar?   -       Llego tarde al trabajo, Adán.   -       Alex, por favor.   Me tomó del brazo y sólo entonces noté la tristeza que reflejaba, sus intenciones eran reales y sus sentimientos puros. Aunque me tomé mi tiempo para reflexionarlo, decidí dejarlo acompañarme ya que el tiempo se me echaba encima y no tendría tiempo de hablar con seriedad, siempre y cuando me siguiera con su coche. Al llegar al estacionamiento le pedí que bajara deprisa y me acompañara..   -       ¿Trabajas aquí?   -       No querido, tengo un identificador con mi nombre y el del local por nada.   -       ¿Por qué siempre tienes que ser tan borde Alex?   -       Lo siento, le he prometido a Zack ser más simpática contigo.- Aunque mentí, probablemente era justo esto lo que quería hablar conmigo, por lo que prefiero asumirlo y acabar con esto de una vez.   Adán me pidió salir del coche para satisfacer su viciosa necesidad. Me ofreció uno y compartimos la llama de su mechero al igual que el humo que nos rodeaba, de nuevo, al igual que anoche, las brisas frías dan sus últimos coletazos antes de dejarnos sufrir sin sus suaves besos en la próxima estación. No sé si será la calma del momento o que en realidad hay cosas que no quiero discutir más, pero al verlo, con la misma paz con la que observo yo las estrellas, quise tirar la toalla y dejar mi orgullo a un lado.   -       Vamos a ser hermanastros.- Comenté, tirando la colilla con un ligero golpe.   -       Hermanos, quién lo iba a decir.   -       Hermanastros. Te estoy dando una oportunidad, no lo estropees. -       Como quieras, pero algún día vamos a tener que hablar de lo que pasó. No podemos ignorarlo para siempre.   -       Por qué todo el mundo quiere hablar de cosas que duelen.   -       Porque el dolor entre dos pesa menos.   Intenté despedirme de él, pero insistió en acompañarme para ver a que era a lo que me dedicaba, intenté impedirlo de todas las maneras posibles, pero fue totalmente en vano. Aunque intenté entrar por la puerta de atrás con la intención de pasar desapercibida, las coincidencias son odiosas, siendo justo la cara de Lola la que me recibió al otro lado de la puerta.   -       Alexandra, ¿De dónde vienes? ¿O a dónde vas?   -       Empieza mi turno en un rato, vengo para ver que todo esté en orden.   -       ¿Y este chico tan guapo?   -       Soy su hermano, Adán, es un placer.   -       ¿hermano? ¿No nos habías dicho que eras hija única? - Preguntó la mejor con cierto desconcierto   -       Se ha escapado del desván.   Pude notar en Lola esa mirada que pone cuando percibe algo que ella puede considerar negocio, le pidió a Adán que girara para que lo pudiera observar bien y comenzó a murmurar para sí misma.   -       Me traes buen ganado últimamente, Alexandra. Toma una propina.- Aunque me extendió un billete pero no quise recibirlo.   -       Él no viene a trabajar, sólo ha venido un momento, no se quedará.   -       No, a no ser que yo le haga una oferta…   Y ahí tiró el anzuelo. Cuando me quise dar cuenta se estaban llevando a Adán hacia la sala de retocado para retirar todo el pelo necesario y en menos de una hora, veía como lo presentaban como una de las nuevas incorporaciones más calientes.       Verlo bailar me generó sentimientos confusos, parecía excitación, también vergüenza, pero no ajena sino propia, como si fuera yo la que estuviera ahí a punto de desvestirse. Las luces bajaron lentamente a medida que la ropa caía, de vez en cuando conectaba su mirada conmigo, pero era tan breve que me sabía poco, quería apartar la vista, pero algo en él me atraía, maldita incomprensión propia del ser vivo, ¿Por qué deseo quedarme a observar lo que sé que está a punto de arder? ¿Y si soy yo la que en realidad se está quemando? ¿Y si continúa? ¿Arderemos juntos?   Cada minuto que pasaba sentía como el tiempo me consumía, parecía que su actuación aunque breve por ser sólo de presentación, no finaliza, conseguí dejar de mirar en el preciso momento en el que mi compañera y amiga Fany se cayó, rompiéndose el tobillo. A raíz de eso, el ambiente se enfrió bastante, por lo que le pidieron a uno de los profesionales que se encargara de poner todo en orden.   Perdí de vista a Adán hasta pasadas las cinco, siendo mi momento de poner rumbo a mi casa, encontrándolo besándose con una de las clientas más jovencitas, en lugar de llamarlo, me subí discreta en mi moto y tuve la intención de marcharme sin él, hasta que paró justo delante de mí, cuestionando el motivo de mi huida.   -       Te veo entretenido, ¿Por qué debería avisarte?   -       ¿A lo mejor influye que hemos venido juntos? ¿Ibas a dejarme tirado?   -       Te estoy dejando en paz, que sería lo que querría yo. Lárgate con esa   -       ¿Esa? Alex, ¿Estás celosa?   La grúa nos acercó a mi casa para que pudiera buscar los papeles y los papeles de mi tutor legal, o sea mi padre. Al ver el estado de la moto y asegurarse de que yo estuviera totalmente bien, prosiguió a ponerse de rodillas frente a mí y cogerme la mano   -       ¿Podrías repetirme cómo dices que se cayó sobre la moto la chica esa? Veo inconsistencias en tu versión.   -       Ya te lo he dicho como diez veces, estaba borracha y se cayó porque se quiso subir sin pedirme ningún permiso, aún así, al ver el estado en el que estaba, le pedí tranquilamente que se bajara, pero no me hizo caso.   -       Alex, dime la verdad, la tiraste tú de la moto ¿Verdad? - Mi padre me miraba directamente a los ojos, con ambas cejas levantadas esperando que la respuesta a su cuestión no sea afirmativa.   -       No, claro que no, jamás haría algo así.- Mi pequeña mentira se vio cortada al cruzar los dedos índice y corazón en mi espalda, la realidad había sido ligeramente diferente, pero sabía que no le iba a gustar.   La esperada llamada del seguro fue recibida, por lo que mi padre se retiró a hablar con cierta intimidad, del edificio apareció Dayanne, totalmente despeinada y cubierta con una bata rosa que le pone más edad de la que tiene. Se acercó y me tomó la cara suavemente mientras me preguntaba por mi estado.   -       ¿Quieres subir a casa y te lo miro? Estudié enfermería.   -       No, tranquila, ha sido un golpe tonto, casi ni me duele.   -       ¿Sólo ha sido en el pómulo? ¿Esa loca no te ha dado en otro lugar de la cabeza? ¿Tienes mareo? ¿Dolor en algún lado concreto? ¿has vomitado?   -       Estoy bien, te lo prometo.   La ternura de Dayanne me generó un cosquilleo en el lado izquierdo del pecho, una sensación extraña que nunca antes había sentido, me trata con un aprecio incomprensible en relación a la actitud que he tenido siempre con ella.   -       Te has puesto colorada, ¿Tienes fiebre?   -       No, sólo me he sentido rara con tu comportamiento, no entiendo que me transmites, ¿Qué es?   -       ¿Afecto?   Mi padre se acercó a nosotras, pero su atención se desvió totalmente hacia ella, al ver a su prometida recién levantada, sonrió brevemente, le retiró el pelo de la cara para regalarle un pequeño beso y hacerle saber lo preciosa que está. Me comunicó que la revisión está programada para el lunes, por lo que queda en mis manos.   -       Bueno, me llevarás tú ¿No?   -       Ya veremos…   Su escueta respuesta no pudo ser replicada, ya que enseguida se puso a hablar con Dayanne de un tema diferente. Al volver la vista, vi a Adán apoyado en la entrada del edificio, observando en mi dirección y fumando a la par, al hacer contacto visual, comenzó a mover las cejas insistentemente lo que creí entender que era su sutil manera de pedirme que me acercara.   -       ¿Qué haces con la cara?   -       Llamarte y ha funcionado porque aquí estás ¿Le has dicho lo que ha pasado?   -       ¿El qué? ¿Qué una loca se ha tirado sobre mi moto con intención de pegarme por ti? Claro que sí.   -       Que tú le has pegado con toda la intención y que en realidad tú eres la que se ha caído sobre la moto ¿También?   -       Por supuesto.   -       Eres una mentirosa. Me gusta.- Murmuró.   -       Ahora que somos hermanos, puedo decir que es una influencia tuya.   Después de un rato, mi padre y Dayanne se acercaron a nosotros y volvieron a preguntar si no teníamos nada más que añadir, Adán contó el nuevo trabajo que yo le había conseguido gracias o mí, ó más bien por mi culpa. Al finalizar las novedades, tomamos la decisión de iniciar nuestro preciado descanso subiendo a dormir, pero en el proceso, ellos se quedaron tras nosotros, dando pasos muy menudos, aunque preguntamos si se encontraban bien, ninguno contestó con coherencia. De repente un coche pitó, por lo que todos giramos.   -       Por cierto, chicos.- Habló mi padre.- Dayanne y yo nos marchamos dos semanas de vacaciones.   En ese momento, Dayanne se quitó el albornoz y se lo tiró a su hijo junto a muchos besos y muchas disculpas, mi padre por su parte corrió delante de ella para abrirle la puerta, tirándose dentro del coche y pidiéndole al taxista que arrancara. El frío de la mañana calaba, pero el frío del desprecio familiar aún más, no dejábamos de observar en dirección a la carretera, como esperando que en el fondo fuera una broma muy pesada. Pero no pasó, por mucho que pasó el tiempo no regresaron ni contestaron ningún tipo de llamado. Al subir cada uno a su casa, tuvimos que volver a reunirnos en el rellano al ambos ver que una nota por parte de cada progenitor informando del hecho se hallaba pegada en la nevera de cada casa, por lo que llegamos a la conclusión de que iban a aprovechar nuestro cansancio para que lo viéramos por la mañana. Con cierta molestia, nos despedimos y cada uno volvió a su hogar. El insistente sonido del timbre me despertó y obligó a levantarme, el mediodía ya rozaba el reloj, pero a mi alarma le quedaban aún diez minutos para sonar, por lo que mi mal humor se hizo presente. Al abrir, la extrema energía de Adán me pasó por un lado y revolvió el cuerpo cual tornado, su visita era con una intención totalmente personal, quería comida.   -       ¿No sabes cocinar, imbécil?   -       No mucho. Pero no es por eso, vengo a hacerte compañía, seguro que es la primera vez que te quedas sola.   -       Por lo que veo olvidas rápido.- Su cara se pintó de rojo y apartó su juguetona vista.   -       No soporto que seas tan directa.   -       Estaba siendo sutil.   El permiso de tomar lo que deseara fue tomado al pie de la letra, mientras él se alimentaba, subí a darme una ducha rápida. Al terminar y volver a la cocina, encontré la mesa puesta, los platos desprendiendo humo y una pequeña flor de plástico en medio.   -       ¿Y esto?   -       No será el plato más exquisito que has probado, pero lo he hecho de corazón, para hacer las paces.   Aunque la comida a vista se veía poco estética y estaba bastante salado, la intención era buena, por lo que comí lo que más pude y agradecí por el acto de reconciliación. Al terminar su café, el labio superior se le manchó por lo que tomé una servilleta y lo retiré suavemente, notaba como me miraba fijamente, de vez en cuando subía la vista, pero no quise llegar a dejarme introducir en su azulada mirada.   -       Te he echado de menos este tiempo.- Susurró   Tomé posición con la intención de apartarme, pero me agarró de la cintura y me pegó más a él, abrazándome con fuerza. Hacía tanto que no sentía su olor, que mi cuerpo comenzó a  actuar por instinto, acercándose aún más hasta casi estar encima de él. Me dejé fundir. Me dejé querer. Podía sentirlo respirar tan cerca de mi oreja, de una manera tan rítmica que me ponía la piel de gallina, aún más cuando suspiraba. Me separó unos simples centímetros y vi como su boca se acercaba lentamente, cerré los ojos y separé un poco mis labios, esperando un beso correspondido y prohibido, pero en el instante en que noté su calidez en mi mejilla, me separé de golpe.   -       ¿Qué pasa? - Preguntó, subiendo ligeramente el tono de voz   -       Creía que…   -       ¿Creías que qué?   -       Nada. Sólo me he confundido, eso es todo.
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