En silencio, Ridey estaciona y apaga el coche, se queda con la mirada al frente y cuando decide voltear, recuesta un poco su cabeza y observa a una Madelia profundamente dormida. No tiene idea en que momento del trayecto se quedó dormida, lo único que sabe es que en este momento no tiene muchos ánimos de despertarla. Un suspiro sin más brota del pelinegro y termina esbozando una sonrisa para luego negar ante lo que está ocurriendo con él. Cada que se encuentra con Madelia y que incluso en ocasiones son adrede ya que él sabe dónde se encuentra, su corazón late de una manera que tenía muchísimos años que no latía. Siento un raro cosquilleo en la boca de su estómago y las ganas de querer verla siempre, son inmensas. – ¿Qué demonios me pasa contigo, pedacito de sol? –lleva la mirada al frent

