Casi no dormí. Temía que algo le pasara a la niña sin que yo me diera cuenta. A cada momento me aseguraba que estuviera respirando y que no tuviera frío. Y cuando ya comenzaba a vencerme el sueño, Jimena despertaba y demandaba su alimento. La mañana fue ajetreada. Muy temprano la enfermera llegó para asear a la niña y el médico hizo mi chequeo. Poco después, el abogado de la familia se presentó para hacer la inscripción de Jimena. Estaba alimentándola cuando la enfermera me avisó que los de la Cruz habían llegado. - ¿Puede decirle a la señora de la Cruz que pase? - - ¿Solo ella? - - Sí, solo ella, mientras la niña acaba - - Sí, por supuesto - - ¡Oh, te ves muy bien! Eres increíble, linda - dijo Milena con una sonrisa mientras entraba con pasos rápidos - Eres la primera mujer q

