Capítulo 10: Asesinato

795 Palabras
*Mikeila* Cuando llegamos a la Ciudad Central me llevaron hasta una de las camaras especiales. Alli me sacaron del sarcofago y me encadenaron a una de las paredes. Los simbolos en ella empezaron a brillar apenas los grilletes se cerraron. —Dinos que sucedió con el Alfa de Alfas—ordenó uno de los miembros del Consejo. La orden recorrio todo mi cuerpo, pero aun asi no abri la boca. —Quieres hacerte la dura—opinó otro apoyando toda la palma sobre un pergamino que tenía escrito palabras en el idioma antiguo. El dolor me hizo abrir la boca, pero ningun sonido salio de ella. No me habian dado permiso para hablar. Lagrimas empezaron a bajar por mis ojos y eso me hizo enfadar aun más. —Dinos que paso—ordenó nuevamente Wallace. El Elfo era alto, no tanto como Eleazar y su musculatura no se comparaba con la de mi destino. —Veamos qué pasa si quebramos algunos huesos—comentó alguien más apoyando toda la palma sobre el pergamino. En un instante escuche un ruido ensordecedor y el dolor en mi pierna fue insoportable. Me la habian quebrado en tres partes. —Habla—ordenó otro más con rapidez. Senti como la orden llegaba a mi y no pude evitar abrir la boca. —Eleazar es mi destino dado por los Antiguos Dioses—declaré en voz alta aunque esta salió algo rasposa. Todos en la habitación se sorprendieron y empezaron a murmurar. Una explosión de dolor me recorrio y no ceso hasta que perdi el conocimiento. Cuando desperte estaba dentro del sarcofago. Mi cuerpo se habia regenerado de las heridas que ellos mismos me habian causado y podia sentir como la gente iba y venia a mi alrededor, estaba en una de las camaras especiales, estaban drenandome la energia. Pasaron varios días, lo presentia de alguna manera. De un momento a otro me hicieron presentarme delante del Consejo sacandome del sarcofago de cristal y llevandome a otro sector del complejo, una sala donde me exhibían como un trofeo, porque eso era yo para ellos. Todos los miembros mayores y menores estaban aqui. —Última Dragona es nuestro deseo que vayas a los territorios de los Lobos y nos traigas la cabeza de Eleazar, Alfa de Alfas—ordenó alguien con el pergamino n***o en sus manos. La sensación de poder que recorrio mi cuerpo no me gusto. Las palabras inundaron mi mente en un instante. Debia matar a mi propio destino. Destelle con rapidez de la sala mientras todos a mi alrededor celebraban el proximo espectaculo que daria. Apareci a unos metros de la casa de Eleazar. Él no tardo en salir de ella. —Mikeila regresaste—exclamó mucho más feliz de lo que esperaba. —Por orden del Consejo, tu Eleazar, Alfa de Alfas has sido declarado culpable de tus crimenes y se te sentencio a muerte—declaré automáticamente mientras reunía poder. Haria desaparecer a Eleazar sin dejar rastro. —No, Mikeila escúchame—pidió él intentando dar un paso adelante. Levante la mano y la onda de energia lo traspaso, borrandolo del mundo para siempre. Me asegure que los Inmortales que estaban alrededor presenciaran todo el espectáculo. Escuche las exclamasiones de sorpresa de muchos. Hasta algunas afirmaciones de que no creerían que seria capaz de hacerlo. Me volvi a destellar y apareci en la cabaña de Eleazar. Él estaba en el sillon y en el instante en que me vio se acerco a mi. —¿Estas bien?—pregunto demasiado preocupado. —No puedo hacerte daño, pero el Consejo debe creer que ya no vives—aclaré apoyando mi cabeza en su pecho. Sentí el tiron de la llamada del pergamino. Me aleje de él unos pasos. —Ayudame destino—supliqué destellandome de allí. Apareci en la sala grande donde los miembros del Consejo abusaban de mi. Ya sabia lo que iban a hacer. Deje de luchar contra ese poder y me concentre en Eleazar. En el latido de su corazón. En la suavidad de sus caricias. En su olor. En todo lo que él significaba para mi. Pasaron varios días en los que me converti en el juguete de hombres y mujeres. Una parte de mi queria luchar. No queria que me tocaran. Deseaba a Eleazar, él era el que me podria tocar solamente, pero eso no sirvio de mucho. Sentia cada una de sus manos en mi cuerpo. Todas mis defensas no servian de mucho. No me lo permitian. Cuanto más sintiera era mejor para ellos. Cuando se cansaron de mi me volvieron a colocar en el sarcofago y sin dudarlo drenaban mi energia. Siempre me pregunte para que la usaban. Una de las tantas preguntas que no tenia respuesta para mi.
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