Capítulo 6: Historia de Ava, parte dos.

1780 Palabras
Narra Ava Vivir sola es saber que no hay reglas, que no hay límites, que no hay nadie que pueda reprochar lo que tú quieres y deseas hacer con tu vida. Sin embargo se requiere de mucha madurez, de tener los pies clavados en la tierra para poder reconocer nuestros propios límites. —Desde el día que quise valerme por mi misma y decidí salir de mi casa, tenía un objetivo claro, quería ser alguien, y ese alguien que tenía en mi cabeza, era una versión nueva y renovada de mí. La nueva Ava no quería saber de humillaciones y abusos, me hice más fuerte, porque en el momento en el que te ven vulnerable, perdiste. Mis días en la calle no fueron muchos, fueron tres días durmiendo en una bodega abandonada, lo más fácil de conseguir era la comida, una mujer me daba comida a cambio de lavarle la ropa, mientras lo hacía pensaba en lo que haría al día siguiente; porque no pensaba quedarme mucho de esa forma, hasta que una oportunidad llegó a mí, esa oportunidad fue un nuevo aprendizaje, alguien me enseñó a ser carterista. —Eso es ilegal —dice la Noa con la boca llena de pastas. —Pero igual, aunque sea algo malo, es un aprendizaje, ya estaba harta de exponerme cada noche en una bodega llena de ratas. Solo presentía que el día menos pensado un vagabundo entraría y me violaría, por lo que puse en práctica aquellas lecciones que aprendí más rápido de lo que pensaba; ya sabes por lo que te dije que nunca fui buena en la escuela, esta vez había encontrado algo en lo que me podía destacar, robando a la gente. —¿Cómo no estás en la cárcel en este momento? —cuestiona la chica mirándome de mala manera. —Porque era muy hábil en ese oficio, podía ir por una calle repleta de personas y meter mis manos en bolsillos, quitar relojes, anillos y simplemente nadie se daba cuenta, estuve tres meses trabajando en caminar por el centro mientras mis manos se deslizaban como mantequillas entre las pertenencias de otros. Luego iba a una compra venta y resolvía mis días, podía dormir en un lugar seguro, comer lo que quisiera y con eso era suficiente. — Entonces ¿Eso es lo que haces? ¿Tu trabajo es robar a la gente? —pregunta tocando sus bolsillos. —No, y deja de revisarte, no tienes ni donde caerte muerta, lo único que llevabas era estas monedas —abro mi mano y le doy un par de monedas que llevaba en su pantalón, ella abre su boca asombrada y las vuelve a guardar. —¿En qué momento? ¡Dios santo! Si eres buena, pero… si no haces eso ahora, entonces ¿Qué pasó? —Pasó que le robé al hombre equivocado. Una tarde iba pasando por un restaurante muy lujoso, habían muchas personas afuera y sabía que era mi momento, entre más personas hay es mejor porque nadie te ve, por lo que caminé entre ellos y fijé mis ojos en el pez más gordo; un hombre de unos cuarenta años que llevaba un reloj rolex de colección limitada, por eso me darían muchísimo dinero, así que solo lo desbroché y lo guardé en el bolsillo de mi chaqueta. Seguí caminando con la felicidad más grande porque con ese dinero podía irme a otra ciudad o donde yo quisiera, por lo busqué a un sujeto que pagaba bien por relojes finos, pero lo que no esperaba, es que cuando llegué donde él me retuvieron. Me dejaron encerrada en una habitación, amarrada en una silla y con mi boca vendada, todo estaba oscuro, pensé que me matarían, pero luego de un par de horas un hombre abre la puerta y enciende la luz, era el hombre al que le había robado su reloj. Quise morirme del miedo, sin embargo no se lo demostré, me dio una bofetada por intentar robarlo, creo que se había sentido algo ofendido porque es un hombre con un gran ego. —¿Cómo lo sabes? —sigue preguntando. —Deja de interrumpir, le quitas emoción a la historia. —Sí, lo siento —dice Noa mordiendo sus labios. —Lo sabía porque ese hombre es Duncan, justo ese día lo conocí, el hombre no podía creer que una muchachita de quince años le había robado en sus narices su reloj más costoso, él se reía sin control cuando supo mi edad, creí que estaba loco pero luego comprendí. Duncan es un hombre poderoso, tiene muchos negocios, pero es más conocido en el bajo mundo y antes de que me interrumpas con una de esas preguntas, te contaré. El bajo mundo es ese tipo de negocios que no son muy legales, donde se comercializan sustancias que no debes, donde posees muchas cosas que no debes, en fin cosas malas niñita, cosas muy malas, de las que no debería estar hablándote; pero sus clientes no son personas como las que te imaginas, sus clientes son del alto mundo social, así que podemos decir que en mi encontró un potencial, vio algo especial que le podría ser útil, Duncan me ofreció irme con él, dijo que si trabajaba para el mi vida podía cambiar y acepté. —Vaya, que mujer más arriesgada eres, él era un desconocido en ese instante. —Sí, pero justo en ese momento ya no tenía nada que perder, ya me daba igual, creo que si me quedaba tenía menos probabilidades de sobrevivir; porque esa falta que cometí a un hombre peligroso siempre termina en la muerte, así que vine a Madrid a mis quince años. Aquí él estaba por iniciar un nuevo negocio para el cual me preparó, era un club, el Duncan`s Men`s Club, un lugar clandestino para hombres adinerados y de alta clase de la ciudad; no solo de la ciudad, del país y del mundo entero, para eso reclutó a muchas mujeres, categorías variadas de mujeres de todas partes, diferentes culturas, estaturas, etc. Todas somos sus chicas, de allí viene el nombre, Chicas Duncan, porque pertenecemos a ese lugar, le pertenecemos a él. —¿Qué haces exactamente? —cuestiona aun sin entender—. Creo que fui clara, club para hombres y en el solo trabajan mujeres, ¿Qué más quiere que te diga? Pues, acompañarlos, digamos que me pagan por quedarme con ellos —¡Wao! Eso es increíble, recibir dinero por acompañar a alguien es magnífico —dice asombrada. —Me refiero a tener sexo con ellos, no a charlar de la vida y de la contaminación ambiental —digo sin más, esta vez más directa para evitar las dudas. La chica se queda muda, en ese instante meto una gran porción de pastas en mi boca sabiendo que por fin me dejará en paz. —¿Cuánto dinero te pagan? —Vaya, creo que nunca cierras esa boca —menciono señalándola con mi tenedor—. Pues, me pagan lo suficiente para vivir sin que me falte nada; tengo mi casa, mi auto, tengo colección de ropa, zapatos, bolsas, una cuenta en el banco y el gusto de poder comer lo que quiero en los restaurantes que quiero. Antes no podía hacer esto, antes tenía que mirar el precio de un artículo antes de pagarlo, ya no, solo lo tomo y no importa cuántas cifras estén en la etiqueta, yo puedo pagarlo. —¿Es muy difícil? Ya sabes, eso de tener que… —¿Acostarme con los hombres? Nah, ya no lo veo como algo complejo, antes si pero con el paso del tiempo aprendes cosillas, aprendes trucos que te hacen ver las cosas desde otra perspectiva, porque por más que sea, los seres humanos tenemos la capacidad de transformar cosas terribles y difíciles en sencillas, no es por adaptación es porque nos ideamos la manera de convertir todo a nuestro favor, ya sabes, siempre buscamos el beneficio propio. —¿Qué necesito para ser una chica Buncan? —cuestiona dejando el plato en un lado, creo que me habla enserio. —Duncan, es Duncan —la corrijo mientras termino mi comida—. Primero debes tener una v****a, se escucha feo pero es así, luego un cuerpo llamativo y… —¿Un rostro bonito? —pregunta tocando sus mejillas. —No, no es tan importante un rostro lindo, nunca muestras tu cara a los clientes, tu identidad siempre está protegida. —Comprendo, ¿Qué es lo otro? —Necesitas mucha astucia, tienes que aprender a cómo manejar un hombre, debes ser inteligente, analítica, meterle mucho culo pero también mucha psicología, no creas que he mantenido ese trabajo por tantos años por nada, he tenido que ser hábil, fidelizar los clientes con mi v****a, así de sencillo. —Eso se escucha extraño pero creo que ya te estoy entendiendo. —Bien, me alegra que ya lo comprendas porque mi receso ha terminado, tengo que irme a mi turno —menciono dejando el dinero dentro de la carta y poniéndome de pie. —Espera, ¿eso es todo? ¿Nuevamente te vas? —Pues sí, no me digas que tienes otra pregunta porque no quiero que vuelvas a perseguirme en la calle. —No, no tengo más preguntas pero si quiero que me ayudes con algo. —¿Qué quieres? —Quiero trabajar en ese club – comenta haciendo que me sorprenda un poco. —¿Me estás hablando en serio? – cuestiono para que aclare su mente en cuanto a lo que quiere —Sí, necesito estar en el Duncan´s Men´s Club, estoy segura que en pocos días puedo tener lo que necesito, solo un mes, con eso es suficiente. Algo atónita me siento en mi silla una vez más, no quiero que ella vea esto como una invitación a mi mundo porque es más peligroso de lo que parece. —Noa, escucha, este trabajo es más complejo de lo que crees, estoy aquí ahora porque he sido una mujer fuerte, aprendí a serlo por las malas experiencias que tuve desde que era una niña, pero tú eres… eres muy diferente, te veo vulnerable, podría ser peligroso para ti, diariamente tenemos que exponernos a hombres que no conocemos, es arriesgado. —No importa, de verdad soy más fuerte de lo que me veo, solo necesito que me ayudes, un mes Ava, un mes —pronuncia casi que en una súplica. —Está bien, hablaré con Duncan sobre ti, pero no puedo prometerte nada —le pido al mesero un bolígrafo y anoto sobre la mano de Noa mi número de contacto —Llámame mañana a las 10:00 am.
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