+DAMIÁN+ Amaneció. Ni siquiera abrí los ojos por completo cuando ya estaba cancelando reuniones. Todo podía esperar hasta mañana. Ya lo había decidido. Camilo se encargaría de otros asuntos, de los informes, de las firmas pendientes, de las llamadas sin contestar. Se lo agradecí con un simple “gracias, hermano”, porque sabía que él entendía lo que no podía poner en palabras. Hoy no era un día de trabajo. Hoy era el día en que iba por ella. Por mi mujer. El tráfico era un maldito infierno. El tipo de caos que te hace pensar que el universo se confabula contra tus planes. Pero ni los pitazos, ni los semáforos eternos, ni los autos que parecían avanzar por inercia me sacaron de foco. Iba por ella, jodidamente decidido. Rosalía. Tenía su nombre tatuado en la garganta, atorado entre lo

