- ¿Estás bien? - su voz me sobresaltó. Se volteó de medio lado, con la cabeza apoyada en la palma de la mano. - Sí, estoy bien - respondí mirándolo un instante. - Bien - con un gesto delicado, apartó un mechón de cabello de mi frente - Necesito que hables conmigo, Amelia, que me dirijas. No puedo adivinar qué estás pensando - No entendí a qué se refería. Ante mi silencio, agregó: - Dime… ¿cuál es tu posición favorita? - Me encogí de hombros. - Debe haber alguna posición que te guste más, ¿no? La que te haga terminar más rápido o con más intensidad - Nunca nadie me había preguntado cuál era mi pose favorita. - Pues… no sé… lo usual… - Entonces… o no quieres decirme o los hombres con los que estuviste antes eran unos patanes - - Definitivamente no es lo primero… y no esto

