Capítulo 11

1434 Palabras
Catriel había estado fuera un buen rato, así que decidí hacer la cena después de hablar por teléfono un largo rato con los chicos, pero sobre todo con Alaric, les había avisado que estaba bien y que me habían dado el alta, también les mencioné que por el momento estaría viviendo con una tía, ya que me habían desalojado del anterior lugar donde vivía. No quería mencionarles sobre que estaría con Catriel, así que dije lo primero que se me vino a la mente y para mí suerte se la habían creído. La cena consistía en una pasta sencilla ya que no habían muchas cosas que digamos en la despensa, al parecer no era muy usual que Catriel cocinará. Había servido porciones considerables en cada uno de nuestros platos. Cuando me encaminaba con ellos a la mesa, escucho una llaves y luego la puerta ser abierta. Veo a Catriel entrar con seriedad, coloco los platos sobre la mesa y me volteo nuevamente hacia él, el cual me ve interrogante. —Hola. Prepare la cena ¿Quieres sentarte? — señale el asiento junto a mí, con una sonrisa. —No — dijo a secas, dirigiéndose a las escaleras. Me quedé asombrada en mi sitio, analizando que había hecho mal. Mire los platos y la verdad ya se me había quitado el apetito, así que metí ambos platos al microondas. Salí de la cocina y me dirigí a mi habitación, recostándome sobre la cama. ¿Había hecho bien en venir a vivir aquí? Esa pregunta me la había estado haciendo la mayor parte del día. No creo soportar la actitud sangrona de Catriel, sus cambios de humor me dejarán más inestable de lo ya soy. […] Me desperté lista para un nuevo día, me había pasado buscando un empleo por internet la mitad de la noche. Había encontrado muchos, pero todos con un sueldo sumamente lamentable, si quería salir de aquí lo más pronto posible necesitaba algo que me generará lo suficiente como para rentar un departamento. Sin embargo, hubo uno que llamó mi atención, el salario era increíble y solo tenía que trabajar los fines de semana, pero el caso es que era en un club nocturno, sirviendo como mesera. No me agradaba la idea, pero necesitaba el dinero con urgencia, así que no me quedaba más opción que intentarlo. Me vestí con algo simple, pero que no estuviera tan mal y salí del departamento, sin toparme en ningún momento con Catriel. Saludé con una sonrisa al hombre de la recepción que era el mismo señor de ayer y procedí a tomar un taxi, especificándole la dirección donde quedaba aquel club nocturno. Al llegar le pagué al taxista y baje del auto. Visualice un gran letrero en la parte superior del club y este decía Dark en letras color carmesí. El lugar a simple vista llamaba mucho la atención y por lo poco que logré investigar del club, era muy exclusivo y muchas personas asistían por sus grandes eventos. Mis nervios estaban a flor de piel, temía que no me contrataran, sin embargo, respiré y camine a la entra lo más segura posible, pero al ver a dos hombre altos y súper musculosos la respiración se me atasco en la garganta y mis manos empezaron a temblar. —¿En qué te puedo ayudar, niña? — dijo uno de los grandes gorilas, mirándome inquisitivo. —Bueno... Vine por... — respiré con profundidad, las palabras no me salían y percibí que el hombre frente a mi estaba perdiendo la paciencia —Vine por el puesto de mesera — dije, tratando de sonar firme. Ambos sacos de músculos me miraron como si lo que dijera fuese una broma, pero al ver qué no bromeaba se miraron entre sí. —A ver ¿Tú identificación? — la saqué con rapidez de mi bolso, entregándosela con temblor en la más. El hombre me miro a mí y luego a mi identificación. Después de unos minutos que para mí fueron eternos, el gorila me la devolvió dejándome pasar. Entro al lugar con pasos lentos, viendo curiosa cada cosa. Es la primera vez en mí corta vida que había entrado a un club. —¿En qué te puedo ayudar? — una chica de tez bronceada apareció en mi campo de visión —Espera déjame adivinar. Vienes por el puesto de mesera ¿Cierto? — cuestionó esperanzada con una sonrisa. Asentí y ella suspiro aliviada. Ella empezó a caminar y yo la seguí. —¿Cómo te llamas? — pregunto, dándome una mirada por sobre su hombro. —Olivia Scott — dije bajo y con timidez. Muy normal en mí. —Bueno Olivia, te deseo suerte y espero que te acepten — nos paramos justo frente a una puerta blanca y ella tocó, hablándole a la persona que estaba tras la puerta —Aquí entre dos, ya me caíste bien — sonrió dando pequeños brincos en el aire. Se alejo de mí ante de que yo pudiese decirle algo. Tome valor y abrí la puerta, viendo a un hombre y no solo era un hombre, sino que era ni nada más ni menos que Alaric. Él levantó la mirada de unos papeles para fijarse en mi silueta, abrió la boca con sorpresa, sin embargo, y de inmediato la sustituyo por una sonrisa que parecía más a una de burla. —Adelante. Pitufa — señaló canturreon uno de los asiento frente a su escritorio. —¿Tú qué haces aquí? — cuestione firme. Alaric juntó sus manos por sobre su barbilla aun con esa sonrisa. —La pregunta aquí es... ¿Qué hace una chica como tú, en un lugar como este? — lo mire con el ceño fruncido. —¿De que me hablas? Solo viene por el puesto de mesera — riendo alzó una de sus cejas —Al parecer alguien no sabe de que se trata el lugar — dijo por lo bajo, sin embargo, lo logré escuchar —Que divertido — río de nuevo. —¿Sabes que? Me largo, no soy tú payaso de circo — antes de darme la vuelta y salir, Alaric se apresuro a hablar. —Esta bien. Perdón, siéntate — dijo de pie, señalándome nuevamente el asiento frente a él —Hablemos sobre el puesto y sobre todo el lugar en general — dude, pero al fin y al cabo, necesitaba el empleo. Alaric me habían preguntado cosas con respecto a mi salud y si estaba bien viviendo con mi falsa “tía”, etcétera... A lo que le respondí que todo estaba bien. Había dejado su actitud burlona al entrar en ese tema, pero cuando pasamos a hablar sobre el trabajo, esa sonrisa volvió. Cada cosa que salía de su boca me dejaba choqueada... —Bueno, ya que te dije todo lo que tenías que saber ¿Aceptaras el empleo? — su mira se clavo en mi presencia, esperando ansioso mi respuesta. —A ver. Déjame ver si entendí bien — dije sin aún creerme esto — Esto es un club nocturno ¿Cierto? Dónde las personas son libres de tener sexo o cualquier cosa lasciva, además de que hay salas de juegos, todos sexuales ¿Verdad?... Y que mi trabajo aquí solo sería como mesera, nada más — lo mire y el asiento —Esta prohibido tocar a los meseros, o sea nadie me podrá tocar — Alaric asintió de nuevo, escuchándome atentamente —Pues... En ese caso, está bien. Acepto el empleo. —¡Si! — exclamó con euforia para luego carraspear, acomodándose en su asiento —Prometo que no te arrepentirás. —Eso espero — hablamos sobre mi horario y mis días de trabajo, los cuáles serían los fines de semana, empezando desde el viernes. —Si eso es todo, entonces me retiro — me levanté y Alaric me siguió. —Me alegra que te encuentres bien, pitufa — le sonreí. —Hasta pronto, ogro ¿O debería de llamarte jefe? — ambos reímos. Salí del club, dando una gran bocanada de aire. Sí. Estaba lo bastante loca para aceptar un trabajo como ese, sino lo necesitará, juro que ni lo abría tomado. Si embargo, enserio me sorprendí de mi misma al no salir corriendo cuando menciono sobre que el sexo ahí era libre. ¿A quien se le ocurre tener un lugar como ese? Además, se me había olvidado preguntarle a Alaric sobre del porque era jefe de un club, nunca me lo mencionó en nuestras muy pocas charlas, aunque seguro pensó que no era de mi incumbencia saberlo, aparte de que apenas nos conocíamos.
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