CAPÍTULO TRECE

2014 Palabras
Desperté y sonreí nada más abrir los ojos al verle ahí. Junto a mí, al otro lado de la cama. Llevé mi mano hacia su rostro, acariciándolo suavemente con la yema de mis dedos mientras le observé dormir. Parecía estar en el cielo, llevaba una sonrisa en su rostro. Al poco tiempo de acariciarle, él gruñó y se movió un poco, haciendo que me detuviera. Segundos después abrió los ojos, encontrando los míos y sonrió. —Buenos días —musité. —Despertar contigo es una maravilla —dijo y su brazo me agarró por la cintura atrayéndome a él para besarme. Sonreí de nuevo entre aquél beso. —Alguien está de buen humor. —Tengo a la chica más bonita del mundo en mi cama, ¿Qué más puedo pedir?  Y con eso, volví a sus labios, besándolo una vez más. —Voy a ducharme, ahora vengo —dejé un último beso en sus labios y me levanté de la cama. Me saqué la camiseta que llevaba para dormir, quedando desnuda frente a él y me giré un poco para verle. Él me miraba—. O puedes venir y ducharte conmigo —añadí juguetona. Él se levantó rápidamente sin dudarlo, yendo hacia mí y atrapándome entre sus brazos mientras andábamos los dos juntos hacia el baño para irnos a la ducha.                                                               ━━━━━━━━━※━━━━━━━━━ —¡Buenos días! —saludé contenta al llegar a la cocina y ver a Allison y Elliot allí.  Me fui a servir un café. —¿Y tanta felicidad? —preguntó ella. —¿No puedo estar feliz? —cuestioné girándome hacia ella y dando un sorbo de mi taza. Su cara lo dijo todo. Sabía que ella lo sabía, pero Elliot estaba delante y no podíamos hablar sobre ello—. ¿Qué haremos hoy? —pregunté mientras me sentaba en uno de los taburetes. —La verdad no habíamos decidido nada. —Pero te vas pasado mañana, hay que hacer algo —hice puchero. —Lo sé, no me lo recuerdes. Si no fuera porque tengo que ir a ver a la familia, me quedaba —rodó los ojos. —Hay una feria no muy lejos, podríamos ir —dijo Elliot—. Y sé que encantan —añadió inclinándose hacia Allison. Ambos se sonrieron y se dieron un beso. Hice una mueca tierna al verlos. Vaya, yo toda una romántica. Desconocía esta faceta mía. —Decidido, vamos a la feria —sentenció ella y me miró a mí—. Supongo que vienes, ¿No? —Pues claro, no me lo perdería por nada del mundo. —¿El qué no te perderías por nada del mundo? —dijo Kai irrumpiendo en la conversación al entrar en la cocina. —Hemos decidido que vamos a ir a la feria hoy —expliqué con una sonrisa. —Qué bien —me sonrió de vuelta—. Yo iría, pero debo atender algunos asuntos, lo siento. —Oh —sentí una pequeña punzada en el pecho. Él me miró como si estuviera tratando de adivinar qué sentía, o pensaba incluso, en ese momento. Oculté mi rostro tomando mi taza y dando un sorbo de café. Desvió la mirada desistiendo, y fue a prepararse su café. —No te preocupes, lo pasaremos bien igual —trató de aquietarme, habiendo notado mi pequeño cambio de humor, cogiendo mi mano y acariciándola con su pulgar.  Le sonreí, dándole las gracias. Tras desayunar todos, nos fuimos a preparar. Me coloqué unos vaqueros, camiseta blanca de tirantes y unas bambas a juego. La verdad que, tras decir Kai que no podía venir, me sentía algo menos animada con la idea y más si tenía que estar de sujeta velas. Rodé los ojos ante ese pensamiento. Al estar lista, bajé para reunirme con ellos y me encontré a solas con Kai. Mi paso menguó a medida que me acercaba a él, con una débil sonrisa.  Se acercó todavía más a mí y ladeó ligeramente su cabeza, de nuevo como si tratara de descifrarme. —¿Estás bien, Gin? —preguntó suave, así como su ceño parecía fruncirse levemente. Tan sólo asentí con una sonrisa algo forzada. Creo que se percató. Humedeció sus labios, a punto de hablar, pero nos interrumpió una voz, rompiendo completamente el momento. —¡Ya estamos, ya estamos! —resonó la voz de Allison por todo el salón. Al girarnos, vimos que venían ella y Elliot directos hacia nosotros. Respiré hondo, echando una rápida mirada a Kai por el rabillo del ojo, nuestras miradas encontrándose fugazmente. —Hey —exhalé—. ¿Nos vamos?  —Por supuesto —respondió Allison rodeándome por los hombros y llevándonos hacia la puerta—. ¡Vamos a pasarlo bien! Lancé una última mirada hacia atrás mientras salíamos por la puerta encontrando a Kai, quien se despidió de mi con una sonrisa. Nada más salir, traté de poner mi mejor cara. Vale, quizá él no podría venir, pero no debía dejar que eso me arruinara el día. Así que eso intenté, animarme y dejar de lado ese pequeño bajón.  Como ya era casi medio día y había dos horas de camino, decidimos comer ahí y pasar el día. Nada más llegar, aparcamos y entramos en la feria. Allison estaba emocionadísima. Me encantaba verla así. Era una de las cosas que teníamos en común, disfrutábamos de éste tipo de cosas como si volviéramos a tener cinco años. Ésta estaba repleta de gente y niños por todas partes pasándoselo en grande.  —Madre mía, esto es enorme —comentó Allison. —Lo sé. Nos va a faltar día para recorrerla entera —solté una pequeña risa. Los tres empezamos a deambular por la feria, examinando todo lo que había y decidiendo a qué lugares íbamos a ir. Al poco rato de dar una vuelta por la feria, nos detuvimos en un puesto de comida rápida donde servían perritos calientes y comimos algo antes de empezar nuestra aventura. Decidimos empezar por algo más sencillo, así que nos dirigimos a los puestos de tiro, dardos y globos a probar suerte. —Sabes que no puedes conmigo, Elliot. Soy la mejor de los dos—le provoqué, viendo cómo él lanzaba los dardos tratando de darle a los globos. Los tres habíamos comprado unas bebidas y competíamos entre hermanos, peleando por ver quién se llevaba  una gran serpiente de peluche. Elliot lanzó los dardos. Los primeros fueron tiros perfectos, pero el tercero falló. —Oh, que pena —fingí un puchero. Él me sacó la lengua, haciendo una mueca graciosa—. Deja a los profesionales —presumí y me dispuse a lanzarlos yo. Tras concentrarme, tiré los tres y todo ellos explotaron los globos que necesitábamos para ganar el peluche—. ¡Toma ya! —celebré, alzando mis brazos con alegría y dando una vuelta sobre mí misma —¡La señorita tiene premio! —anunció el feriante y él me tendió la gran serpiente de peluche. Las horas pasaron y nos habíamos recorrido media feria para entonces. Elliot y Allison quisieron subirse a la noria y, como era de suponer, no iba a acompañarles. Les dejé pasar un rato a solas. Ellos también necesitaban algo de intimidad, no podía estar todo el rato de sujeta velas. Comencé a deambular por la feria. Me compré algunas golosinas, algodón de azúcar y algún que otro capricho. Estuve jugando en algunos puestos y gané otros premios más. Me divertía, pero no era lo mismo sin los chicos o sin él. Le echaba de menos. Saqué el móvil y abrí su conversación. Comencé a escribir. Borré el mensaje.  Volví a escribir. Borré de nuevo. ¿Qué podía decirle? ¿Y si estaba ocupado? Bloqueé de nuevo el teléfono y lo guardé. Continué paseando. De repente, mi móvil empezó a sonar. Saqué este y pude ver que era Allison, seguramente buscándome. Ignoré la llamada y me detuve en un puesto de comida para comprar un helado. Elegí uno de chocolate con almendras. Sé que querían pasar conmigo la mayor parte del tiempo para no sentirme tan sola. Pero no me apetecía en ese momento  tener que verles acaramelados. Yo también necesitaba un respiro y a pesar de echarle de menos, agradecía este pequeño descanso a solas, disfrutando por mi cuenta. Mi móvil volvió a sonar, pero esta vez era un mensaje. Mi rostro cambió por completo al ver quien era, creciendo una sonrisa en mi rostro imposible de parar.  KAI: ¿Me echas de menos? GEGI: Mucho. KAI: ¿Qué tal está yendo la feria? GEGI: Muy bien, muy divertida. KAI: Ya veo. Ese helado tiene muy buena pinta. Nada más leer aquél mensaje alcé la vista y comencé a mirar alrededor de la feria, buscándole. ¿Estaba aquí? ¿Había venido? Tras una corta pero desesperada búsqueda le divisé. No muy lejos de mí, parado y mirándome con esa juguetona sonrisa suya. Me levanté rápidamente del asiento  y corrí hacia él. Nada más llegar, me abalancé sobre su brazos, fundiéndonos en un abrazo que calmó cualquier malestar que pudiera tener. Había venido. Eso fue lo único que me importó en aquél momento. Así como nos separamos, nuestros labios se unieron en un anhelado y profundo beso tras un largo día sin el otro. Sus manos tomaron mi rostro delicadamente, acariciándolo con sus pulgares. —Yo también te echaba de menos —susurró contra mis labios, causando una pequeña y tonta risa en mí. —Has venido —musité, todavía sin creérmelo. —Terminé antes de tiempo y quise darte una sorpresa. Él me rodeó por mis hombros y comenzamos a andar por la feria. —Oh, mira —dije llevándonos hacia el puesto en el que estaba y cogí la bolsa con todo lo que había ganado. Le mostré todo lo que traía—. Todo premios —Alcé una ceja. —Seguro que eres malísima y lo has ganado haciendo trampa. Podría ganarte con los ojos cerrados. —¿Quieres apostar? Porque vas a perder —le advertí, convencida. —Mira, ahí —señaló un puesto en el que debías disparar a unas dianas móviles—. A ver qué tal se te da. Caminamos hacia allí. Kai pagó dos tickets y cogimos cada uno una pistola. —Tú primero —dije. El se preparó, colocó la pistola y segundos después comenzó a disparar a las dianas. Iba acertando a todas y pude comprobar que era realmente bueno, aunque aún tenía posibilidades de ganar. Al terminar, me miró orgulloso, con una sonrisa de oreja a oreja. —No está nada mal —admití. —A ver qué sabes hacer, Davies —respondió él divertido. Entonces me preparé yo para disparar, concentrándome al máximo, y comencé a darle a las dianas segundos después. Acerté todas con muy buena puntuación y ya tan sólo me quedaba una. Me concentré todavía más, intentando darle en el centro, y pocos segundos después, disparé. Bufé la pistola, lo había logrado.  —Le has dado —se sorprendió.  —¿Lo dudabas? —alcé una ceja—. Te dije que sabía lo que hacía. —Bueno, bueno... aún quedan muchos sitos en los que jugar —advirtió. Ambos partimos de allí y andamos un poco más por la feria, deteniéndonos a jugar en alguno de los puestos, compitiendo entre nosotros. Mientras paseábamos un poco más y comíamos algodón de azúcar, delante nuestro, entre la multitud, visualizamos a Elliot y Allison. Me separé de Kai y anduve deprisa hacia ellos. —¡Hey! Por fin te encuentro, Gegi. No me cogías las llamadas y... —desvió la mirada, detrás de mí—. ¡Kai! Estás aquí. —Hola —sonrío—. Terminé el trabajo y decidí pasarme. —¡Perfecto! Ahora podremos ir los cuatro juntos. Allison me tomó del brazo y andamos juntas. Mientras ella y yo observábamos la feria y me comentaba qué habían estado haciendo, los chicos venían detrás nuestro. Los cuatro nos perdimos entre la multitud de gente y yo empecé a disfrutar de verdad aquella noche.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR