*Eleazar*
No tarde mucho en reaccionar al aparecer de repente en la sala de la cabaña.
Mikeila me llamo destino.
Asi se conocian a las parejas destinadas de los Dragones.
Ahora no tenia dudas de cuan importante era para ella.
Su rostro mirandome con anhelo.
Ella iba a ser mía sin importar que debia hacer para liberarla.
Envie mensajes con rapidez a los demas Alfas.
Pedi que mamá se encargara de cuidar a Thea, la cachorra se preocuparia por mi al enterarse lo que habia hecho supuestamente mi Luna.
Me aleje de los territorios habitados y me estableci en una cabaña abandonada al este, donde nuestros territorios tenian las fronteras compartidas con los Pegasos.
Dickon, un Señor de los Pegasos vino a verme varias veces para asegurarse de que los dichos que estaban divulgando los miembros del Consejo no eran reales.
¿Estaba vivo?
Si, pero Bertran habia sido nombrado Alfa de Alfas por el Consejo.
Algo que los Lobos en general no se tomaron bien, pero Bertran seguia mis ordenes, no las del Consejo como ellos creían.
Tenia entendido que Mikeila volveria a estar bajo nuestro control asi que debia hacer algo para que ella este a salvo.
Pedi que me trajeran un auto y me dirigi a los territorios de los Pegasos.
Dickon me recibio en su casa como en los viejos tiempos cuando ambos eramos unos cachorros o en su caso un potrillo.
—Sabes que reunir a los Señores por una causa que no es de nuestra incumbencia podria tener un precio muy caro—comentó él mientras me daba una bebida.
—Mikeila es un tema que les compete a todas las Razas—añadí gruñendo las palabras con rapidez.
—Ellos solo veran tus beneficios, las demas Razas no tienen porque liberarla—declaró él y eso era cierto.
Debia encontrar la manera de convencerlos.
Mikeila era más que un arma.
Era más que mi Luna.
Ella era una de las pocas cosas que los Antiguos Dioses nos habian dejado y por eso debiamos protegerla.
Pasaron varios días hasta que los Señores Pegasos decidieron reunirse.
Habia cuatro de ellos, uno era Dickon.
—Eres bienvenido Eleazar, tu visita a nuestra casa quedara en el más profundo de los secretos, el Consejo no sabra por nuestros labios que aun vives y que tu compañera destinada los engaño—declaró Erick con rapidez apenas entre en la casa donde seria la reunión.
Agradeci el secreto y por dentro tambien agradeci que trataran a Mikeila por lo que era.
Mi compañera destinada.
—Ya saben porque pedi que se reunieran conmigo, quiero liberar a Mikeila del control que tiene el Consejo sobre ella, pero tambien quiero liberarnos a todos del poder que ostentan sobre todas las Razas, Mikeila no es un arma, ella es lo unico que nos queda de los Antiguos Dioses y ella debe ser protegida no utilizada—expliqué intentando mantener la calma a medida que las palabras salían de mi boca.
Dickon me sonrio con amabilidad, pero los otros tres Señores no hicieron ningun amague de haber escuchado mis palabras.
—La Última Dragona es sin dudas un recuerdo de que este mundo alguna vez tuvo Dioses habitando en él, pero el poder que ella misma ostenta sobre su cabeza va más alla de lo que el Consejo desee o utilice, ¿que garantia tenemos de que cuando ella sea liberada no se vengue de todos nosotros?—pregunto al final Petrick rompiendo el silencio que habia durado unos minutos.
—Te doy mi palabra de que ella solo desea vivir en paz—contesté con seguridad.
—Una paz que beneficie a los Lobos—afirmo Erick con rapidez.
—Seré sincero—declaré levantándome del sillón que ocupaba—cuando no sabía que ella era mi Luna solo pensaba en usarla, ¿con que fin? Destruir al Consejo, todos saben que desde la muerte de mi padre me opuse ante sus leyes y reglas, pero no soy estupido, jamas hubiera movido cielo y tierra para deshacernos de ellos, ¿ahora? Mikeila me ha hecho ver que lo que nuestros antepasados hicieron hace cuatrocientos años fue un error, una masacre y ella merece más que estar atada a un pergamino y vivir sin vivir—declaré mirando a cada uno de ellos.
Terrick, el más anciano de los cuatro se puso de pie también, se acerco a la puerta y antes de tocar el picaporte de giro a verme.
—Tienes nuestro apoyo Lobo, pero nosotros no tenemos las respuestas que necesitas, busca a los Elfos o Hechiceros, ellos ataron a tu Dragona, ellos deben saber cómo liberarla—explicó antes de abrir la puerta y salir de la casa.
Erick y Petrick me saludaron y tambien se fueron sin agregar nada más.
—Eso salio mejor de lo que esperaba—dijo Dickon dandome un golpe en la espalda para que me relaje al fin.
Realmente habia conseguido el apoyo de los Pegasos.
Realmente este plan de liberar a Mikeila al fin habia empezado.
Me faltaban muchas piezas aun, pero no podia negar que estaba euforico por la idea de que ella seria libre al fin.
Y ya estabamos a un paso de eso.
Me despedi de Dickon y volvi a los territorios de los Lobos.
Podia sentir la presencia de Mikeila en esas tierras asi que llame a mamá para averiguar si podia acercarme a la casa.
Ella dijo que Bertran se la habia llevado a la cabaña del bosque asi que podia ir a buscarla tranquilamente.
Eso me parecio extraño porque Bertran sabe que no me gusta que se acerquen a mi casa privada, pero si era para que Mikeila estuviera más cómoda eso estaba bien.