Capítulo 9

947 Palabras
Aprenderás que no importa en cuántos pedazos tú corazón se partió, el mundo no se detendrá para que lo arregles. (William Shakespeare) ************************* Olivia había tomado la decisión de empezar desde cero. Era hora de dejar ir a su madre. Lo primero fue prometerle al doctor y al psiquiatra que iría cada semana como acordaron al psicólogo, ya que la querían internar por haber atentado con su vida, si Olivia no cumplía con lo acordado entonces se le tomaría medidas extremas, advirtiéndole el psiquiatra que sería por su bien. Olivia había accedido dándole toda la razón. Le habían dado el alta y para su sorpresa Catriel la había ido a recoger. —¿Cómo te sientes? — cuestionó el pelinegro. —Mejor — le mostró una sonrisa que más bien parecía una mueca. —A mí no me tienes que mentir, Olivia — dijo mirándola directamente a los ojos. —Estaré bien, eso lo prometo — está vez le sonrió con sinceridad. Catriel asiento y procedió a guiarla hasta su auto, ya dentro se dirigieron a la casa de la chica. —¿Tienes hambre? Si quieres podemos detenernos a comer algo — Olivia lo miro escéptica —¿Qué? — cuestionó al ver su mirada. —Es que... No sé. ¿Por qué haces esto? ¿Me tienes lástima, Catriel? Porque hasta donde se tú y yo no congeniamos mucho que digamos y no sabes cuánto te agradezco de a verme salvado la vida, sin embargo, no entiendo porque sigues aquí — Olivia respiro profundo, sacando gran parte de lo que tenía atascado en la garganta. —Si estoy aquí contigo es porque quiero y no, no te tengo lástima ¿Por qué debería de tenerla? — la miro por un segundo, volviendo a enfocar su vista en la carretera —Quiero estar aquí para ti. Eso es todo. El corazón de Olivia se había acelerado hasta un punto que temía que el pelinegro lo escuchará. Catriel la miro y por primera vez desde que lo conocía le mostró una sonrisa sincera, cosa que hizo que las mejillas de la chica se tiñeran de rojo, ella volteó su rostro evitando que Catriel la mirase de esa forma. —Si tengo hambre — susurro. Catriel sonrió dirigiéndose a un lugar de comida que frecuentaba mucho. Ya en aquel local tomaron asiento uno frente a otro. Catriel mantenía la mirada fija sobre Olivia, sin embargo, está la evitaba, provocando que el pelinegro sonría divertido. Una mesera se acercó a su mesa para tomar su orden, pero aquella chica al darse cuenta de la presencia de Catriel le regaló una sonrisa coqueta, cosa que Olivia miro con el ceño fruncido. —¿Qué deseas ordenar guapo? — preguntó la mesera con voz seductora. —Tráeme una hamburguesa sin cebolla y un jugo de naranja ¿Y tú qué ordenaras? — pregunto para Olivia. —Una hamburguesa y una malteada — dijo Olivia con timidez. La chica era sumamente hermosa cualquiera caería a sus pies en un parpadear. Se dio vergüenza así misma, ni siquiera le llegaba a los talones. Pensaba que seguro Catriel sentía pena por andar con ella. —Bien — dijo el pelinegro, mirando a la mesera sin expresión. —¿Necesitas algo más guapo? — cuestionó la chica, inclinándose un poco hacia él. —No — dijo a secas. Olivia miraba por la ventana del local, con el rostro completamente rojo ¿Vergüenza? ¿Celos? No sabría decirlo. Solo sabía que quería desaparecer en ese instante. —¿Te encuentras bien? — pregunto el pelinegro, pero sabía que no hacía falta adivinar del porque estaba así, se había dado cuenta del como se sentía al ver aquella chica y sobre todo verla coquetearle. Para él Olivia era fácil de descifrar. —Si — susurro cortante, sin apartar la mirada de la ventana. Al llegar su orden, la mesera se la entrego insinuándose nuevamente al pelinegro. —¿Seguro que no necesitas nada más? ¿Mi número tal vez? — se mordió el labio mirándolo fijamente. Catriel le sonrió con cinismo. —En vez de estar de perra, porque no mejor te vas hacer tú trabajo — la chica lo miro con enfado, alejándose de ellos e insultándolo por lo bajo. Olivia pensó en decirle que no debió hablarle de esa forma, sin embargo, no lo hizo, en lo profundo se sintió conforme con la respuesta de Catriel hacia la chica. Al terminar tomaron rumbo hacia la casa de Olivia. Cuando Catriel se estaciono justo frente a su casa, está se fijo que todas sus cosas estaban afuera. El miedo se apoderó de ella al saber de que se trataba. El dueño de aquella casa le había advertido que si no le pagaba entonces la echaría a la calle. Justo lo que había hecho. Lágrimas de impotencia abandonaban sus ojos, su corazón dolió al ver las cosas de su madre tiradas como si no fuesen nada. —¿Qué haré ahora? ¿A dónde iré? — susurro en medio de un sollozo. —Tranquila — Catriel la abrazo —Lo resolveremos — para él no hacía falta explicarle aquella situación, con ver todo tirado y un letrero pegado a la puerta de la casa avisando de que se vendería, ya era suficiente. —No... No quiero ser una carga para ti — se negaba a recibir alguna ayuda de Catriel, había sido suficiente con a verle salvado la vida. El pelinegro río por lo que había dicho Olivia. —Olivia. Eres todo menos una carga para mí — aparto las lágrimas de las mejillas de la chica —Lo resolveremos. Juntos ¿Estamos? Olivia asintió, abrazándolo nuevamente.
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