Con gusto me habría quedado en la casa para obligar a Fernando a cumplia su amenaza, pero luego de dos intensas sesiones de sexo en la piscina, me obligó a ponerme algo de ropa encima y fuimos en busca de un lugar para almorzar. En esa región no había muchos comercios y recorrimos un buen trecho hasta encontrar un pequeño restaurante al lado de la carretera. Sentía mucho apetito y di cuenta rápidamente de mi almuerzo. Luego de reposar un poco, volvimos al auto. Supuse que querría volver a la casa, pero él tomó otro rumbo. - ¿A dónde vamos? - - A un lugar que te agradará - Recorrimos unos diez kilómetros antes de que se desviara de la carretera por un camino apenas dibujado y sin asfaltar en medio de extensos campos llenos de vegetación. En un claro, había algunos vehículos esta

