Me abrazó con fuerza, despidiéndose. Estaba lista para irme y partíamos en diez minutos. Habíamos decidido montar una pequeña fiesta en casa por la noche, al volver. Nada que ver con la otra. Algo más privado, con tan sólo algunos conocidos. Además, pasaría el día fuera con Kai y luego estaríamos los cuatro juntos. El plan me hacía sonreír de manera estúpidamente agradable.
Todavía, de nuevo, me sorprendía lo mucho que todo había cambiado entre nosotros en cuestión de una semana. Quién iba a decirme a mí que acabaría llevándome bien con el arrogante amigo de mi hermano e incluso desearía que algo más sucediera.
—Esta tiene que ser la buena —Allison me sonrió sosteniéndome por los hombros.
—No entiendo por qué estás tan emocionada.
—Apenas has tenido citas desde que te conozco y Kai no es mal tío. Empiezo a creer que si era así contigo era porque le gustabas. Además, nunca te había visto así con nadie —puntualizó.
Era cierto, todo. No había dedicado mucho de mi tiempo a los hombres. Supongo que era debido a que había dedicado prácticamente mi vida a mi carrera y tras lo de mis padres, perdí todavía más interés. Alguna que otra cita, alguna que otra salida, pero nunca superando la barrera de los sentimientos.
—Ojalá estés en lo cierto —exhalé—. Aunque me incomoda un poco por Elliot —hice una mueca.
—De Elliot me encargo yo —dijo abriendo todavía un poco más sus ojos, alzando ambas cejas.
—Estoy nerviosa —mordí labio, todavía con la mueca de inseguridad dibujada en mi rostro—. ¿Y si no le gusto? ¿Y si termino lanzándome y me rechaza?¿Y si al final es tan sólo un juego?
Alzó su mano, deteniéndome, sabiendo que arrancaba a preguntas y no paraba; dándole mil vueltas a todo.
—Seguro que va bien. Por lo que me has contado, no es que precisamente pase de ti —alzó una ceja sugerente. Suspiré, intentando aceptar sus palabras. Me abrazó de nuevo—. Te veo esta noche —canturreó.
Nos separamos, regalándonos una última sonrisa y me despedí.
Estuve media mañana decidiendo qué ponerme. Estaba tan nerviosa que no sabía por qué decidirme. Así que lo más seguro y cómodo era un clásico sencillo que nunca pasaba de moda: Vestido veraniego floral.
—¿Lista? —dijo Kai cuando me vio llegar al salón. Juré haber visto el fantasma de una sonrisa en su rostro.
Asentí y ambos fuimos hasta el garaje par coger un coche.
Apenas hablamos durante el trayecto en coche aunque en cierta parte, lo agradecí. Estaba bastante nerviosa y hasta que no pasó un buen rato, no conseguí calmarme con totalidad. Cuando quise darme cuenta, vi que estábamos conduciendo hacia los Los Ángeles.
—¿A dónde vamos? —pregunté mirándole.
El sonrió sin apartar la vista de la carretera.
—Cerca de Beverly Hills, vamos a ver a un amigo —de nuevo esa sonrisa tan Kai. Esa de "yo controlo la situación y me encanta".
Él continuó conduciendo sin hablar más y yo, sin cuestionarle. Siempre era una caja de sorpresas, un enigma con patas. Al poco rato, llegamos a donde él había dicho, pero al ver dónde nos deteníamos con exactitud, me sorprendí. No podía creerlo, incluso no entendiendo nada en absoluto.
—Kai, ¿Qué hacemos aquí? —pregunté. Estábamos en una escuela de moda, una de las mejores y en la cual me habían rechazado previamente.
—Impaciente —respondió burlón mientras salíamos del coche—. Vamos.
Atravesamos la calle, llegando a la escuela y entramos en ella. Nunca había estado. Había visto el interior en fotos pero no llegué a entrar nunca, ya que era bastante exclusiva. Esta era una de las primeras escuelas en las que solicité plaza y no hubo suerte. No era de extrañar, el dueño era uno de los mejores diseñadores de Los Ángeles; reconocido mundialmente.
Así como avanzamos, un hombre algo extravagante venía a paso firme hacia nosotros. Mi expresión cambió de nuevo, parecía haber visto un fantasma. Era él, el diseñador. ¡Era él! Nada de esto podía ser real. Parecía estar soñando.
—¡Kai, querido! —saludó al llegar y le dio dos besos en las mejillas.
¿Qué?
—Dominic —le saludó Kai—. Te presento a Georgina, la chica de la que te hablé el otro día.
¿Qué?
—¡Oh, Georgina! —exclamó y sin previo aviso me dio dos besos en la mejilla también. Me quedé totalmente paralizada—. Kai ha hablado maravillas de ti —acarició mi cabello mientras me observaba, como si me analizara—. Y eres tan guapa como me había dicho él —sonrió picarón.
Lancé una mirada rápida a Kai y él parecía intentar esconder su sonrisa.
—Gracias, supongo —respondí, todavía sin saber cómo manejar la situación.
—Y además, modesta —opinó con una sonrisa, mirándole a él—. Kai me contó sobre tus planes, lo que haces y de lo bien que se te da. Siento lo de la solicitud, nuestro antiguo socio era muy... —rodó los ojos—. Exquisito. Causó demasiados problemas en un tiempo récord. No vuelvo a dejar a nadie a cargo. Le despedí la semana pasada.
—Oh, bueno... —¿Qué le digo?
—Bueno, os dejaré un rato para que habléis. Así aprovecho y hago algunos recados —nos informó Kai. Posó su mano en mi cintura por un instante. Se me paró el corazón por un segundo al sentirle, ahogando un pequeño jadeo—. Te veo luego —me sonrió.
Dominic y yo le observamos alejarse. Mi corazón se achicó ligeramente al verle partir, pero a la vez no podía esconder la emoción que todo esto me proporcionaba. Esta era la escuela de la que Kai había hablado, todavía parecía imposible. Era una de las más prestigiosas del mundo, ¿Cómo era capaz Kai de conocer todo esto?
—Bueno, ¡Manos a la obra! —anunció Dominic, dando una sonora palmada.
En menos de un segundo, él y yo empezamos a pasear por la escuela de moda. Me enseñó cada rincón de ésta mientras me bombardeaba a preguntas sobre mí. Al principio, Dominic me intimidaba un poco pero a medida que fuimos hablando, le cogí confianza y pude soltarme con él. Era un hombre extravagante, gracioso y, por supuesto, con muy buen gusto. Como Kai había comentado, podría ir de San Diego a Los Ángeles a mi antojo, ya que tenía una escuela en cada sitio y Dominic solía ir y venir al menos una vez al mes.
Todavía no podía creerme que fuera a trabajar para él. ¿Cómo conocía Kai a un diseñador tan destacado? Amigo, había mencionado que eran grandes amigos, pero, ¿Cómo? Nada tenía sentido en lo que se refiere a la vida de Kai. ¿Era promotor en el mundo de la moda? Tenía que sacarle algo de información ya.
Tras hablar sobre mis planes, conocerme, recorrer la escuela y mostrarme algunos avances en exclusiva, me invitó a tomar un café mientras deambulábamos por el lugar.
—Es una maravilla poder acudir a esta escuela. Si no fuera por Kai no habría entrado nunca.
—Es un hombre muy bueno. Y guapo —insinuó alzando una ceja, mirándome. Yo solté una pequeña risa—. ¿Estáis...? —preguntó moviendo su dedo.
—¡No! Quiero decir, somos amigos. Nada más.
—A mí no me lo parece. Detecto cuando hay química entre dos personas y estoy casi seguro de que él no te ve como una amiga.
No dije nada. No sabía qué responder a ese comentario aunque, seguramente, el rubor de mis mejillas lo decía todo.
—Hablando del rey de Roma —dijo echando un vistazo a lo lejos.
Me giré y entonces, le vi. Había vuelto. Una sonrisa creció en mi rostro, imposible de evitar. Dominic me dio un ligero codazo, notándolo. Le lancé una mala mirada, pasando la lengua por el filo de mis dientes.
—¿Cómo ha ido? —preguntó al llegar hasta nosotros.
—¡Magnífico! —exclamó Dominic agitando sus manos—. Es todo un encanto, tienes mucha suerte.
—Lo sé.
¿Qué?
—Tiene mucho talento, estoy deseando que empiece a trabajar con nosotros. Podrías llegar muy lejos —dijo aquello último hacia mí.
—Eso espero —respondí en un suspiro—. Me gusta lo que hago.
Los tres charlamos unos minutos más, despidiéndonos y organizando mi siguiente cita con él al final del verano. Madre mía, ¡Iba a trabajar con Dominic Mancini!
Al darnos cuenta de la hora nos despedimos por última vez y partimos. Salimos y en vez de coger el coche, anduvimos por las calles.
—¿A dónde vamos ahora?
—A comer, por supuesto —dijo con una amplia sonrisa, mirándome un instante mientras andaba dando grandes zancadas. Parecía extrañamente contento, aunque eso me gustaba. Era ciertamente contagiosa su alegría.
A los diez minutos de andar, entramos en un restaurante. El metre nos acompañó hasta una mesa vacía y nos sentamos en ella. Nos dio unas cartas y Kai pidió una botella de vino para los dos.
—¿Sabes? Me hubiera conformado con ir a una Hamburguesería, no hacía falta venir a un sitio tan caro —expliqué, sabiendo que no era para nada un sitio precisamente barato.
—Bueno, puedo permitírmelo. Además, quería invitarte a una buena comida —dijo aquello último encogiéndose de hombros pero con esa sonrisa suya que todavía trataba de descifrar.
—¿Por qué me ayudaste con lo de la escuela, Kai? —pregunté inclinándome un poco hacia él sobre la mesa, curiosa.
—Porque podía. Y quería —respondió simplón, leyendo el menú.
—Claro, como al señorito le sale el dinero por las orejas... —solté y el rió por mi comentario, llevando su atención hacia mí.
—No es eso —se revolvió en su asiento. Parecía incómodo por un momento, inseguro—. Yo... haría cualquier cosa por ti.
—¿Por qué?
—¿Por qué no? —respondió esta vez burlón, haciendo más complicado todavía entender su actitud.
—Eres imposible —resoplé moviendo mi cabeza, causándole otra pequeña risa.
—Además, así podré verte más a menudo —alzó una ceja mientras tomaba su copa y dio un trago al vino.
—En eso no había pensado. ¿Tener que aguantarte más de lo normal? Uf, no.
—Sé que disfrutas de mi compañía, Davies —dijo en tono divertido, sonriendo de lado.
—No —negué con una mueca—. Tan sólo he aprendido a... Soportarte —alcé mi copa y di yo esta vez un trago al vino.
Kai ahogó una risa.
—Bueno, cuéntame más, ¿Qué te ha dicho Dominic?
Y con eso, empezamos a hablar sobre Dominic, la escuela de moda y todo lo que habíamos estado discutiendo él y yo. Kai me escuchaba atento, me daba sus opiniones y debatíamos sobre varias cosas, opiniones y opciones. Descubrí que sabía sobre moda más de lo que parecía, incluso dejándome sin habla. Era realmente un chico inteligente, culto. Tenía conocimientos prácticamente de cualquier tema que pudieras mencionar. De nuevo, me repateaba tener que darle la razón. Cuanto más le conocía, más me gustaba. Empezaba a ser frustrante.
Comimos y charlamos hasta terminarnos la botella de vino. Pagamos y salimos del restaurante. Al parecer, cómo no, Kai tenía una casa por la zona y decidimos ir allí a descansar un poco para no coger el coche todavía con el vino en el cuerpo. Apenas quedaban unas horas para que acabara el día y por el momento, mi intento por hacer que suceda algo entre nosotros había sido nefasto. Aún así, no podía negar el magnífico día que había pasado junto él. Después de conocerle mejor, todo aquello que creía sobre él, se había desvanecido por completo. No era en absoluto lo que yo creía.
—Es preciosa Kai —comenté, repasando con la mirada el interior de la casa—. Me gusta mucho más que la de Santa Bárbara. Ésta es más clásica.
—Podrías usarla cuando estés aquí. Si quieres, claro.
—¿Qué? —me giré hacia él—. No, no puedo. Eso ya sería demasiado. Ya has hecho mucho consiguiéndome esa oportunidad con la escuela, algo que no era necesario —remarqué.
—Bueno, sólo es una idea —anduvo hacia el sofá del salón—. Piénsalo.
—Ya veremos —dije sentándome a su lado, lanzándole una mirada algo desafiante.
Nos miramos durante unos segundos sin hablar. Yo no podía pensar en otra cosa que lanzarme, pero ¿Cómo? Y todavía tenía miedo de que me rechazara.
Aún me hacía a la idea de cuánto había cambiado nuestra relación. Hace menos de un mes, odiaba al chico que tenía frente a mí y ahora me derretía a la mínima que él se acercaba demasiado. Él era distinto; era amable, simpático... seguía sacándome de quicio pero ahora era diferente. Me gustaba que lo hiciera.
—Gin —dijo inclinándose hacia mí, acercándose.
—¿Mmm? —mis ojos se desviaron a sus labios, perdiéndome en ellos.
—Te estás mordiendo el labio.
Parpadeé varias veces, volviendo a la realidad, como si me hubieran dado un bofetón, y solté mi labio inferior. No me había dado cuenta de que lo estaba haciendo. Qué estúpida me sentía.
Él llevó su mano hacia mi rostro, apartando un mechón de pelo de mi rostro y poniéndolo tras mi oreja. Al hacerlo, tomé aire, conteniéndolo. Sentir de nuevo su tacto me hizo sentir de nuevo aquél cosquilleo en el estómago. Acariciaba mi rostro con la yema de su dedo pulgar y sentía que el corazón iba a salirme del pecho.
Era el momento, tenia que serlo. Él se inclinó lentamente hacia mí y mis ojos empezaron a cerrarse, esperando aquello que tanto había deseado.
El ruido de mi teléfono me devolvió a la realidad de otro bofetón. Él se separó mirando hacia donde provenía el ruido así como yo cerré con fuerza los ojos, maldiciendo a quien fuera que estuviera llamándome en ese momento. Ya puede ser importante.
Carraspeé y bajé la mirada a mi bolsa. La abrí y cogí el teléfono. Era Allison. Voy a matarla. Descolgué el teléfono.
"¿Qué pasa Allison?" Dije nada más descolgar. Mi tono sonó demasiado molesto.
"Llevamos un rato llamando a Kai pero no respondía. ¿He interrumpido algo?" Dijo aquello último en voz baja. Seguramente para que Elliot no lo escuchara.
Lancé una mirada rápida a Kai que estaba mirándome atento "Algo así. No importa. Dime, ¿Qué pasa?"
"La alarma de la casa ha saltado. No hay nadie ni se han llevado nada, debe haber sido por error o algo. No podemos apagarla, lleva sonando una hora" Explicó ella.
"Espera, te paso a Kai" Respondí y le tendí el teléfono.
Kai cogió el teléfono y empezó a hablar con Allison. Mientras hablaba, él iba asintiendo con la cabeza y yo trataba de seguir la conversación que mantenían. Un par de minutos después, él colgó y me devolvió el teléfono.
—Hay que volver —dijo él, alzándose del sofá en un resoplo.
No pude evitar rodar los ojos al escuchar aquello, llena de frustración.
—Está bien —respondí sin afán, levantándome también.
Partimos de vuelta a Santa Bárbara mientras hablaba con Allison por mensaje, contándole lo que había casi sucedido. Y de nuevo, como ya ocurrió la otra vez, él y yo no hablamos en absoluto. Como si ahora nos avergonzara lo que casi pasa entre nosotros. ¿Y si era una señal? Quizá el destino estaba diciéndome que no debía suceder.
La hora de trayecto pasó afortunadamente rápida y por fin llegamos a casa. Entramos y pudimos oír la alarma retumbar por toda la casa de manera estruendosa. Kai fue hacia la alarma para tratar de detenerla mientras yo visualicé a Allison a lo lejos. Le lancé una señal de "te voy a matar".
━━━━━━━━━※━━━━━━━━━
—Ya verás, esta noche es la buena —dijo Allison mientras me arreglaba el vestido que llevaba puesto. También dio un repaso a mi pelo.
Yo bufé.
—Me siento como una quinceañera intentando impresionar al chico que le gusta —rodé los ojos ante el pensamiento.
Alzó una copas que nos había preparado para ir calentando y me tendió una.
—Esta es tu noche, ¿Lista? —preguntó.
Negué y al segundo asentí, insegura. Di un gran trago a mi copa.
—Voy a necesitar algunas más.
Me dirigí una vez más al espejo para observarme. Me había puesto un vestido ibicenco, corto y ancho, con la espalda descubierta y era agarrado al cuello. Me hice algunas ondas en el pelo y me maquillé apenas un poco.
¡Yo, intentando impresionar a un chico!
Quién me viera...
Media hora más tarde bajamos para unirnos a la fiesta y fuimos en busca de los chicos. Era algo más privada que la anterior, pero aún así, la casa estaba repleta de gente. La música era algo más tranquila, no tan animada. Todos parecían estar estratégicamente esparcidos por la casa, hablando unos con otros. Tras una pequeña búsqueda, visualizamos a los chicos en el salón, en el sofá hablando con alguien. A medida que nos acercamos, oímos que hablaban sobre trabajo. Al darse cuenta de nuestra presencia, cortaron por un segundo la conversación, recibiéndonos.
Y cómo no, sus ojos volvieron a mirarme de aquella manera. Bajé la cabeza con algo de timidez, habiendo notado el cumplido mental que acababa de lanzarme con tan sólo la mirada. Allison saludó a mi hermano y se posó sobre su regazo. Yo tomé asiento junto al chico moreno y Kai. Rápidamente reanudaron la charla. Al parecer, sobre el tan misterioso proyecto de San Diego, hablando de alguna especie de lanzamiento. Allison y yo intentábamos seguir la conversación, pero resultaba casi imposible.
Las horas pasaban y nada había conseguido. Habíamos decidido tras una hora con ellos, divertirnos un poco por nuestra cuenta. Habíamos estado bebiendo y conociendo a algunas personas. Para entonces, Kai estaba ocupado saludando a todo el mundo.
En un momento en el que ella se fue con Elliot a bailar, le busqué con la mirada y mis ojos le encontraron segundos más tarde. Mi rostro cambió al ver aquella imagen, mi sonrisa decayendo al instante. Tenía a una chica colgada de su brazo, acariciándole y él le sonreía ampliamente. La chica era guapísima y eso me dio una punzada en el pecho, sintiendo envidia. Les observé y vi que hablaban, se decían cosas al oído y ambos reían. Al ver aquello sentí que la sangre me hervía. Vale, era oficial. Estaba celosa.
Yo jamás había sentido celos, ¿Por qué ahora?
Sus ojos encontraron los míos y él me sonrió. Le di un trago a mi copa, terminándola y le lancé una mirada de desprecio sin poder contenerme. ¿Por qué Geo? Tan sólo estaban hablando, boba. Me di media vuelta y me desaparecí deambulando por la casa. Ahora más que nunca, quería emborracharme, así que, así lo hice.
Había hablado con algunas personas, esquivando por completo a Kai en cada uno de sus intentos por acercarse a mí. Allison seguía con Elliot y habían desaparecido. Seguramente estarían en algún cuarto metidos o algo, así que estaba pasándolo bien yo sola. Me dirigí hacia la cocina para servirme otra copa y una voz, la suya, me sacó de mis pensamientos.
—Por fin te pillo —dijo él colocándose a mi lado—. ¿Otra más? ¿Es que quieres que vuelva a llevarte en brazos a la cama?
—Si necesito que me lleven, se lo pediré a otra persona de los presentes, no a ti —espeté, girando mi rostro hacia él con molestia clara. Di un trago largo a la copa que acababa de prepararme sin perder el contacto visual.
—Uau, ¿Qué ha pasado? —preguntó confuso, frunciendo el ceño.
—Nada —respondí encogiéndome de hombros—. Simplemente preferiría que me llevara cualquier otro antes que tú —el alcohol hacia que soltara las cosas sin pensar.
—¿He hecho algo mal? —se inclinó hacia mí.
—En absoluto. Vete por ahí a seguir ligando y déjame seguir con la fiesta —sonreí falsamente.
—Eso intento —dijo con tono divertido, con una sonrisa de lado.
—Conmigo no. ¿Por qué no pruebas con esa morena despampanante de antes? Parecía que ya la tenías en el bote —solté y me di media vuelta para irme.
Antes de que pudiera hacerlo, él me cogió de la muñeca y tiró levemente de mi.
—¿Son celos eso que veo? —sugirió, regocijándose incluso.
Imbécil.
—¿Celos? Pffff —solté una risa ahogada—. No me hagas reír.
—Pues a mí me han parecido celos —añadió enarcando una ceja.
Me acerqué hasta él frunciendo el ceño.
—Yo. No. Estoy. Celosa —remarqué, dando toques en su pecho con mi dedo en cada palabra.
Él atrapó mi mano, causando que de nuevo su tacto erizara mi piel. Tomé aire, conteniéndolo. Sus ojos parecían ver a través de mí, completamente clavados en los míos. De nuevo todo parecía haberse desvanecido a mi alrededor.
—No deberías —dijo en un tono algo distinto, con la voz más ronca, a medida que se inclinaba peligrosamente a mí.
Cerré por un instante los ojos, tomando aire. El me miró ladeando un poco la cabeza, como si esperara algo. Supe lo que quería. Lo mismo que yo deseaba, pero de nuevo el ataque anterior de celos manejó la situación.
—Adiós, Kai —dije secamente así como rodé los ojos y me fui de la cocina.
Para entonces iba algo bebida aunque no como la otra noche. Todavía me mantenía en pie y tenía control sobre mi misma. Kai venía detrás de mí, llamándome, pero yo le ignoraba. Aceleré mi paso, haciendo difícil que me alcanzara y conseguí dejarlo algo atrás. Avancé hasta llegar a mi habitación y me encerré en el baño. Tras refrescarme, volví a la habitación. Me asusté nada más salir, llevándome la mano al pecho al ver a alguien ahí.
—¡Joder! —anduve hacia él—. Eres pesado, ¿No te he dicho ya que me dejes?
—¿Por qué estás molesta conmigo? —preguntó acercándose a mí.
—No lo estoy —respondí acercándome yo también.
—Sí.
—Que no.
—Que sí.
—Que no.
—Que s...
Le callé. Mis brazos lo rodearon por el cuello y me abalancé sobre sus labios con todo el afán de estos días pasados. Él se tensó un instante pero rápidamente se relajó. Posó sus manos en mi cintura, atrayéndome hacia él. Lo que sentí en ese momento no tenía palabras. Había deseado hacer esto prácticamente desde que llegué a esta casa. Sus labios eran suaves y carnosos como se veían. Y lo mejor, sabían de maravilla.
Un pequeño jadeo se escapó de mi boca entre aquél beso, completamente perdida en éste. Al separarse nuestros labios, nuestras miradas se cruzaron un instante de una manera ardiente. Nuestros labios se encontraron una vez más, ansiosos, sin vuelta atrás. Kai me hizo ir hacia atrás, llegando a la cama y dejándonos caer sobre ella sin dejar de besarnos de manera hambrienta.
Le deseaba en ese momento sin importar nada más en absoluto. Ya no podía frenarme. Nuestras manos quitaban la ropa del otro ávidamente. Volvió a mis labios todavía con más afán, completamente atrapados en aquello que estaba a punto de suceder.