Chapter 4

1461 Palabras
Trev usaba sus sirenas y luces por la Autopista Calder, su velocidad estaba controlada debido a las malas condiciones atmosféricas. Cuando el incendio fue notificado por la alerta en su teléfono, lo único que quería era estar en casa. Estaba terminando con su papeleo después del juicio y tenía su maleta en el auto listo para regresar a Kingfisher Falls esta noche. Con toda la incertidumbre en cuanto a la duración del juicio, no le había dicho a su madre, ni siquiera a Charlie, que tal vez regresaría esa noche. Planifica llegar de puntillas a la casa, no en medio de una situación de pánico. Pánico controlado. Tomó la salida hacia Kingfisher Falls. Había sostenido una conversación de dos minutos con su madre quien le aseguró que estaba a salvo. Charlie no había respondido cuando la llamó, pero Rosie le dijo rápidamente que estaba observando la situación desde cierta distancia. El último reporte del despacho lo había alarmado. Habían encontrado un cuerpo en el incendio. Desde la cima de la colina eran obvias las consecuencias del incendio. El humo oscuro se cernía sobre el pueblo como en una escena de una película de terror. Las náuseas agitaron su estómago. Si nadie hubiera reportado el incendio, si los bomberos no lo hubieran controlado tan rápido, la librería podría estar envuelta en llamas en este momento. Y el apartamento de Charlotte en la parte de arriba solo tenía una puerta para entrar y salir. «Ya es hora de comprar una casa, Sibbritt. Piensa más en el futuro.» Trev maniobró por entre el tráfico atrapado por el cierre, avanzando por la acera con dos ruedas para avanzar. Detuvo la patrulla cerca de otra que estaba estacionada en mitad de la calle cerca del incendio. Había enviado un oficial hasta la librería para hacer regresar los autos que iban en esa dirección. Salió del auto hacia el sofocante hedor del humo y con los dedos fríos de la lluvia golpeando su cabeza, mientras sacaba su equipo personal contra la lluvia. Trev se lo colocó, ajustó la capucha y subió el cierre al frente. Lo ayudó un poco. —¡Trev! —Charlotte estaba bajo cubierta en la parte de afuera del café y corrió hacia ella. Estaba completamente empapada, con el cabello pegado contra su cabeza y con los ojos desorbitados. —Debes estar congelada. —La sostuvo entre sus brazos por un momento. Pero no lo suficiente para calentarla un poco y darle seguridad, pero al menos sabía que estaba bien. Retrocedió un paso, todavía tomándola de las manos. —Vuelve a casa de Mamá. Debes ponerte ropa seca. —No puedo. Si algo cambia… el viento, o algo. —Sus labios temblaban. —Charlie, todo estará bien. Voy a hablar con los muchachos y no me marcharé hasta que todo esté seguro. Eso incluye la librería y el apartamento. —Hay un cuerpo. Había alguien allí. —Nada está confirmado. —Escuché a alguien decirlo. Un bombero. —Un motivo más para volver a casa. Con Mamá. Y ella debe estar preocupada por los dos, por lo menos vuelve tú con ella. Por favor. —Está bien, me iré. —Apretó sus manos. —Pero ten cuidado, Trev. —Se acercó y le tocó los labios con los suyos, entonces partió corriendo en sentido contrario. Estaba asustada. Él miró hacia la tienda destruida. Esto era suficiente para asustar a cualquiera. Rosie insistió en que Charlotte tomara una ducha caliente antes de contarle nada. La recibió el agradable aroma del café y algo que se estaba horneando cuando salió del segundo baño, con el cabello envuelto en una toalla. Se había vestido con la ropa de trabajo del día siguiente ya que no tendría nada más, excepto su ropa de dormir, hasta que su otra ropa se secara, y con Lewis en la casa y Trev quien posiblemente regresaría luego, no caminaría por la casa con sus piyamas. Se detuvo cuando la impactó un pensamiento. Lewis levantó la mirada desde la cocina, donde usaba unas manoplas cerca del horno. —¿Qué sucede, cariño? —le preguntó. —Mmm… Trev podría regresar esta noche en algún momento. Sacaré mis cosas y dormiré en el sofá. Rosie apareció proveniente de la sala con Mellow en su regazo. —No harás tal cosa. Trev no nos dijo que vendría a casa esta noche, así que a él le tocará el sofá. —Además, —agregó Lewis mientras revisaba el horno. —Él podría pasar allá casi toda la noche. Los incendios son cosas muy feas. —¿Qué estás cocinando? Lo único que puedo oler es el café y ¡oh! Lewis sacó una bandeja con galletas de chips de chocolate. —Pensamos que tendrías frío así que el café nos pareció buena idea y las galletas van bien con el café. Varios minutos después, los tres se sentaron alrededor de la mesa de la sala con tazas humeantes y un plato con un montón de bocados deliciosos. Lewis pasó las servilletas y luego levantó el plato para ofrecerle a Rosie. Sus manos temblaban un poco y Charlotte le quitó el plato con una sonrisa. —Permíteme. Tú ya hiciste la parte difícil. —Se aseguró de que todos tuvieran galletas y luego tomó una y se sentó de nuevo. —Estás estresado. Él asintió. —Estoy muy preocupado. Cecil iría a la agencia para terminar un trabajo. Tuvimos una buena reunión y estaba seguro de que la casa se vendería rápido y por un monto mayor al que yo esperaba. —Lewis extendió su mano hacia Rosie y ella la tomó. —Dijo que pasaría mañana con el papeleo para la firma. —Es solo un rumor pero parece que había… bueno, un cuerpo, en el interior. Había tanto humo que era difícil de saber. —Charlotte sorbió un poco de café y su calidez la envolvió. El pobre Trev todavía estaba afuera expuesto a la lluvia. —Debí organizar eso para otra noche. Este clima está tan feo que él no debía haber salido. —Lewis sacudió la cabeza. Charlotte bajó su taza. —Esto no fue un accidente de tránsito. Es un incendio. Ahora bien, si hay un cuerpo dentro del edificio, nadie sabe de quién es. Culparte por algo fuera de tu control no ayuda a nadie. ¿No te parece? —Estaba consciente de su tono de voz. La voz de la Doctora Dean. Calmada pero firme. siLewis le ofreció una pequeña sonrisa. —Tienes razón, desde luego. Lo único que podemos hacer es esperar. —Y comer galletas. —Rosie mordió una. —Mmm. Mmm ciertamente. —Lewis, ¿me enseñarías a preparar estas galletas? Estoy intentando aumentar mi repertorio culinario. —Charlotte se resistió a comer otra galleta. —Hasta ahora he tomado clases con Doug sobre platos italianos y Lachie Forest me enseñó dos menús para el desayuno. Esta vez, la sonrisa de Lewis era amplia. —Ah. El joven emprendedor. Lachlan posee muchos talentos para alguien tan joven. Lachie tenía casi nueve años. Él y Charlotte compartían un chiste sobre un pequeño pino que ella había comprado a sus padres quienes eran los propietarios de la Granja de Árboles de Navidad. Cuando Abbie, su mamá, estuvo en el hospital para dar a luz a su hermanita menor, Lachie se había quedado con Charlotte. Y la semana pasada había pasado varias horas ayudándola en su jardín a cambio de algo de dinero, pero luego le dio varios consejos para el desayuno. —Lo hereda de su Papá, —dijo Rosie. —Darcy puede echarle mano a casi cualquier cosa y una vez que esas plántulas que tiene en su invernadero comiencen a crecer, podrá pagar su deuda rápidamente. Y eso al menos le quitará de encima a Jonas y a Terrance. Charlotte sabía que la herencia de la Granja de Árboles de Navidad había llegado con el peso de una enorme deuda, pero tenía toda su confianza en la joven pareja que se había adaptado para hacer que funcionara su nueva vida. —¿Terrance ya volvió al trabajo? Pensé que se mantendría aislado después del funeral de Kevin. —Creo que así es, —Rosie frunció el ceño. —Pero la ley no ha terminado todavía con él. Demasiadas preguntas sin respuestas de su parte en cuanto a la muerte de la pobre Violet. El ánimo decayó en la sala cuando cada uno pareció sumergirse en sus propios pensamientos sobre la joven que había amado a Terrance y había muerto a manos de su propio hermano. Un hermano que luego intentó lastimar a la hermana de Violet y a Charlotte antes de lanzarse por las cataratas. En Kingfisher Falls, muchas cosas pueden ocurrir en corto tiempo.
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