Narra Noa
“Pórtate bien” “sé una buena compañera” “ama a tu prójimo” fueron muchas de las frases que mis padres me decían cada día, era su manera de formar al individuo correcto o perfecto. Así que eso hacía, me portaba bien, era buena con mis compañeros y les daba amor a pesar de recibir de ellos todo lo contrario. No lo comprendía, me hacía muchas preguntas porque según lo que mis padre me enseñaban, nosotros dábamos todo lo bueno que estaba en nuestro corazón, y si yo obraba bien, también los demás obraban bien conmigo pero no era así; siempre me hacían sentir mal, me decían comentarios que herían mi corazón, me sentía excluida por más amable que intentara ser con ellos, sabia de los límites y que en algún instante podría explotar por más que lo contralara, y ese día fue hoy.
—Quiero que se queden allí sentadas, ya el director se ha comunicado con sus padres —dice la profesora Carolina, quien nos encontró dándonos golpes en el salón de clases.
—Esto es tú culpa —menciona Britany en voz baja.
—¡Claro que no! Tú fuiste quien inició, llevas todo el año haciendo comentarios de mis padres y de…
—Silencio, las escucho desde aquí —menciona la profesora Carolina que está en la oficina del señor Negrete, el director de la escuela.
Ambas nos miramos de mala manera y hacemos silencio, volteamos nuestras caras para ver hacia el fondo del pasillo donde estamos sentadas, miro mis dedos y los aprieto con fuerza —así no quería terminar mi año—. Me preocupa un poco lo que mis padres puedan decir, solo espero que no me regañen en frente de todos, nunca antes les han hecho una observación por indisciplina, es primera vez que me veo en vuelta en algo así.
—Noa —escucho la voz de mi madre, levanto mi cabeza y lo primero que enfoco son los ojos de mi padre que parece muy enojado, tanto que su bozo se ha tornado de color verde.
—¡Oh! señores Welch, por favor entren, el director los está esperando —dice la maestra haciendo que mis padres ingresen a la oficina. Así mismo a los padres de Britany, que llegan a los poco minutos usando trajes elegantes, mientras que mi madre llevaba aun el delantal que usa cuando prepara la masa.
Los “adultos razonables” charlaban de la situación vergonzosa que había sucedido mientras que nosotras solo esperábamos, pasó casi media hora hasta que nos llaman para que podamos ingresar y saber lo que nos esperaba, con algo de temor abro la puerta de la oficina y veo a mi padre aun con esa expresión, bajo mi cabeza para que no note el aruño en mi mejilla y me hago a un lado de su silla.
—Cariño, ¿estás bien? —dice la madre de Britany dándole un abrazo, como si fuera muy inocente.
—Bien, como saben, nosotros como instituto no apoyamos este tipo de actos que lo que hacen es entorpecer los procesos de formación que enseñamos aquí, así que ya hemos charlado con sus padres para que tomen medidas pertinentes. Hoy es su ultimo día de clases pero no es una excusa para pasar por alto el vergonzoso acto que ustedes han protagonizado, nosotros como formadores rechazamos la violencia y los actos de matoneo dentro y fuera del plantel, más bien somos forjadores del reconcilio y el amor —dice el director como un discurso que busca la paz mundial.
Me hace sentir bien que por fin alguien use las palabras exactas, pensé que me iría de aquí y que nadie sabría lo que pasaba en las cuatro paredes del saló. Ser todos los días pisoteada por ese grupo de estúpidos fue tormentoso, pero por fin hoy alguien se pone de mi lado.
—Claro señor Negrete, nosotros agradecemos sus palabras —dice mi padre con voz más calmada, eso me relaja —. Esto no volverá a suceder, nosotros en casa también intentamos enseñarle a Noa valores y normas de convivencia que por alguna razón hoy ha olvidado, pero ella se disculpará con su compañera por atacarla sin ninguna razón —menciona provocando que mi quijada caiga al piso por el asombro.
—¿Qué? Pero si no hice nada, ella fue quien…
—¡Noa! —grita mi padre—.Discúlpate con tu compañera y sus padres —dice mirándome con sus ojos algo rojos del enojo.
Miro a Britany y ella tiene una pequeña sonrisa en su rostro, sus padres me reparan desde mis zapatos desgastados hasta mi cabello medio acomodado, muerdo mis labios porque por dentro me niego, ¡no es justo!
—Vamos cariño, discúlpate con ella —responde mi madre sin mirarme ante la petición de su esposo.
—Yo… lo… —hago silencio porque un nudo se ha formado en mi garganta, mis ojos se empañan y trato de contener las lágrimas—. Lo lamento Britany.
—¿Ves? no es tan difícil, que lindo es cuando aceptamos nuestros errores —dice el director con una sonrisa que se borra cuando lo veo con desagrado.
—Bien, creo que es hora de marcharnos, nuevamente lo lamentamos mucho, fue un gusto conocerlos —le dice mi padre a los padres de Britany extendiéndoles su mano, la cual reciben con algo de duda porque está llena de harina.
Saliendo de la oficina veo como la maestra Carolina entra con dos tazas de café para aquellas personas recatadas, casi ni nota nuestra presencia.
Al llegar a casa los regaños seguían, me quedé callada mirando hacia el vacío porque sabía que no valdría la pena responder, de igual forma nada de lo que dijera sería suficiente, ya tuve con la humillación que viví en la oficina del lame botas del director. Es que no es un misterio para nadie, los padres de aquella compañera donan dinero a la escuela, por eso nadie se atreve a acusarla porque sus padres siempre será un escudo protector para ella.
—¿Qué te sucede? Me dejas tan aterrado, esa actitud es muy extraña en ti, ¿es por la ceremonia? —cuestiona mi padre—. Te estas revelando con nosotros porque no tenemos forma de que puedas asistir, ¿verdad? Siento que estas siendo muy desagradecida. Vamos, di algo Noa —insiste aun con ese tono de voz seco y cortante.
—Ya no vale la pena decir nada, hoy me di cuenta que mis palabras no tienen valor en ningún lugar, ni con ninguna persona; incluso con ustedes, ya es muy tarde como para tratar de defenderme, solo no diré nada más.
—¿Cómo dices algo así? Noa, siempre hemos querido lo mejor para ti, ¿tanto te cuesta reconocer tus errores? Eso no es lo que te hemos enseñado —se pronuncia mi madre al escuchar mis palabras.
—¿Error? ¿Es un error querer defenderme y no dejarme humillar? ¿Saben cuánto llevo tolerando burlas? Todos me “la llaman pobretona” no me llaman por mi nombre, me dicen “la panadera” —hago silencio y agacho mi cabeza, no es algo que quería decir en este momento pero la situación me obliga—. Por primera vez en mi vida me he defendido, ese lugar al que ustedes me vieron ir por tanto tiempo era un infierno en el que sobrevivía, solo les pido que por favor dejen de juzgarme por querer detener esas burlas.
—Noa… —sigue mi madre con sus ojos llenos de lágrimas.
—Les juro que en la universidad no será igual, voy a esforzarme por ganarme el respeto de los demás. No quiero ser señalada, no quiero ser juzgada, ¡ya me cansé de ser la niña buena de la que todos se burlan! —Grito en medio de la tristeza.
—Eso no va a suceder —menciona mi padre haciendo que todos queden en silencio—. Te vas a quedar en casa, le ayudarás a tu madre con la panadería. No te habíamos dicho pero voy a volver al taller de carros, necesitamos otro ingreso en casa.
—Padre…
—Lo siento Noa, pero ahora no podemos. Tal vez debas esperar un año aquí mientras nosotros logramos ahorrar algo para que puedas ir a una buena universidad.
—Déjame trabajar, yo puedo aprender a cocinar o limpiar casas, hacer cualquier cosa padre. Pero no quiero quedarme aquí mientras todos los demás se superan, seguiré siendo el hazme reír de todos, les voy a dar la razón.
—¡Basta! ¿Desde cuándo nos preocupa lo que digan los demás? Solo debes preocuparte en obrar bien y actuar de acuerdo a las enseñanzas de Dios, siempre te he dicho que debemos aceptar nuestros designios. Así que ya guarda silencio y ve a tu habitación, mañana nos espera mucho trabajo.