NARRA NOAH Cuando las caracolas dejan de sonar, le siguen una tanda de aplausos y vituperios provenientes del grupo de invitados que demuestran su felicidad por nuestra unión de amor Kai sonríe en mi boca y alza los brazos en puño, como demostrando que ha alcanzado un gran logro. Su risa se me contagia. Mis manos se aferran a la parte de atrás de su cabeza y lleno su rostro de muchos besos. Él me imita y, entre cientos de besos que reparte por mi rostro, cabeza y cuello, me repite una y otra vez lo mucho que me ama. «¡Dios mío! Se puede explotar de tanta felicidad» Me siento llena, plena, feliz y desearía inmortalizar este momento. Que nunca se termine. Que se convierta en un bucle temporal, que nos mantenga viviendo este mismo una y otra vez. Todo es felicidad absoluta, hasta que esa

