Narra Noa
—No estés nerviosa, solo respira con calma y piensa que en algún momento esto debía suceder, no creo que hayas pensado en morir virgen —dice Ava intentando ser graciosa en un momento de mucha tensión para mí.
—Mi padre moriría si sabe dónde estoy —respondo con la voz entrecortada, por lo que mi compañera de camerino agarra mis manos que están congeladas como cubos de hielo y temblosas como gelatinas.
—Calma, no trates de pensar en eso, además es normal que estés así, es tu primera noche en el club y la incertidumbre de no saber que te espera detrás de esa puerta es agobiante, lo sé, pero con el paso de los días ya lo verás con más normalidad —Ava me rodea con sus brazos y siento su calidez—. Recuerda por qué estás aquí Noa, solo será un mes, tu puedes lograrlo —pronuncia en un susurro.
Me pongo de pie aceptando que no tengo más opciones, miro mi reflejo en el enorme espejo con luces en sus bordes, reparo mi atuendo, mi cabello, mi rostro con abundante maquillaje y noto que la mujer que observo luce muy diferente a lo que soy. Pero ya estoy aquí, así que me pongo mi antifaz, oculto parte de mi rostro con algo de vergüenza y camino hasta la puerta.
—¿Qué debo hacer? ¿A quién debo ver? —pregunto en voz baja sintiendo como el corazón me late fuerte chocando en mi pecho.
—Primero trata de respirar, controla tus nervios y camina con naturalidad, no te pueden ver alterada, segundo; no verás a nadie, en esa habitación solo estarás tú, al final de unos minutos es que sabrás con quien pasarás tu primera noche.
Ava me brinda una pequeña sonrisa de aliento, pero a la vez en su expresión se nota que se compadece de mí —comprendo, también yo me compadezco de mi misma— le devuelvo la sonrisa fingiendo que estoy bien y poso mi mano en la manecilla, tomo un bocado grande de aire, lo retengo y abro la puerta para salir a enfrentar la dura realidad que he decido vivir.
Salgo a un largo pasillo pero a la mitad me detengo, me apoyo de la pared y mi vida se cruza frente a mí, ¿En qué momento cambiaron las cosas? ¿Cómo he terminado aquí?
Tres años atrás…
—¡Sacrilegio, Noa! —grita mi madre como loca—. Por el amor de Dios ¿Qué haces? —cuestiona al ver que llevo una cuchara de arroz directo a mi boca.
—¡¿Qué pasa?! —pregunto limpiando los granos de arroz que se han esparcido por mi pecho del susto.
—No hemos dado gracias por la comida —dice ella terminando de acomodar el último plato en la mesa y tomando asiento junto a mi padre.
Cielos, tenía tanto hambre que lo había olvidado. Dejo la cuchara en un costado del plato y cierro los ojos, mi madre inicia una oración de agradecimiento y por dentro yo rezo para que termine pronto; me arde el estómago, tengo demasiada hambre, las tripas me rugen como un león.
Mis padres son personas muy creyentes, desde que soy muy niña me han inculcado muchas cosas, el agradecer antes de cada comida, ir a la iglesia los domingos, etc. Aunque por momentos lo olvido, hay días en los que solo quiero quedarme en casa pero para ellos es importante que el resto de personas me vean cada domingo sentada en primera fila.
—¿Cómo va la escuela cariño? —pregunta mi padre.
—Va muy bien, hoy presenté mi proyecto final —respondo entusiasmada— .He sacado la mejor nota, solo falta recibir otras calificaciones y listo, quedaría esperar a la ceremonia de graduación.
—Oh, veo que es algo pronto —menciona no con la felicidad que esperaba.
—Cariño, tu padre y yo hemos hablado y sabemos que para ti es muy importante asistir a tu graduación de preparatoria, pero…
—¿Pero qué? —pregunto interrumpiéndola pues parece que le cuesta continuar con sus palabras.
—No podemos costearlo, necesitas un vestido, zapatos, y muchas cosas que ahora no podemos pagar, la panadería no va bien en este momento y…
—Está bien —le digo dándole una sonrisa.
Mi madre es panadera y mi padre es mecánico, ambos deciden iniciar con un pequeño negocio desde casa, les empezó a ir tan bien que con el fin de crecer más aun; realizaron un préstamo al banco para comprar nuevas máquinas industriales, hicieron inversiones en productos, mejora de infraestructura y de repente, las cosas se vinieron abajo en picada. Mi padre no comprendía la razón del por qué ha cambiado el rumbo de sus proyectos, pero se refugia en la idea de que las cosas de Dios son perfectas y que seguro tiene un propósito para nosotros, muchas noches los vi sentados en la mesa del comedor calculando cuentas que no arrojaban los resultados que querían. La impotencia de querer hacer algo por ellos me mataba, pero solo tengo 16 años, no tengo un empleo ni una idea por lo menos para aportarles, así que no puedo exigirles, no puedo pretender que saquen dinero de donde no tienen.
—Lamento esto cariño, pero sabes que ahora lo poco que logramos reunir es para pagarle al banco, pero te prometo que ese día prepararé la torta de naranja que tanto te gusta, puedes decirle a tus amigos que vengan a casa y comparten aquí un rato ¿Qué te parece? —sigue mi madre como una forma de animarme.
Si tuviera amigos les diría, pero simplemente no encajo con ellos, no sé por qué.
—Con la torta de naranja es más que suficiente para mí. Aunque si quieren puedo ir con la vecina, es que hace unos días me dijo que le vendría bien algo de ayuda en su floristería y pensé que quizás yo podría ir con ella y reunir algo de dinero para antes de la ceremonia, así puedo…
—¡No! —refuta de inmediato mi padre, haciendo que cierre mi boca—. Sabes lo que pienso de que estés por fuera de casa, estas más segura aquí ¿Sabes cuantos hombres mal intencionados hay allá afuera? Además eres una niña bonita y cuidada, afuera está más de uno a la espera de muchachas como tú para engañarlas y burlarse de ellas, este mundo cada vez se hace más inseguro mi cielo, mejor quédate aquí —dice mi padre descartando mi único plan.
Intento entender lo más que puedo, pero hay momentos en los que me siento en una jaula, tengo alas grandes que quieren aprender a volar pero las rejas que me rodean son demasiado estrechas para mí. Me hubiera gustado tener por lo menos una hermana, me hace falta muchas veces tener a una persona con quien socializar y con quien desahogarme, siempre estoy en casa y mi vida se resume a mis estudios, leer libros, ayudar con el pequeño negocio y estar negada a la posibilidad de descubrir más de lo que puedo observar a través de mi pequeña ventana.
—Si padre, me quedaré en casa —respondo suspirando porque pensé que existía una posibilidad.
Mi madre me mira aun con esa expresión de tristeza, también debe sentirse mal por todo lo que sucede así que le brindo nuevamente una sonrisa para que sepa que no pasa nada, no puedo enojarme con ellos.
La mañana siguiente, en mi último día de clases, estoy en el salón esperando mis calificaciones.
—Mi madre me ha dicho que ya no voy a estudiar en california, así que se han cambiado algo mis planes, no quería quedarme en España pero mi padre inicia un nuevo negocio y no podremos irnos; igual estaré en la mejor uni privada, en la Montgomery. Esto es tan difícil, que te cambien los planes tan de repente —menciona Britany, una de mis compañeras, como si lo que le estuviera pasando fuera una tragedia.
—¿Y tú Noa? Te has quedado callada —pregunta alguien más haciendo que todo el curso clave sus ojos en mí que estoy sentada al fondo del salón.
—Pues, no lo sé —digo sin más.
—Obvio que si sabe, de seguro se quedará en casa haciendo panes con su madre; porque ella no podría ir a una universidad ¿se imaginad? quizás hasta tenga que caminar de su casa a la uni así como hace para venir aquí —dice Britany, provocando que los demás se rían por su comentario.
—Sí, quizás ¿aunque sabes qué? aparte de hacer panes también se hacer mis tareas, por algo soy la mejor de la clase, en cambio tú debes ir a una universidad privada, donde tu padre tenga que pagarle a los profesores para que te pasen las asignaturas, porque todos sabemos que un burro es más inteligente que tú.
La chica asombrada queda perpleja, los que la rodean contienen sus risas y yo siento que he sacado lo que me tragué por años. Me pongo de pie, tomo mi bolso y salgo del salón, por lo menos agradezco que no tendré que verlos más en mi vida.
—¡¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera?! —grita Britany detrás de mí.
Sigo caminando hasta la salida ignorando sus palabras, pero alguien me retiene y sin verlo venir recibo una bofetada en la mejilla, la chica enojada me golpea en la cara con tanta fuerza que por un instante la vista se me ha tornado oscura; pero rápidamente reacciono, lastimosamente lo hice de la misma manera que ella, a los golpes.