Capítulo diecisiete: Mi gran error —Dios mío, no te esperaba. —El billete de tren me ha costado una pequeña fortuna —Le informó él subiéndose las gafas con cierto aire de irritación—. Y encima he tenido que venir de pie. —Vaya, qué mala suerte —lo consoló Lucía todavía sorprendida con la visita de su amigo y reparando al mismo tiempo en el aspecto aún más académico que le daban aquellas gafas de montura de metal y el pelo canoso—. ¿Recibiste mi carta? Ellian había estado dos días en un congreso que se había celebrado en Holanda, por lo que no había podido explicarle en persona su decisión de volver a Londres. Como contárselo por teléfono le parecía de mal gusto y solo utilizaba el correo electrónico para cuestiones de trabajo, había optado por dejarle una carta en encima de su escritor

