El segundo aniversario de bodas de los de la Cruz se acercaba y Milena había experimentado algunos malestares que le hacían sospechar que su ansiado primogénito al fin había llegado.
No quiso comentarlo con nadie, excepto con su esposo, que recibió la noticia con gran alegría y - debía confesarlo - un poco de alivio.
- Debemos ir al médico - le dijo él mientras descansaban en la cama. Milena no dejaba de acariciar su vientre - Solo para asegurarnos que todo está bien -
- Creo que es muy pronto - dijo ella - Solo me he sentido mal por unos días -
- De todas formas - insistió Fernando - Me sentiría más tranquilo -
- Está bien, cariño. Como tú digas -
Sin embargo, las noticias que recibió la pareja no eran las esperadas. Milena no estaba embarazada.
Ella, que siempre había sido tan alegre y optimista, que siempre obtuvo todo lo que quería, se enfrentaba por primera vez en su vida a no poder hacer realidad lo que siempre había deseado.
-0-
- Departamento Legal, buenos días - dije sin apartar la mirada de la computadora.
- ¿Amelia? -
No reconocí la voz en la línea.
- Sí, ¿con quién hablo? -
- Amelia, es Fernando -
- ¿Fernando? ¿Qué sucede? ¿Le pasó algo a Milena? -
- Me temo que sí - había algo de ansiedad en su voz - Ella te necesita -
- ¿Está enferma? -
- Es algo más que eso. ¿Crees que podrías venir a casa hoy? Puedes pedir un taxi y lo pago… Iría a recogerte, pero no quiero dejarla sola -
- Fernando, me estás preocupando…
- Solo necesita de su amiga. No es que su vida peligre o algo así… Pero te necesita -
- Sí, sí, está bien. Iré en cuanto pueda. Trataré de salir más temprano -
- Te lo agradezco -
Terminé el reporte lo más rápido que pude y lo envié a mi jefe.
El señor Torres había sido muy agradable y comprensivo conmigo. En el tiempo que tenía trabajando para él no había faltado ni había pedido permiso alguno, así que no me pidió explicaciones y me permitió salir a mediodía.
Cuando tomé mis cosas vi el teléfono. Seis llamadas perdidas de un número desconocido. Debió ser Fernando y como no le respondí, llamó a la oficina.
Debía estar muy preocupado para localizarme con tanta insistencia. ¿Qué podría haber sucedido?
Tomé el taxi y le urgí a viajar lo más rápido posible. Cuando finalmente llegué, fue la mujer de servicio quien me abrió la puerta.
- ¿Y Milena? - pregunté sin más preámbulo.
- Está arriba, en su habitación - dijo con reservas - El señor me dijo que la esperaba por la tarde, pero pase, por favor -
Subí rápidamente y llamé a la puerta del dormitorio principal. Fue Fernando quien abrió la puerta y me miró con sorpresa.
- ¡Amelia! No te esperaba tan pronto -
- Pedí permiso en el trabajo - expliqué rápidamente. En realidad, en ese momento solo quería saber qué le pasaba a mi amiga.
- Pasa - dijo él - Las dejaré para que hablen - agregó y salió de la habitación.
Me quedé ahí, de pie, algo desconcertada, pero me rehíce y fui con ella.
Estaba acostada en la cama y era evidente que había llorado por mucho tiempo. Tenía los ojos hinchados y el rostro empapado en lágrimas. Al tocarla, estaba cubierta por un sudor frío.
- Milena, amiga… ¿qué te pasa? - le susurré, no muy segura de qué debía hacer.
Al escuchar mi voz se incorporó rápidamente y me abrazó. Comenzó a sollozar.
- Milena, por favor… dime qué te pasa -
- No puedo… - era difícil comprenderla.
La dejé que se desahogara y cuando se tranquilizó un poco, hice que me mirara.
- Me preocupas -
- ¡Oh, linda! Es demasiado para mí… Es demasiado… Fui al médico… creí que estaba embarazada, pero no - cerró los ojos y las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos - Amelia… han pasado dos años… más de dos años…
- ¡Oh, Milena! - la abracé con ternura - Tal vez es muy pronto para que el médico lo sepa -
- No. Él estaba muy seguro. Me hicieron exámenes para saber a qué se debían mis malestares, pero me aseguró que no era un embarazo -
- Milena, no importa… Ya llegará el momento, ¿sí? No debes presionarte. Solo debes esperar y confiar. Eres una mujer joven y sana - traté de sonreírle - No te pongas así -
- Estaba tan ilusionada… Era justo la noticia que esperaba para nuestro aniversario. Sabía que Fernando lo esperaba también… Lo he decepcionado, linda. Le he fallado -
- ¡Oh, no digas tonterías! Fernando te ama, te adora y el solo hecho que seas su esposa es suficiente para él -
- Yo sé que él desea ser padre tanto como yo… Quería darle eso… Es importante para nosotros -
- Lo sé, lo sé. Pero no debes desesperarte. Ustedes apenas llevan casados dos años. ¡Es tan poco tiempo! Y tienen muchos años por delante... No hay prisa, amiga -
Ella se quedó abrazada a mí, como una niña pequeña.
Solo nos interrumpió un leve golpe a la puerta. Era la mujer de servicio que cargaba una bandeja.
- Tal vez la señora quiera comer algo - explicó con timidez.
- No tengo apetito - dijo Milena.
- Vamos, debes comer algo. No puedes enfermar - hice un gesto a la mujer para que se acercara y ayudé a Milena a sentarse.
- ¿Quiere que le traiga algo de comer, señorita Amelia? -
- No. Estoy bien, gracias -
Me aseguré que almorzara y luego, cansada por el llanto, se fue quedando dormida.
Permanecí a su lado, acariciando su hermoso cabello n***o como si fuera una niña pequeña.
La puerta se abrió y Fernando miró la escena, algo desconcertado. Me incorporé con cuidado y fui con él.
- Está dormida - susurré - Pero ya almorzó y hablamos -
Asintió.
- Gracias, Amelia. Ven, acompáñame al comedor, debes tener apetito -
- No, no. Estoy bien -
- Por favor, acompáñame. Yo no he almorzado tampoco -
No quise insistir y fui con él.
En cuanto la mujer de servicio se retiró, Fernando se volvió a mí y colocó su mano sobre la mía.
- Gracias - dijo y sentí su mirada fija en mí - Ahora comprendo por qué Milena te quiere tanto. Sabes decir las palabras correctas en el momento adecuado -
Me sentí algo turbada.
- ¿Nos escuchaste? -
- Sí, lo siento. Solo quería asegurarme… - no acabó la frase y bebió agua rápidamente.
- Puedes hablar conmigo, Fernando. Sé que esto también es difícil para ti -
- Jamás la había visto así - respondió sin darme la cara - No sabía qué hacer o qué decir. Cuando traté de tranquilizarla, solo logré lo contrario -
- Está muy angustiada y no piensa con claridad… pero estoy segura que no es nada grave… Es solo cuestión de tiempo para que tengan un bebé -
- Eso es lo que quiero pensar… De todas formas, nos haremos unas pruebas para ver si hay algo mal con nosotros -
- Ella dijo que experimentó malestares -
- Sí. Náuseas, somnolencia, algo de debilidad… por eso creyó que estaba embarazada -
- ¿Y qué dijo el médico? Si no está embarazada, ¿qué puede ser? -
- Posiblemente un virus -
Continuamos comiendo en silencio.
- Perdona… ¿puedo preguntar algo? -
- Claro - parecía sorprendido.
- ¿Tenías algo planeado para su aniversario? -
Él tardó en responder.
- Si te soy muy honesto… no en realidad. Pensé que podríamos ir a cenar, pero no he planeado nada -
- Bueno… quizás deberías pensar en algo especial para ambos -
Me miró con curiosidad.
- ¿Alguna sugerencia? -
- Tal vez pasar un par de días en un lugar bonito. Ustedes son deportistas, les gusta las actividades al aire libre… Tal vez necesitan un tiempo juntos, pero solo para disfrutar de su compañía, consentirse un poco… olvidarse de las preocupaciones. No hablar de bebés, solo relajarse -
- Me sorprendes, Amelia - dijo él y su tono era sincero.
- Veo mucha televisión - respondí tratando de bromear.
- No, no creo que sea eso. Pero es un gran consejo, te lo agradezco. Tenemos un par de semanas para que Milena se recupere y yo pueda organizar una escapada - parecía hablar consigo mismo - Sé que a ella le agradará -
Me sobresalté cuando tomó de nuevo mi mano.
- Gracias - recalcó la palabra - Estoy en deuda contigo -
- En lo absoluto. Sabes que amo a Milena como una hermana y tú eres un buen amigo -
- ¿Lo soy? -
No pude responder.
- Me alegra que lo digas - agregó - Creí que no te agradaba -
- ¿Qué? ¿Por qué…? ¿Por qué dices eso? -
- No lo sé. Solo lo sentía así -
Me hundí en la silla, avergonzada. ¡Siempre era tan torpe frente a él!
En cuanto acabamos el almuerzo, volví con mi amiga.
Cuando despertó, estaba más tranquila. Tal vez lo único que necesitaba era que la mimaran un poco
Empezaba a atardecer y preferí irme y dejar a los esposos solos. Tomé mi teléfono para llamar un taxi, cuando Fernando se acercó con paso rápido.
- ¿Qué haces? -
- Me voy ya. Milena está más tranquila y ustedes necesitan tiempo a solas -
- No creo que sea una buena idea -
- Yo creo que sí. No tienen que hablar. Solo te necesita a su lado -
- Quizás deba llevarte… Es lo menos que puedo hacer -
- No, no. Ya te dije: quédate con ella. Mi taxi vendrá en un momento -
- ¡Taxi! - me miró algo apenado - Te dije que lo pagaría. Dime cuánto es -
- Olvídalo, no es nada -
- Un taxi desde la ciudad hasta aquí debe cobrar mucho dinero. Dime cuánto es, Amelia -
- No hace falta -
- Pero…
- No discutas, por favor - le interrumpí rápidamente - Me ofendes -
Hizo un gesto con las manos.
- Está bien. Lo discutiremos en otro momento -
El taxi demoró algunos minutos. Yo me paseaba por el vestíbulo y él se quedó allí, sentado en la sala.
Pensé en decirle que subiera con Milena, pero ese día ya había hablado demasiado y pensé que no debía cruzar esa línea con él.
- Escríbeme si pasa algo - dije antes de retirarme - …o si Milena me necesita -