Esa mañana, el desayuno fue muy silencioso. Incluso Marta nos observaba con algo de extrañeza. Finalmente, Milena dejó caer el cubierto y señalándome, dijo: - No lo entiendo, linda, de verdad no lo entiendo - La miré con grandes ojos. - ¿De qué hablas? - - ¿Por qué confabulas con Fernando contra mí? - Él también se sorprendió. - ¿Confabular? ¡Milena! ¿Qué tonterías dices? - - Lo enviaste a hablar conmigo, ¿no es así? Quieres irte… ¿Por qué quieres irte? - se volvió a su esposo - ¿Y tú por qué no me apoyas? - - Milena, tranquilízate, por favor - le dije - Es cierto, le pedí a Fernando su ayuda, pero mira cómo te pones. Yo tampoco entiendo por qué te molestas tanto… Era lo que habíamos acordado, ¿no? He permanecido aquí el tiempo suficiente… No puedo quedarme a vivir aquí par

