Capítulo 8: Estoy dentro.

1514 Palabras
Narra Noa Es domingo y mis padres se van muy temprano a la iglesia, les dije que no podía ir porque del restaurante me pidieron hacer un doble turno, mi padre como no me habla, simplemente no protestó, por lo que desde mucho antes empiezo a organizar mi atuendo para ir a ver al señor Duncan. Aquel vestido oscuro ajustado a mi cuerpo y algo corto para mi manera de vestir, lo escondí dentro de la funda de la almohada, hasta ahora que lo saco para ponérmelo, se sentía extraño pero me gustaba a la vez; me sentía bonita porque resaltaba mis caderas, mostrándome que había una mujer debajo de los vestidos y ropa holgada que siempre debía usar, además con los tacones le empecé a dar forma a mi figura, no puedo negar que me costó algo de trabajo porque sentía que los talones se me iban para los lados pero supe que debía tener firmeza en las piernas para no desestabilizar mis pasos. En mi cabello que es bastante largo, solo bastó peinarlo para que se alaciara, en mi rostro no hice nada porque no tengo maquillaje y olvidé pedirle a Ava. Me miro de reojo en el pequeño espejo de mi cuarto y creo que no quedé mal, solo falta encontrar un abrigo lo suficientemente grande para poder tapar la ropa, no puedo salir así vestida, mis vecinas son algo comunicativas y seria todo un escándalo que la chica cristiana de la calle use un vestido tan corto y con un escote que muestre su pecho. Sé que no es la época pero tengo un abrigo bastante grande que uso en invierno, sin dudarlo, lo saco de mi closet y me lo abrocho bien, ahora, para seguir pasando desapercibida en vez de tacos uso tenis, me los puedo cambiar cuando Ava pase por mí, ¡bien! Creo que ya lo he resuelto, es hora de salir de casa. Camino hasta el restaurante donde siempre espero a Ava, esta vez no me siento en el piso pero las personas igual me dan monedas, ¿pensaran que vengo aquí todos los días por eso? —¡Hey, Noa! —grita Ava al tiempo que toca la bocina de su auto. Corro hacia ella y me subo al vehículo acomodando mi gran abrigo. —¿Qué m****a llevas puesto? —me pregunta la mujer quitándose sus lentes de sol. —¿Qué? Es mi abrigo, no podía salir de casa con ese corto vestido, quería pasar desapercibida. —¿Desapercibida? Noa, pareces una loca, ¿Cómo no te van a notar llevando ese edredón encima? quien en su sano juicio usa un abrigo de esos en esta época del año —dice mirándome con mala cara. Empiezo a desbrochar el abrigo para luego dejarlo en la parte trasera del vehículo, saco los tacones de mi mochila y los cambio por los tenis que llevo, también saco el antifaz y lo dejo en mis piernas para usarlo cuando sea necesario. —Bien, esto que ves es un restaurante para gente fina, todo es normal por lo que puedes notar desde afuera, pero eso es una fachada, porque dentro también está el Club —menciona la mujer señalándome un lujoso restaurante. —¿Quieres decir que no venden comida? —Claro que sí, solo que es una fachada, por la entrada principal entra el jefe y los clientes, nosotras entramos por la parte de atrás El auto se pone nuevamente en marcha y entra por un feo, oscuro y sucio callejón, luego ingresa a un estacionamiento que parece abandonado pero hay autos bonitos parqueados allí. —Ponte el antifaz —dice sacando el suyo de la guantera. Antes de ingresar, un hombre de cara aburrida nos requisa. Caminamos por algunos pasillos y pienso que estaré con Ava, pero no es así. —Escucha, ve a la puerta del fondo. Debes esperar dentro de esa oficina, él llegará dentro de poco, no salgas hasta que no hayas hablado con Duncan, ¿entendido? —¿No vas a estar conmigo? – pregunto empezando a sentir nervios. —Vas a estar bien, solo camina por aquel pasillo y abre la única puerta que verás, los guardaespaldas ya saben que tienes cita con el jefe hoy. Ava sigue por otra dirección y me deja sola en el inicio de un largo pasillo, miro a todos lados empezando a sentir mis manos frías, camino con lentitud y el hombre que cuidaba la puerta me hace una señal con su mano para que ingrese, tomo aire y lo retengo en mi pecho, abro la puerta y él ya estaba allí. —Tú debes ser Noa. —Sí, soy yo. —Por favor entra y cierra la puerta. En medio de mis nervios, hace lo que me pide; respiro hondo para calmarme y no meter las patas. —Ava me dijo que se conocen de hace un tiempo, me imagino que te ha comentado el tipo de trabajo que realizan aquí. —Sí señor, ya me lo ha dicho – responde sin más. —Bueno, cuéntame, ¿tienes experiencia? Como sabes este es un trabajo como cualquier otro en el que debes tener muchas habilidades para desarrollarlo como debes. —No tengo experiencia. —Bien, escucha, no sé por qué estás aquí ¿estas segura de estar en el lugar indicado? Este club es para mujeres astutas, mujeres que puedan manejar a hombres poderosos con el dedo meñique de su pie, claro está que siguiendo una serie de reglas, si te contrato y los hombres no te quieren porque eres algo “tímida” o no estas dispuesta a hacer lo que ellos desean, tendría que sacarte y alejarte de este sitio, claro que asegurándome de que nunca puedas abrir esa pequeña y bonita boca, ¿sabes a lo que me refiero? Afirmo con mi cabeza asiento a sus palabras. —Creo que este no es tu lugar niña, por favor retírate —dice volviendo a lo que hacía antes de que entrara. —No, espere, la verdad es que mi falta de experiencia es porque el único lugar en el que digamos que he trabajado es en mi casa, pero haciendo y llevando panes a los vecinos, nunca he estado con alguien, mis padres son algo conservadores y tengo ciertas limitaciones, entre esas no me han permitido tener un novio o amigos hombres cerca de mí. —¿Por qué vienes aquí? ¿No me digas que esta es una forma de revelarte contra tus padres? Algunas de las mujeres que vienen a este lugar son las que encuentran rutas más sencillas para obtener las cosas, son chicas de familias disfuncionales, con pocas visiones de su futuro, con muchos problemas que las direccionan justo a mi club. —No, lo hago porque quiero superarme, la verdad la economía en casa no va muy bien desde hace muchos años, no se respira tranquilidad desde que las deudas hacen parte de nosotros, quiero estar aquí porque no quiero tener la vida que llevan mis padres y tampoco los quiero ver preocupados por unos malditos billetes. Justo ahora quiero empezar la universidad, llevo tres años intentándolo y las oportunidades simplemente no aparecen para mí, por eso ahora estoy dispuesta a lo que sea por cambiar el rumbo de la cosas, necesito el trabajo, necesito el dinero, si usted me da empleo le aseguro que haré el mayor de los esfuerzos; seré la mejor de este lugar si me lo propongo, es solo un mes señor, déjeme quedarme aquí solo por un mes, será suficiente para mí. El hombre me mira algo dudoso, creo que por un segundo lo hice cambiar de parecer. —Quítate la ropa. —¿Qué? —Sí, lo que acabas de escuchar, quítate la ropa. El hombre se acomoda en su escritorio y se cruza de brazos. Yo empiezo a jugar con mis dedos en señal de nervios, pero cuando veo al hombre tensarse y cambiar su expresión, comienzo a moverme con lentitud, toco mi cuerpo con mucha delicadeza, subo mis manos hasta la parte trasera de mi cabeza y desato el antifaz. Con esfuerzo bajo el zipper del traje n***o y lo deja deslizarse por mi cuerpo, quedando a la vista la ropa interior negra. - Detente, eso es suficiente. Creo que puede funcionar, tienes rostro bonito, piel fresca, ojos claros y grandes, una pequeña boca de color rosado que te dan un toque encantador. Luces un poco joven pero no es nada que no pueda resolverse con el antifaz. Interesante, muy interesante. —¿Qué debo hacer ahora? —cuestiono volviendo a ponerme el antifaz. —Ahora quiero que hables con algunas chicas. —Sí señor, eso quiere decir que… —Si Noa, te daré el trabajo, hoy mismo empezamos con los preparativos para subastar tu primera noche, como aun eres virgen debemos tomarlo para hacer tu debut. El hombre dispuesto a pagar más, tendrá la fortuna de estar contigo. De paso aprovecho para felicitarte, serías la subastada número mil. Que buena manera de llegar a este número, bienvenida.
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