Capítulo 4.

2186 Palabras
Las constantes vibraciones de mi teléfono acabaron despertándome, siendo eso y la televisión encendida los encargados de darme los buenos días, al finalizar el sonido la pantalla continuó brillando, dejándome ver con mayor claridad el nombre del culpable. Al devolver la llamada, la voz ronca de mi padre me despejó por completo.   -       ¿Qué pasa?   -       Ayer me llamaste mucho, ¿ha pasado algo?   -       Se ha quemado la casa.   -       Tengo alarmas para literalmente cualquier cosa, así que dime, ¿Qué pasa?   -       Adán me dijo que Dayanne le había dado permiso de que durmiera aquí, ¿Es verdad?   -       Claro que sí, ¿Qué tiene de malo?   -       ¿Que qué tiene de malo? ¿Tengo que recordarte los malditos hechos?   -       Ay Dios, Alexandra madura un poco. Me tiene un poco cansado tu puñetera actitud.   -       Vete a la mierda.   En el momento de colgar se me aguaron brevemente los ojos, pero no me permití llorar, por lo que enseguida me levanté y puse todo mi empeño en conseguir llegar al colegio con toda la energía posible.   Antes de llegar a salir del salón mi cabeza me mandó un conveniente recuerdo: Adán hoy empieza en mi instituto, lo que iba implicar verlo y por ende, implicarme con él. La pesadez del exceso de pensamientos me guió de nuevo al sofá, cayendo en él con el menor cuidado, divisando, de nuevo, al techo. Su nombre rebotaba en mi cabeza como el pegadizo estribillo de una mala canción.   Cuando el reloj se estancó a las siete de la mañana sentí que el mundo quiso dar una vuelta a mi favor, como dejándome un poco de tiempo para pensar en tomar la decisión correcta. Al momento de tener redactado el justificante en nombre de mi padre, me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, con miedo a que llegara a rozar la tecla de enviar, lo leí con sumo cuidado y me plantee si de verdad valía la pena, dejando que mi corazón decidiera, pulsé lo correspondiente, apareciendo en mi pantalla segundos después “mensaje enviado correctamente.”   Al acercarse la hora lógica para salir sin llegar tarde, esperé que Adán insistiera nuevamente en entrar, pero con el correr del tiempo no sucedió, por el contrario, el único que se dejó ver fue mi padre, esta vez no con una llamada, sino con un mensaje, donde redactaba el por qué había mentido en referencia al cambio de instituto de Adán y el por qué soy una inmadura por no ser capaz de entender nada.   -       ¿Mintiendome todo el tiempo? ¿Así es como quieres que madure? Un aplauso para ti, c*****o.   Aunque respondió al instante de enviar mi mensaje, el silenciarlo fue la mejor decisión que pude tomar por el bien de mi salud mental, por mucho que llamó, por mucho que escribió no oí ni vi nada. Decidiendo entonces tomarme el día para mí.   El timbre sonó pasadas las tres de la tarde, por la mirilla pude divisar una agradable compañía, por lo que no demoré en abrir la puerta. Mis amigos entraron con una rapidez alarmante e interrogaron el por qué mi falta hoy, aunque intenté excusarme en una falsa gripe ningún creyó nada.   -       Te he llegado a ver yendo a clase con 38 de fiebre, ¿Te vas a asustar por unas décimas?   -       Aquella vez fue puntual, tenía que ganar el concurso de economía.   -       ¿El concurso de los puestos de trabajo? - Preguntó Nick, apareciendo de la cocina con varias galletas en las manos.- Pero si eso ni siquiera contaba para nota.   -       No contaba, pero yo quería ganar, mi frutería fue la que sacó más beneficios con mis jugosos descuentos.   Al invitarlos a comer, me aproveché de los apuntes de cada uno y me puse relativamente al día, compartiendo también los deberes y pequeños comentarios ligeramente subidos de tono. Con ellos, la tarde se me pasó más rápido y mi cúmulo de tristeza empezó a drenarse con cada risa, fue el momento en el que recordé el motivo por el que los considero buenos amigos, estuvieron y estarán cuando los necesite, gracias a ellos lo superé la primera vez y por ellos es que no me dejaré caer otra vez.   -       En serio querida, ¿Qué es lo que te tiene el corazoncito triste? - Cat y yo intercambiamos miradas, observando después al último acompañante.   Aunque reímos, su pregunta se mantuvo en el aire y se posó en los pensamientos de todos. Con los ojos podía ver cómo sus palabras pasaban cual pantalla, cada vez de mayor tamaño, cada vez con mayor intensidad.   Tomé el valor después de coger mucho aire y pedirles que se sentaran, les narré las actuales circunstancias con lujo de detalles, explicando también sin ningún recelo mi actual torbellino de sentimientos y el por qué volver a tenerlo cerca, aunque sea solo en ocasiones concretas me desespera tanto, después de mi largo discurso donde solo supe ser redundante, Catherine se me acercó y abrazó un momento, lamentando profundamente el no haber tenido conocimiento suficiente como para ayudarme estos días y obligandome a prometer que no iba a volver a no contarle sobre mis sombríos sentimientos. Nick por su parte se quedó callado y serio, con una cara totalmente indescifrable.   -       ¿Qué pasa, Nick?   -       Me parece que eres idiota, sinceramente.- Su comentario, tan brusco y sin freno chocó directo en el pecho, haciéndome agachar la cabeza.   -       Qué sutil, imbécil.- Respondió Cat en mi lugar, pero robándome por completo las palabras. Debido a nuestra reacción, mi amigo se puso de pie y comenzó a caminar de un lado al otro sin ningún control.   -       ¿Pretendéis que sea sutil? Hace dos años que pasó, no digo que sea justificable y que no tenga derecho que aún le duela el hecho, pero que esté pensando en él de esa manera ¿te parece sano? ¿De verdad? Tú estuviste ahí, Cat, viste como pasó todo y sabes como quedó ella después de eso.   Continuó con su discurso con intención total de hacerme abrir los ojos por medio de terapia de choque. En cuestión de un rato la discusión comenzó a pasar a mayores, entrando en un tema personal entre Cat y él, aunque me considero de esas personas que disfrutan observando el caos de lejos, en esta ocasión me estaba irritando más de lo que me estaba gustando, por lo que, en lugar de detenerlos fui a la cocina y cogí un poco de agua volviendo al salón y tirándola sobre ellos.   El grito de ambos, siendo el de Nick más agudo de lo esperado, inundó la habitación un pequeño instante, volviendo cada uno sobre sí mismo, fijando su vista en mí.   -       ¡Por qué! ¡Me alise el pelo anoche!   -       ¿Que te alisaste qué Nick? - Pregunté un tanto preocupada, observando discretamente el rapado pelo de mi amigo.   -       O más bien, el pelo de donde…   -       Sólo me he adelantado a lo que creo que va a decir Catherine.   Por culpa de ese comentario, la discusión inició justo donde la habían dejado, pero con aún mayor presión. La única manera en la pude hacerlos callar fue ofreciéndoles algo de comida basura para cenar, decidiendo al final que pizza sería la opción más correcta, aunque casi inicia una discusión también a la hora de hablar de los ingredientes.   Aunque tuve que sobornarlos el resto de la tarde con otras cosas para evitar que continuaran gritando, me cansaron tanto que a la hora de decirles adiós me dirigí directamente a mi habitación. Al ser casi de noche, vi el reflejo de las luces de mi vecino en mi ventana, me asomé discretamente, encontrando un papel pegado donde estaba escrito “You miss me?” En la esquina inferior de mi ventana, le dejé mi respuesta: I hablar english very poquito.     A lo largo de la semana centré toda mi tensión en la semana de final de trimestre, a sólo tres semanas de las vacaciones, la presión crecía, más si se tenía presente el detalle de que en cuestión de meses empezaban los exámenes de admisión a la universidad y peor, las becas.   -       Así que ahora jugáis a mandar notitas por la ventana. Eres patética.   -       Nickolas lárgate de aquí.- Murmuró Cat.- Tú ni siquiera das esta clase.   -       Técnicamente no estoy en ninguna clase, me han expulsado de la mía y os acompaño mientras hacéis Educación Física.   -       ¡Pero si estás corriendo con nosotras!   -       ¡Por eso he dicho acompañar y no entrenar!   -       Técnicamente es verdad lo que él dice.- Comenté, a lo que Cat frenó y con ambas manos en la cintura, abrió mucho los ojos.   -       Justo por eso hace estas tonterías, ¡Lo mimas demasiado Alexandra!   Aunque durante más de la mitad de la clase mi amigo había pasado desapercibido, por culpa del grito de Cat el profesor fijó la vista en nosotros y nos mandó llamar, Nick nos pidió el nombre de algún alumno que no venga regularmente para hacerse pasar por él, pero a ninguna se le vino ninguno real, en mi caso, ni siquiera inventado.   -       ¿Cuál es su apellido? No recuerdo haberlo visto antes. ¿Y vosotras dos?   -       Veigans.   -       Flint.   -       Claro que me ha visto  ¿No recuerda que la semana pasada me caí por que me pusieron la zancadilla?   -       La semana pasada estuve en el hospital.- Nos costó aguantarnos la risa, tuvimos que hacer gestos extraños con la boca para evitar que se escapara.- Dígame su apellido, por favor.   -       Camelas.   -       ¿Nombre?   -       Benito claro, un clásico   Cuando el profesor cayó en el juego de palabras lo envió directamente al despacho del director, siendo escoltado por él mismo, por lo que la clase finalizó antes. En lugar de irnos a clase, Cat y yo nos paseamos lo más discretas posibles para encontrarnos con Nick, escondiendonos en el pasillo que va en dirección a todos los despachos, encontrandolo de espaldas a la puerta.   -       ¿Cuánto te tengo que pagar si te atreves a pellizcarle el culo? - Preguntó Cat. Mi deliberación por lo que puede ser el precio que valgo duró pocos segundos, fijando una cantidad y estrechando la mano en signo de trato. Una palmada fue necesaria para que la profunda voz del muchacho nos indicará que algo andaba mal, al girar, vimos que no era Nick.   -       ¡Mierda! ¡Lo siento muchísimo, creía que era mi amigo!   -       ¿Amigo? ¿No será Nick?   -       De hecho sí, ¿Lo conoces?   -       Un poco, es mi hermano pequeño.             La noticia de que Nick tenía un hermano me frenó totalmente en seco, en los años que lo conozco nunca había nombrado a ningún hermano. Me quedé tan impactada que durante un momento olvidé incluso donde estaba, por lo que en el preciso momento en el que la puerta se abrió, saliendo de ella el profesor junto a Nick el regañó fue inminente, pero nada comparado con la cara de mi amigo, parecía más preocupado de verme a mí ahí que al joven de mi lado.   Aunque intenté cruzarme con Nick en las horas siguientes, no fue posible, después me comunicaron que lo habían expulsado una semana por acumular demasiados partes de comportamiento. Traté de llamarlo pero tampoco me contestaba, le envié varios mensajes, pero tampoco respondió, por lo que acabé desistiendo de la idea de enterarme del cotilleo.   Al volver a casa, en la entrada encontré una serie de maletas en la puerta, llamé a mi padre en voz alta, apareciendo su pareja con una gran sonrisa, avisando que no estaba después de saludarme.   -       Vale, pero, con todo el respeto del mundo, ¿Qué haces aquí? Sé que suena muy mal pero no se me ocurre otra manera de hacer esta pregunta sinceramente.   -       He venido a haceros la comida a ti y a Adán, como seguro vas a estar incómoda comiendo en nuestra casa a tu padre se le ha ocurrido que lo hagamos aquí.   -       Claro.- Murmuré con cierto recelo, mirando de arriba abajo todo el lugar.- ¿Y las maletas?   -       De eso hablaremos luego, con tu padre, juntos como una familia.   -       En esta casa se hablan las cosas y punto, sin reuniones absurdas.   -       Ahora somos una familia, borde.- La respuesta no vino por parte de Dayanne, sino de su hijo, que apareció del lado del pasillo opuesto a mi.   Dayanne intervino antes de que todo resultara en un enorme problema, pidiéndonos a ambos que fuéramos razonables y pusiéramos la mesa entre los dos, en lugar de eso, cogí dirección a las escaleras y de un portazo me encerré en mi habitación. Abajo escuché a Adán renegando por mi comportamiento y aunque quise bajar a decirle que se callara conseguí contenerme. Oficialmente, me han invadido.
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