Capítulo 3: ¿Chica Duncan?

2100 Palabras
Narra Noa Ya han pasado tres años desde que estoy en casa con mi madre, aquel año que debía esperar mientras todo se solucionaba se ha extendido hasta el día de hoy. Ya he aprendido a preparar la masa para panes y tortas, no quiero decir que no valore esto pero no es lo que quiero para mi vida, siento que los años se me están pasando y que me voy a quedar aquí estancada. —¡Noa, mira esto! Es de tu antigua escuela —dice mi madre—. Han hecho un pedido, estoy segura que estarán felices de volver a ver a su mejor estudiante luego de tanto tiempo; ven, empacaré los cupcakes para que tú los lleves. —No mamá —refuto de inmediato—. Prefiero llevar el otro pedido, tu lleva ese —digo tratando de evadirla. —Vamos Noa, de verdad tus maestros estarán muy felices por saber de ti, tu maestra Carolina aun me pregunta por ti cuando le llevo panes a su casa. —Madre, por favor, no quiero ir. —¿Qué sucede? ¿A dónde no quieres ir? —cuestiona mi padre entrando a la cocina. —A la escuela, el director ha hecho un pedido enorme y Noa se niega a ir, le digo que todos sus maestros estarán felices de verla. —¿Por qué no quieres ir? —sigue mi padre entrando y sirviendo una taza de café. —Porque… —¿Te avergüenzas? ¿Es eso? —pregunta el hombre dejando su café en un lado. —No papá, es que… —¡¿Entonces?! —Es que no quiero que pregunten lo que he estado haciendo durante este tiempo, siempre que llevo algún pedido me preguntan si ya empecé la universidad. Muchos sienten hasta compasión y creen que me consuelan al decir: “es una lástima, fuiste la mejor estudiante del curso” —Eso debe hacerte sentir orgullosa —contesta mi madre. —¿Orgullosa? Esas palabras son una bofetada de mi realidad, la realidad que no quiero, no quiero estar aquí ¡no quiero seguir así! —exploto soltando mis emociones—. Esto no era lo que esperaba para mi vida, solo déjenme ser feliz, por favor —susurro esto último con tristeza. —Si no eres feliz entonces, ¿por qué sigues aquí? ¿Qué te retiene? —contesta mi padre. —Me retienen ustedes. —Bien, allá están las puertas. Pero el día que las cosas no sean como crees, te acordaras de mí, nada es tan fácil como crees, por eso intento protegerte. —Aprenderé entonces, de eso se trata la vida papá. Me quito el delantal y salgo de la casa, sé que en alguna parte hay un empleo para mí, que sea medio tiempo y con una paga que me permita ahorrar para la inscripción, por lo menos para eso. Al salir de la casa lo primero que hago es buscar un diario, sé que hay secciones para buscar empleos. Miro las columnas y hay muchos pero hasta para ser camarera me piden experiencia, yo no tengo experiencia de nada pero aprendo rápido; sigo mirando y hay uno interesante, es para una tienda de café, no explica bien lo que debo hacer pero puedo ir y preguntar, miro la dirección y estoy confundida pero preguntando llegamos hasta Roma. Camino un par de calles y le voy preguntando a la gente que me topo, así hasta llegar al local donde estaba la tienda de café colombiano. —Buenos días, acabo de ver en el periódico, están buscando un empleado —le digo a una joven que está en la caja. —¿Eres barista? —pregunta ella mirándome con la ropa algo sucia de harina. —No. —Entonces lo siento —dice retirándose y dejándome allí sola. Salgo de la tienda y miro una vez más el periódico, en otra columna estaban buscando a alguien para lavar loza en un restaurante. Por ver la dirección sé que está a un par de cuadras de aquí, así que me pongo en marcha y corro hasta ese lugar; al llegar me impresiona un poco la vista, luce muy costoso desde afuera. —Buenos días, vi en este periódico que están buscando un empleado. —Oh si, vienes por el empleo, dame un segundo —el joven que me recibe entra al restaurante y trae con él a una mujer recatada. —¿Cómo es tu nombre? —pregunta la dama. —Soy Noa Welch, vengo porque vi el anuncio en el periódico y… —¿Trajiste tu currículo? —No, no traje uno—menciono algo desanimada. —Sígueme —la mujer se acomoda su bufanda y entra al restaurante, se dirige a una cocina y me lleva a una habitación repleta con montañas de platos sucios—. Hay que lavar esta cantidad de platos dos veces en el día, quizás debas hacer compras si el encargado no viene; si se rompe algún plato o copa se descuenta de tu paga, debes cumplir un horario completo y descansos no hay. Solo pagamos esto por día —menciona estirando una hoja que parece ser un acuerdo o algún tipo de contrato, me voy directo al pago diario y es una miserableza. —Es muy poco dinero —sale de mí boca en voz baja. —No tienes experiencia, te doy la oportunidad de adquirirla ¿y esperas que te pague más por eso? —refuta en tono prepotente. —Gracias, fue muy amable en recibirme pero no es lo que estoy buscando. Salgo del restaurante y vuelvo a mirar el periódico, estoy segura que hay algo para mí, paso al final de una columna y creo que este puede ser, es un restaurante de comidas rápidas. Leo la dirección y se dónde es esto, salgo a toda prisa hasta el sitio; ya mi estómago empieza a rugir por el hambre, pero no importa, debo llegar a casa con algo bueno que decir. —Hola, soy Noa, acabo de ver en el periódico que están buscando un empleado. —Hola Noa, sí, estamos buscando a una persona para la cocina ¿tienes experiencia? —No, no tengo experiencia pero aprendo muy rápido y de verdad estaría sumamente agradecida si me reciben aquí, necesito un empleo —respondo casi que en una súplica. —¿Sabes qué? Me caes bien Noa, me gusta el empuje que transmites, ven esta tarde y veamos cómo te va, ¿listo? —¡Sí! llegaré muy puntual. Con la sonrisa más amplia me retiro del sitio para ir a casa, sé que mis padres no estarán muy felices pero luego lo entenderán, ya quiero ver la cara de mi papá cuando le cuente. —¡¿Mamá, papá?! ¿Dónde están? —grito al abrir la puerta. —¿Qué pasa? —sale mi madre asustada de la cocina. —Tengo un empleo ¡lo conseguí! Bueno, no es seguro pero me han pedido ir más tarde ¡lo he logrado! ¿Ven que si puedo? Mi padre escucha desde el fondo del comedor sin decir nada, yo subo a mi habitación para encontrar lo que voy a usar. Siento que ahora si podré comenzar, este será un gran día, sabía que no todo podría ser malo para mí. Más tarde voy al puesto de comidas rápidas, me entregan un delantal y un gorrito para mi cabello. Empiezan explicándome lo básico, sobre como recibir las órdenes de los clientes y de cómo recibirlos, hasta ahora han sido muy amables, me tratan muy bien. —Si tienes alguna pregunta solo la haces y ya, ¿bueno? —me dice una de las chicas que trabaja en el lugar. —¡Vale! —respondo con mucha felicidad. —Mesa ocho, que alguien salga a tomar el pedido —menciona el encargado. —Creo que estas listas, ve —dice la chica señalando hacia la salida donde están las mesas. Tomo aire, saco mi agenda y mi bolígrafo, camino con una sonrisa hacia las personas de la mesa y de apoco esa sonrisa se va borrando al ver quien se encuentra aquí. —¡Por Dios! ¿Noa? ¡Demonios! cuanto hace que no te veía ¿Qué haces aquí? Creí que estabas haciendo panes con tu madre —dice la chica que me observa de pies a cabeza con una expresión de satisfacción que empiezo a detestar. —Britany —respondo en voz baja. —¿Quién lo diría? Mi horóscopo tenía la razón, esta mañana me dijo que me encontraría con alguien del pasado, me imaginé una persona importante, pero ya veo que eres tú. —¿Qué desean ordenar? —pregunto para llevar su atención al pedido. —Oye, mi madre me dijo hace un tiempo que les hizo un pedido y no sabes lo que encontró, ¡había un cabello! —expresa haciendo mala cara y sus acompañantes copian sus expresiones de desagrado. Mis ojos se cristalizan por las lágrimas que no quiero que salgan y trago el enorme nudo que no me deja hablar. —¿Por qué no cierras la maldita boca? Estoy intentando comer mi jodido hot dog en paz y tu voz chillona no me deja ¿Por qué no le haces un favor al mundo y te guardas la lengua en el trasero? —dice una chica morena de cabello rizado y estilo imponente que está sentada en la mesa de al lado. —¿Quién se cree esta maldita asquerosa? — cuestiona Britany con enojo. —¿A quién le dices asquerosa? —dice la chica morena poniéndose de pie y acercándose a la mesa. —¿Qué sucede aquí? —pregunta el encargado acercándose a nosotras. —Nada señor, no pasa… —¿Nada? ¿Cómo que nada? Esa hija de perra está insultando a su empleada y a mí, debería romperle su madre ya mismo —continúa la chica molesta encimándose a Britany pero la detengo. —No hagan un escándalo en el negocio. Noa ¿sabes qué? Toma tus cosas y vuelve a casa, aquí no somos partidarios de ningún tipo de roces con los clientes, creo que te falta la experiencia, lo lamento. —Señor no, por favor… —Sí, es demasiado grosera. Sabes que mi familia ama este lugar y nunca antes había pasado algo así —Britany se hace la victima de la historia, parece que eso le sale muy bien. La miro con resentimiento, me enoja que esto pase ¡estoy harta, estoy harta de lo mismo! malditos clasistas de m****a. Me quito el delantal y se lo entrego al encargado, sin decir una sola palabra camino hasta la calle, creo que mi padre tenía razón, este mundo está lleno de personas mal intencionadas; debí quedarme en casa y ahorrarme esta humillación. —¡Hey! Chica espera, no camines tan rápido, ¿no ves que llevo tacones? Miro hacia atrás y veo a la mujer de cabello rizado correr hacia mí. —¿Qué quieres? —pregunto siguiendo mi camino. —¿A dónde vas? —cuestiona ella. —Voy a mi casa, a donde más puedo ir. —¿Te vas caminando? —sigue preguntando, lo que hace que me moleste aún más. —Si, si me voy caminando, tendría para un bus si no te hubieras metido antes ¿no ves que ya no tengo trabajo? Y si no tengo empleo tampoco tengo dinero. —¿Quieres decir que es mi culpa? chica, te estaban insultando, lo que hice fue defenderte, que malagradecida. —No te pedí que lo hicieras, y ya deja de seguirme. —Espera, ¡carajo! Debo retener más mi lengua, intento hacer algo bien y así me pagan. Ven, toma algo de dinero, por lo menos para que tomes el bus. La mujer saca su cartera que se veía bastante abultada, la abre y muchos billetes salen a la vista. —¿De dónde sacas tanto dinero? —cuestiono en medio del asombro. —De mi trabajo —responde mientras busca un billete de menos valor entre los tantos que tiene. —Rayos, debes ser una gran empresaria o sabrá Dios que cosa, has de ser muy importante —menciono admirando su atuendo, su bolsa, su móvil, no había notado eso. —Nah, ni terminé la escuela, esto es gracias a ser una chica Duncan —la mujer se detiene y pone la mano en su boca, creo que eso no lo tenía que decir. —¿Chica Duncan? ¿Qué trabajo es ese?
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