14.

2384 Palabras
Ashton Había estado en su casa antes, incluso había dormido en su cama, pero no había estado lo suficientemente sobrio como para mirar a mi alrededor. Ella había convertido esta pequeña casa en algo hogareño y cómodo. Paredes pintadas de gris, almohadones rojos que combinan con los detalles rojos de la cocina y el camino de mesa del comedor. Salpicaduras de rojo en las pinturas y cuadros enmarcados sobre una repisa de la chimenea colgados en una única pared blanca. —Que bien, Megan— me entrega una botella de cerveza y bebe un trago de la suya. Me gusta que este nerviosa porque yo también lo estoy. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que la he tenido en mis brazos y quiero hacerlo de nuevo. —¿Quieres que te de el recorrido? — sus mejillas se sonrojan mientras extiende su mano libre. Algo me dice que no se refiere a un recorrido por su casa. —Si— me levanto y ella usa su botella de cerveza para señalar. —Cocina. Comedor. Sala. Baño— había dado casi un giro antes de jalarme detrás de ella hacia una puerta cerrada. —Dormitorio— Sonrió porque me hubiera resultado imposible no hacerlo. —Ya he estado aquí antes— —No estoy sobria— tomo nuestras botellas y las coloco sobre una cómoda casi tan alta como ella. luego vuelve a tomarme la mano y me atrae hacia la cama. —Es una experiencia completamente diferente cuando estas sobria— Ella besa mi garganta cerca de mi clavícula y luego sube para mordisquear suavemente el lóbulo de mi oreja. —¿Qué estás haciendo? — pregunto con la voz entrecortada. No es que me moleste, más bien me gusta rodearla con mis brazos y poner sus caderas en línea con las mías. —Disfrutando de esta semana— Para enfatizar su punto, desabrocha el botón de mi camisa y me da un beso en la piel que acababa de exponer. A medida que baja hasta mi estómago, mi cuerpo cobra vida y ya no hay motivos para pensar. Nunca he dejado de desear a Megan, incluso después de todo lo que había sucedido. Pero tampoco quiero que esto termine demasiado pronto, así que cuando ella va a buscar mi cinturón y mi bragueta abotonada, la levanto para que me bese. Mi pecho esta desnudo y quiero más contacto piel con piel. —Lo justo es justo— Le quito el suéter que lleva puesto sobre la camiseta sin mangas y la bajo por los hombros para que cayera al suelo detrás de ella y, con el dedo índice, bajo la tira de su bíceps para poder saborear su hombro. Oh, Dios, es tan perfecta como la recordaba. Ella gime cuando me muevo desde su hombro hasta su clavícula. Al otro lado. El sonido va directo a mi pene y aunque quiero que esto dure más de los tres minutos que dudo que duraré, pero también la quiero ahora. Ahora mismo. Pero si esta es la única vez que estaremos juntos, y aunque tengo la esperanza de que se convierta en algo más, no puedo decidirlo con certeza, quiero que sea algo que ella recuerde. A pesar de todos mis pensamientos de ir más despacio, Megan se echa la blusa hacia atrás, luego se desabrocha el sujetador antes de desabrochar la falda, de modo que queda amontonada a sus pies. Se para desnuda frente a mí y no puedo dejar de mirarla, es perfecta. Desde la curva de su cuello hasta su cadera. —¿No has tenido ropa interior puesta toda la noche debajo de esa falda? — un detalle del que definitivamente me hubiera aprovechado si lo hubiera sabido. —No desde que decidí que quería traerte de vuelta aquí— Esta vez no la detengo, no puedo, no lo hago, mientras ella desabrocha mis pantalones y los empuja, junto con mis boxes, hasta mis tobillos. —Si me lo hubieras dicho, el viaje a casa habría sido mucho más interesante— Me rodea con la mano y me acaricio, largo, lento y firme. Perfecto. Luego me dedica una sonrisa sucia antes de hablar. —Fue interesante de todos modos. Si supieras lo que pensaba mientras observaba tus dedos envolviendo el volante— Ella frota sus pechos contra mi pecho mientras continúa acariciando mi polla. —Cuando te lamiste los labios, quise reclinar el asiento y subirme la falda para tocarme— Oh, Dios, ella había hecho eso por mí una vez, y yo había saboreado es recuerdo en muchas noches solitarias. Pero ahora, quiero ser yo quien la toque, quien sienta su humedad en mis dedos… en mi lengua… en mi pene. Dejo que mi mano caiga sobre el arco de su cadera y la rodeo para deslizarla contra su clítoris. ella jadea, pero inclina la cabeza y cierra los ojos mientras la dejo pasar una segunda vez antes de ahuecar su montículo y usar mi pulgar para provocarla mientras deslizo un dedo dentro. Oh. Todavía esta tan apretada, tan húmeda. —Megan— no pude pronunciar más que su nombre. —Acuéstate— Me gusta que no tenga que decírselo dos veces. También me gusta mirarla mientras hace lo que le digo que haga, es una seductora pura. Me quito los jeans y me reclino a su lado, levantando mi codo para poder dejar que mi mirada siga mi dedo por su pecho para rodear su pezón, luego al otro mientras lamo un círculo alrededor del primero. Se forma como un guijarro y soplo suavemente para que ella tome aire profundamente y lo mantenga mientras succiona suavemente. Su cuerpo es tan receptivo y quiero verlo todo, sentirlo cerca de mí. Sostiene mi cabeza contra su pecho durante un minuto hasta que me aparto y paso mis dedos sobre la ligera curva de su vientre, sobre una cicatriz justo debajo de su última costilla. Le preguntare como se la había hecho más tarde. Ahora, quiero oírla gemir, gritar mi nombre. Cuando bajo con mi mano, deslizo mi mano entre sus piernas, moviendo mi dedo dentro y fuera, luego me muevo para quedarme entre sus rodillas, ella arquea la espalda y gime. Tiene un sabor dulce y salado, y si viviera hasta los cien años, me encantaría hacer esto con ella soempre. Especialmente cuando sus músculos se tensan y yo puedo saborear la dulzura de su orgasmo y saber que le he ayudado a llegar a allí. Ella grita, clava sus uñas en mis hombros y me levanto para posarme sobre ella. —Por favor dime que tienes un condón— Lo tengo, no porque hubiera planeado algo que nos involucrara, sino porque poner un condón en mi billetera es tan natural como meter dinero allí. —Espera— busco en mis pantalones y saco el paquete metálico. Ella me lo quita, me empuja sobre mi espalda y lo abre con los dientes, luego lo hace rodar por mi pene con dedos tan hábiles que casi me corro antes de tiempo. Casi no aguanto lo suficiente para que ella se suba encima de mí y se baje sobre mi polla palpitante. Oh, mierda. Oh, mierda, oh mierda. Ella es increíble. Y cada movimiento de sus caderas, cada movimiento circular me acerca al borde de la pasión, la razón y la cordura. Megan Foster es la pasión, la razón y la cordura. Megan Foster es una diosa. Siempre lo ha sido, y ahora me está montando con la espalda arqueada y sus caderas empujando, dando vueltas, rebotando hasta que estoy seguro de que no sobreviviré al placer. Mi cuerpo se tensa cuando ella se inclina y me besa con fuerza y desesperación; sus gemidos vibraron con los míos mientras nos acercamos. No puedo evitar jadear cuando el mundo se desdibuja y luego, lentamente, la realidad vuelve a mí. —Ha pasado mucho tiempo desde que hicimos esto— Se desploma contra mi pecho, con mi pene todavía dentro de ella. el cambio de posición, la forma en que sus músculos se contraen contra mí, me hicieron desearla de nuevo. Sonrió. —Bueno, quizá deberíamos recuperar el tiempo perdido— Es más un deseo que una sugerencia, pero ella levanta la cabeza y sonríe. —¿Puedes? — le doy la vuelta para que quede debajo de mí. —Supongo que ya veremos— La chica que había conocido en aquel entonces se ha convertido en la mujer que esta debajo de mí y no puedo dejarla ir esta vez. No como lo había hecho en aquel entonces. Solo tengo que averiguar si ella siente lo mismo. Diez años atrás…. No puedo soportar la expresión de su rostro, la desconfianza que puedo ver en esos tormentosos ojos azules. Ella no quiere sentarse a mi lado, ni siquiera quiere mirarme, pero está aquí, así que tengo una oportunidad. Y no quiero arruinarla presionándola o diciendo algo incorrecto. Pero el silencio me está matando. —Megan— Ella levanta la cabeza como si me viera, pero se concentra en algo sobre mi hombro y eso me está matando. —¿Cuál es tu segundo nombre? ¿Dónde vives? ¿Por qué yo? — Mira el suéter que se había puesto y luego se quita uno de los zapatos y lo levanta. —Puedo entenderlo si este fuera el zapato que uso todo el tiempo, pero no lo es y probablemente nunca lo será, así que eso plantea la pregunta, nuevamente, ¿Por qué yo? — No había pensado mucho en eso, más allá del hecho de que me gusta. No es la misma copia al carbón con la que había salido durante los últimos cuatro años y luego está la apuesta, que en realidad no me importa, pero sigue ahí, en un segundo plano, donde espero que se quede hasta que me pueda hablar con Luka y salir de esto. Entonces, comienzo con las preguntas fáciles. —No tengo un segundo nombre, crecí en Colorado, cerca de Denver y me gusta quién eres. Me gusta quien soy cuando estamos juntos en una habitación— Ahora me mira y quiero ser honesto. —No siempre he sido el tipo más honesto cuando se trata de citas— Ella frunce el ceño. —Pero nunca me he grabado con una chica, nunca. El sexo es algo privado y no lo tomo a la ligera. No le haría eso a tu amiga— —¿Pero has hecho daño a otras chicas? — Asiento. —Pero no porque les haya mentido o humillado. A veces, cuando las cosas no funcionan, simplemente no funcionan y cuando no es lo mismo para ambas personas, uno siempre sale lastimado— Ella pone los ojos en blanco. —Eso suena como una frase que todos los chicos usan— —A veces todos decimos lo mismo porque es verdad. ¿Has estado en relaciones? ¿Siempre saliste con el corazón roto o te dio un par de golpes? — Y antes de terminar, supe que soy un idiota. Sus ojos se entrecerraron y su boca se tensó. —No. No lo hecho. De cualquier manera, los chicos no miran a las chicas como yo— ¿Qué? Incluso con sus jeans rotos y suficiente delineador de ojos para todas las chicas del campus, ella es hermosa y no puedo imaginar un mundo en el que los hombres no la miren. —¿Por qué piensas eso? — pregunto. Quiero acercarme a ella, tocar la curva de su rostro y mirarla a los ojos para que vea lo mucho que me gusta, pero no lo hago porque no soporto la idea de que me aleje. —¿Sabías que, siempre tengo seis u ocho bolígrafos en mi mochila? Nunca necesite tu bolígrafo, solo quería hablar contigo. —Entonces, ¿empezaste mintiéndome? — Su ceja oscura se arquea sobre su ojo izquierdo y eso me hizo sentir algo que no esperaba, algo que me hizo mirarla por más tiempo. Tengo miedo, para decirlo claramente, que, si mentí, tendré mis bolas en un frasco en un instante. —¡Wow! Si no hubiera tomado clases de derecho, el mundo legal se habría quedado sin una gran mente— —Está bien, sí. Lo hice, pero si me hubiera acercado a ti y hubiera iniciado una conversación contigo, ¿Qué habrías hecho? — Ahora ella mira sus manos y ambos sabemos la respuesta. —Y yo nunca te mentiría ahora, ojalá puedas creerlo— Se porque no puedo. No le había dado ninguna razón para hacer nada más que dudar de mi palabra, simplemente no quería obsesionarme con eso. No con ella, pero puedo admitirlo. —Sabes, yo también tengo miedo, Megan. Nunca me había sentido así por nadie antes. No tan rápido, nunca. Y tampoco quiero que me lastimen, pero estoy aquí contigo ahora mismo porque vale la pena el riesgo y porque no quiero buscar excusas para no estar contigo— Oh, no. Sus ojos brillan y esa fue a la parte que se aferró. —No busco excusas— Como no hay nada que pueda decir para hacerla cambiar de opinión, la miro fijamente y le hablo en voz baja, pero con firmeza. —Tonterías— Ella arqueo una ceja e inclino la cabeza. —¿Disculpa? — Y si tuviera que arruinarlo todo, lo haría a lo grande, porque Aston Bailey nunca hace nada a medias, por mucho que me rompa el corazón. —Lo que le pasó a tu amiga no te paso a ti y lo entiendo. Estas enfadada por ella, pero usarlo como una excusa para dejar de verme es una tontería— Me limpio las palmas de las manos. Nunca las había tenido tan sudorosas ni me había puesto tan nervioso por la reacción de una mujer. —Me iré si quieres, te llevaré a la casa de tu amigo y no tendremos que volver a hablar nunca más, pero no le hice daño a tu amiga. Espero que lo creas— Espero un segundo. —Todo lo que tienes que decir es que me vaya— Ella cierra los ojos y yo contuve la respiración hasta que dijo: —No quiero que te vayas— Y ninguna palabra en mi vida me había hecho tan feliz.
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