Me sorprendió que en lugar de los besos y caricias de los últimos días, me llamara tan solo tocándome el hombro. - Amelia, levántate. El desayuno está listo. Vamos - Abrí los ojos perezosamente. Fernando estaba bañado, vestido y apenas esbozó una débil sonrisa. - Buenos días - dijo - Anda, vamos, el café se enfría - y sin aguardar mi respuesta, salió del dormitorio. Me incorporé algo confundida. Solo llevaba puesto el bikini, pues él realmente no me había permitido quitármelo. Miré el reloj. Eran las seis y treinta. A regañadientes me metí al baño y me di una ducha rápida. Busqué cualquier prenda para ponerme y me reuní con él en el comedor. Ya casi había acabado su desayuno y tomaba un poco de café. Miré con sorpresa el plato que aguardaba frente a mi sitio: eran tostadas fran

