Capítulo 3.

1259 Palabras
Aunque Adán intentó seguir cuestionando mi reacción, le pedí que me dejara sola, lo cual acabó respetando después de un largo rato. Una vez sola, en total silencio, salí a tomar algo de aire al balcón, viendo las luces de los coches rebotar en la húmeda acera, una lluvia pasajera había manchado toda la ciudad de una tristeza casi tan oscura como la mía.   Al verme sola después de tanto tiempo me apoderó la nostalgia, no hacía más que pensar en Adán y los detalles que rodean nuestra actual relación, ¿Debo ignorar lo sucedido sólo porque el tiempo ha decidido jugar conmigo de esta manera? ¿O mantengo el rencor de una herida que aún escuece?   Mi padre se dignó en llamarme una vez su vuelo aterrizó, su disculpa fue totalmente escasa y no arregló la manera en la que se marchó, pero al menos intentó poner una excusa.   -       ¿Dónde has dormido?   -       ¿En casa? ¿Dónde pretendes que duerma?   -       Te recuerdo que hace sólo un par de días dormiste fuera y no me quisiste concretar dónde, si no te pregunto es por que no es la primera vez que lo haces ni será la última, confío en que sabes cuidarte.   -       Tampoco tienes más remedio.   -       Podría meterte en un internado   -       ¿Otra vez?   -       Por última vez Alexandra, era un campamento de verano y fue sólo un mes, no podía llevarte conmigo tanto tiempo.   -       Si me quedo al cuidado de un ser humano que no es de mi familia contra mi voluntad me suena a internado.   -       Que te suene y que lo sea son puntos totalmente diferentes.   La conversación y las bromas duraron hasta que Dayanne terminó de hablar con Adán, retomando su estancia romántica entonces, por lo que después de un par de amenazas cortó la llamada, fue cuestión de un rato que lo predecible sucediera, Adán de nuevo llamó a mi puerta buscando consuelo o comer de nuevo.   -       ¿Te ha llamado tu padre?   -       Adán lárgate de aquí, por favor.   -       No seas así, es domingo, estoy aburrido y quiero estar contigo. Además, mi madre me ha pedido que me quede a dormir contigo para que no tengas miedo.- Al apartarse un poco me dejó ver detrás de él una maleta pequeña.   -       Juraría que mi padre me ha dicho justo lo contrario, no me fio, cuando lo corrobore te dejaré entrar.   Aunque intenté con todas mis fuerzas cerrar la puerta, el tamaño del muchacho pudo con mi metro y medio, tirándome al suelo al momento de hacer presión, a la hora de pedirme disculpas quiso acercarse a mí, pero no se lo permití, huyendo en dirección a mi habitación, el único lugar donde todo es mío y nadie puede entrar sin mi permiso.   El intentar localizar a mi padre fue una completa misión imposible, ninguno tenía el móvil conectado, su secretaría mintió diciendo que estaba en un viaje de trabajo, el blog de Dayanne estaba sin actualizar desde hacía dos días atrás y en sus r************* ninguno salía en línea.   -       ¿Sigues ahí? - Grité, sacando la cabeza un poco por el marco.   -       Sí, ¿Me dejas subir?   -       Vale, pero no puedes entrar.- Escuché como sus pasos se aproximaban y sentaba en el lado opuesto del marco de la puerta, apoyándose en la pared, a lo que yo lo imité dejando la puerta un poco abierta.   -       No me vas a perdonar nunca, ¿Verdad?   -       Estoy en proceso.   -       ¿Me dejas que fume?   -       Claro, si me das uno.- Al sacar la cajetilla y pasármelo, de nuevo aquel sentimiento de tristeza me inundó, verlo dolía y me quemaba el pecho al tenerlo cerca.- Me lastima tenerte cerca.   -       Ojalá pudiera no hacerte daño, sé que no te gusta mi presencia.   -       U Ojalá yo pudiera dejarlo pasar y no sentir nada nunca más.   -       Te tengo que admitir que aún a veces me asomo por la ventana, esperando que en el fondo tú también extrañes aquella costumbre y coincidamos. Pero no ha pasado.   -       Si fuera eso verdad, ¿Por qué te has metido tanto conmigo este tiempo?   -       ¿Crees en serio que es fácil lidiar con lo borde que eres?   Su comentario me hizo gracia, pero el sentimiento continuaba aferrado a mí, al posar la cabeza en la pared pude ver su silueta, tan cerca y a la vez tan lejos, su mano se encontraba apoyada en su rodilla, la otra estaba ocupada sujetando el cigarrillo y su cabeza miraba en dirección a las escaleras, la tentación de hacerlo pasar era grande, pero mi orgullo no me permitía más que simplemente tragar saliva.   -       Alex, hablemos del tema, por favor.   -       No puedo.   -       ¿Por qué?   -       Porque me da miedo saber por qué me dejaste sola cuando me prometiste apoyarme siempre.   La conversación no pudo continuar ya que su teléfono comenzó a sonar, aprovechando el momento cerré la habitación y eché el pestillo, sentándome al borde de la cama a esperar a que se alejara, cuando de nuevo hubo silencio procedió a tocarme la puerta y a pedirme lo evidente, pero de nuevo los recuerdos me atormentaban no permitiendo ir más allá.   -       Márchate, por favor.   -       Te espero donde siempre, a las diez.- Respondió después de una breve pausa, siendo esa su despedida, lo último que se dejó oír fue la puerta y el estruendoso rebote del silencio por todo el lugar.   Me dejé caer en la cama y junto al olor de humo me quedé divisando el techo y como poco a poco el sol se iba escondiendo, dejando paso a la oscuridad en la que se sume el mundo de noche. Las personas y las tinieblas, ¿Por qué la noche nos pone tan nostálgicos? ¿Será real que sólo deja paso a nuestra verdadera personalidad? ¿Debo entonces asumir que soy así? ¿Una persona que se deja pisotear por otra? ¿Un alma rota buscando ser sanada? ¿Un simple ser patético sin mayor razón que ser incapaz de superar? Y si estoy equivocada, ¿Por qué escuece tanto?   De nuevo una llamada interrumpió mi constante pensar, quise ignorarla, pero al ser un número desconocido el desconcierto y la curiosidad se apoderaron de mí, añadiendo el temor de que la persona en cuestión fuera algún enviado de mi padre que me iba a hacer un difícil comunicado.   -       ¿Dígame?   -       ¿Alejandra Veigans?   -       Alexandra, sí soy yo. ¿Quién es?   La llamada se cortó después de unos segundos de silencio y una respiración nerviosa al otro lado de la línea. al revisar, pude ver que era el mismo número que me había llamado los últimos meses de manera relativamente regular, siempre con el mismo patrón, siempre sin darme mayor información, de vez en cuando se escucha a alguien sollozar, pero nunca pasa a más, ¿Por qué una mujer me llama sólo para preguntar por mí y después romper en llanto?   Al dejar el móvil en la mesita de noche me fue imposible no ver la cortina y por ende la ventana, de nuevo la soledad, de nuevo la tentación, el reloj se acercaba a las diez a una velocidad alarmante, dejándome sólo dos minutos para tomar una decisión, ¿De nuevo me dejaré frenar por el temor?                    
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