Narra Ava.
Ahora vivo en España, Madrid se ha convertido en mi nuevo hogar, no tuve momentos fáciles pero tengo un trabajo, no me hace falta nada y estoy viva, ya eso cuenta como ganancia.
Al terminar mi jornada de trabajo, salgo del club para comer algo, estoy muriendo de hambre, así que voy directo a un puesto de fast food que me gusta demasiado, estando allí mi tranquilidad fue perturbada por una chica que insultaba a la camarera, al parecer la conocía pero su manera de reencontrarse con una vieja amiga no era la mejor, así que mi gran bocota y yo nos metimos donde no nos han llamado y termino ahora en medio de una calle con una jovencita que no conozco y la cual me culpa de perder su trabajo. Creo que tengo que empezar a controlarme y dejar de comprar problemas ajenos, creo que eso es una secuela que me ha dejado los malos momentos de mi infancia y gran parte de sucesos que viví cuando estuve sola en la calle, simplemente no tolero las injusticias, y algunas veces termino metiendo las patas, justo como me está pasando ahora.
—Espera, ¡carajo! Debo retener más mi lengua, intento hacer algo bien y así me pagan, ven, toma algo de dinero, por lo menos para que tomes el bus.
Saco mi cartera e intento buscar un billete más sencillo, tampoco le voy a dar un billetón tras ser insultada por esa pequeña malagradecida.
—¿De dónde sacas tanto dinero? —cuestiona ella.
—De mi trabajo —respondo sin más.
—Rayos, debes ser una gran empresaria o sabrá Dios que cosa, has de ser muy importante.
Retengo una pequeña sonrisilla por su comentario.
—Nah, ni terminé la escuela, esto es gracias a ser una chica Duncan —respondo pero me detengo al saber que dije más de la cuenta por lo que muerdo mis labios.
—¿Chica Duncan?
—No, quiero decir que la empresa donde trabajo se llama así, Dunca —digo remediando mis palabras.
—Dijiste chica Duncan, además no puedes trabajar en una empresa si ni siquiera has terminado la escuela —insiste ella algo incrédula, por lo que le extiendo el primer billete que veo y sigo mi camino.
—¡Espera! Dime que es lo que haces —sigue ahora ella detrás de mí.
—Hago la limpieza en esa empresa —menciono para evadirla.
—Mentira, no puedes llevar esa ropa, tener ese móvil, usar esos zapatos si trabajas barriendo pisos —afirma la joven que persigue mis pasos, por lo que freno de repente y me doy la vuelta para casi chocarme con ella.
—Pues no, no me dedico a eso, pero sea lo que sea que haga no es tu problema, ahora ¿podrías dejar de seguirme? —le pregunto con mala cara y ella se detiene—. Gracias —menciono para volver a darme la vuelta y continuar.
-—Necesito un empleo —comenta en voz baja, casi que en una voz de auxilio—. De verdad, no puedo llegar a casa y decirle a mis padres que tenían razón, que no podía conseguir nada por mí misma, no puedo ir a mi casa y esclavizarme tres años más a una vida que no quiero, solo intento ir a la universidad, por favor.
Sus palabras me hacen frenar una vez más. Vamos Ava, eso no es tu problema, sigue por tu camino y déjala; esa chica no es tu asunto, sigue ¡Carajo! Por más que quiera no puedo hacerme la de la vista gorda, cierro mis ojos con enojo por ser como soy, me vuelvo a girar y la miro de pies a cabeza.
—¿Cómo te llamas? —pregunto para saber más de ella.
—Soy Noa, Noa Welch.
……………
Narra Noa
Estuve sentada en una parada de bus escuchando la historia de vida de una extraña, pensaba que mi situación era compleja, pero ya me doy cuenta que hay personas en condiciones más complejas que la mía. Ava tuvo momentos de su niñez que yo nunca habría pasado, creo que mis padres me aman y cuidan tanto que se exceden.
—Creo que aún no te he preguntado ¿Cuántos años tienes? —me pregunta la mujer que fuma un cigarro eléctrico.
—Tengo 19 años, los cumplí hace poco —respondo mientras veo cómo sale el humo de su boca.
—Entonces, vives con tus padres, ¿verdad?
—Si, vivo con ellos, mi madre tiene una panadería en casa y le ayudo con eso desde hace un par de años, pero en fin, ¿qué es lo que tú haces? Me has contado de tu vida, de como era antes y como es ahora pero no has sido clara con lo que haces, ¿Qué tipo de trabajo pudo cambiarle la vida a una joven que no ha terminado ni la escuela?
—Veo que eres muy curiosa Noa, he intentado evadir el tema pero no lo olvidas —comenta en medio de una pequeña sonrisa. Escucha Noa, no quiero decirte que estés tranquila, que todo es sencillo y que todo llega a ti en el ritmo que Dios quiere porque no, así no funciona, si no te esfuerzas, si no sacrificas cosas no obtienes nada; suena feo, pero es así. Para la gente normal, las cosas se obtienen luego de que atraviesas por un camino de espinas hasta que puedes llegar a la meta, pero una vez que consigues sobrepasarlo aunque los pies te sangren, sientes una satisfacción increíble. Es allí donde aprendemos, no aprendes cuando llegas al final sino en el proceso, esa es la ganancia, de esa forma es que pude yo comprender la vida, entender cómo funcionan las cosas, me hice aún más fuerte cuando estuve sola, porque fue cuando vi la realidad del mundo cruel que nos rodea, aprendí a leer a las personas que se acercaban a mí por diferentes razones o intenciones.
—¿Leer a las personas? No entiendo a o que te refieres —cuestiono muy concentrada en lo que dice.
—Si, a esa expresión de “leer personas” muchos le llaman malicia, es como poder saber cuál es la intención real de alguien al acercase a ti, pude detectar cuando una persona mal intencionada llegaba a mí con el fin de utilizarme, aprovecharse o engañarme; por ejemplo, en ti puedo identificar mucha inocencia, lo que me hace abrirme de cierta manera y contarte mis asuntos personales, esto no podría hacerlo con alguien de malas intenciones porque se aprovecharía y tomaría mis momentos vulnerables contra mí misma; aunque a pesar de eso, de reconocer a alguien como bueno también es malo, porque cuando te haces los mejores ideales de alguien nunca esperas que cometa una falta sobre ti, pero adivina, son los que peor te pagan, y por tenerlos clasificados en un pedestal y en la mejor categoría, duele y hiere más, por eso justo ahora empiezo a cuestionarme sobre si es bueno o no contarte tanto.
—No, no pienses eso Ava, nunca haría algo contra nadie, puedes confiar en mí, te prometo que todo lo que me has dicho y todo lo que me seguirás contando nunca se lo diré a nadie.
—¿Cómo estas segura de que quiero que sepas más de mi vida? —cuestiona ella luego de absorber su cigarro.
—Porque de ser así no te hubieses regresado, ni sentado conmigo por casi una hora en esta parada de bus, además el que me lleva hasta mi casa ya pasó hace cuarenta minutos.
—¡¿Qué?! ¿Por qué no te fuiste? ¡Carajo! Yo acompañándote como una estúpida, mira qué hora es, tengo turno en diez minutos, ¡mierda! No creo que alcance a llegar.
La mujer de cabello rizado se pone de pie y acomoda su ropa, guarda su cigarro en el bolsillo de su abrigo y extiende su mano para detener a un taxi.
—¿A dónde vas? No has respondido a mi pregunta – le digo mientras la veo andas hasta la orilla de la calle.
—¡Un gusto conocerte, cariño! —responde levantando su mano y sacudiéndola en el aire, sube a su taxi y eso fue todo.
—¡Espera! ¿Por qué tanto misterio?
Me quedo en la parada de bus por media hora más hasta que llega el que estaba esperando, mi estómago ruge de hambre porque hasta ahora me doy cuenta que no he probado bocado desde antes de mediodía, subo al bus y empiezo recapitular lo que ha pasado hoy, fue un día muy largo, tanto que creo que he vivido en una tarde más de lo que pude en un año entero. Esa mujer tenía razón, fuera de casa aprendemos y vemos mucho más de lo que podemos imaginar.
Al llegar a casa noto que mi madre aún está despierta, no es demasiado tarde pero en casa acostumbramos a dormir muy temprano.
—Aquí estas ¿Cómo te ha ido? —dice ella acomodándose en su sillón donde se estaba quedando dormida.
—Me ha ido muy bien, fue un buen comienzo —respondo con una sonrisa fingida, no quiero decirle la verdad, me da vergüenza que sepa que todo ha sido un completo desastre.
—Eso me alivia. Sabes, pasé horas con un mal presentimiento, sentía en mi corazón algo extraño, estaba muy preocupada pero ya veo que es porque es primera vez que sales por tu cuenta a trabajar, ¡vaya! Con solo decirlo se siente muy raro, salir a trabajar —ella me mira con una expresión de tristeza, es entendible, soy su única hija y siempre me han sobreprotegido, quizás no aceptan que he crecido, que ya necesito vivir mi vida con algo más de soltura por su parte.
—¿Dónde está papá? —pregunto para evitar que la mujer frente a mi llore.
—Ya está en la habitación, hoy se acostó más temprano de lo normal, dijo que estaba cansado.
—¿Está molesto conmigo? —pregunto sabiendo cual es la respuesta.
—No mi cielo, pero ya sabes cómo es el, es hueso muy duro de roer. Pero dale tiempo, de a poco asimilará la situación.
— Gracias mamá.
Al entrar a mi habitación me acuesto de inmediato, lo hago no porque tenga sueño si no porque necesito pensar, ya tengo claro que buscar en el periódico es un completo desastre, a donde vaya me pedirán experiencia y esa es la que no tengo; encontrar justo lo que necesito es complicado porque debe ser algo que me permita ahorrar, es decir una paga considerable, de la que pueda sobrevivir, ayudarle un poco a mis padres y a guardar para la inscripción de la universidad, además que me dé tiempo para ir a mis clases. Sé que estoy siendo exigente pero es lo que necesito, también estoy siendo ambiciosa porque quiero ir a la Universidad privada Montgomery, es costosa pero quiero entrar allí, anhelo tanto ese lugar porque es la mejor en economía y finanzas, lo tengo en la mente grabado desde hace mucho, lo quiero y lo voy a conseguir.
La mañana siguiente me levanto muy temprano para ayudarle a mi madre, agilizo porque hoy volveré a salir. Así que más tarde me preparo para ir al restaurante de comida rápida, esta vez no voy para pedir otra vez el empleo, ya pude entender que a ellos no les importa el bienestar de sus empleados sino el de sus clientes. Así que no me voy a exponer, no pienso ser humillada una vez más, ya esa niña tonta de la que todos querían burlarse se murió, ya lo decidí.
Después de una hora y media afuera del restaurante, con mis talones cansados y adoloridos, decido sentarme en el piso; más de una persona me dio monedas pensando que estaba pidiendo dinero. Sin embargo no lo rechacé, miro de lado a lado pero no veo el rostro de la persona que espero, empiezo a fastidiarme pero justo cuando estaba por resignarme la veo. Era Ava, la chica venía con ese caminado sexy, con unos tacones enormes, con un vestido marrón a la altura de sus rodillas ajustado a su cuerpo, con un abrigo de piel de color rojo que la hacía resaltar entre las personas, llevaba anteojos oscuros y una bolsa pequeña en su mano, ¡cuánto glamur!
—¡Ava! —digo emocionada por verla, pero la mujer se detiene de repente y se da la vuelta, sigue caminando evadiéndome pero me pongo de pie y corro hasta alcanzarla.
—¿Por qué me evades? ¿Sabes cuánto llevo allí sentada esperándote? —menciono con mis pasos acelerados.
—¿Por qué me sigues? —pregunta Ava subiendo los lentes oscuros a su cabeza.
—Oye, entiendo que estoy siendo algo irrespetuosa por abordarte de esta manera, pero realmente necesito que me ayudes, ayer estuve en tres lugares diferentes y lo que tienen para ofrecer no es suficiente, quiero entrar a la universidad y no tengo manera de pagar la inscripción. Si tu pudieras ayudarme a conseguir un empleo de verdad te agradecería muchísimo, no comprendo por qué hay tanto misterio sobre eso que haces. Mira que no te estoy pidiendo dinero, solo quiero que me enseñes a cómo ganarlo, quiero trabajar, por favor.
Ava se detiene y pone las manos en su cintura.
—Okey, pero antes vamos a comer algo, acabo de salir de un turno y estoy muriendo de hambre, puedo comerme un caballo si se atraviesa en este momento.
—Claro, lo que tú digas
—Pero no hables, siento que eres como una radio averiada, hablas mucho chica, cálmate.
Aprieto mis labios y la sigo, caminamos a otro restaurante cercano, a la mujer le reciben su abrigo y le busca una mesa disponible, cada vez que la reparo me emociona más saber lo que hace.
—¿Por dónde empiezo? —cuestiona Ava apoyando sus codos en la mesa.
—“Chica Duncan” quiero saber sobre eso, fue lo que dijiste anoche, ¿no es así?
—Claro, pero para llegar eso tengo que contar la historia desde el principio, desde que conocí al señor Duncan.