Su aliento chocando en mi rostro me envía oleadas de ansias, un empujón más y estaré pegada a sus labios, pero luego la mente me traiciona, me dice a gritos que lo aleje, que me aleje, que haga algo, pero que no continúe con esto. Con un diminuto movimiento de mi parte para alejarlo, Abel me aferra más a él, mis manos sobre sus hombros, sus ojos se cierran, hago lo mismo, dejo salir una bocanada de aire y…
– ¡Auxilio! –escuchamos un grito que es repetido varias veces y cada vez más cerca. –Ayuda, ¡Mi perrito! –Abel y yo nos separamos y vemos a una jovencita correr apresurada, a nuestro lado pasa un perrito. – ¡Chispitas! ¡Por favor vuelve! –noto a la chica angustiada y sin esperar más, le entrego la bolsa de helado a Abel y corro detrás del perrito.
Sería una jodida mala suerte si llega a salir del parque, estamos rodeados de una avenida transitada y sería imposible que un coche se detenga. Corro con todas mis fuerzas, pero el condenado perro corre aún más, es joven y tienen unas enormes ganas de corretear por todo el lugar, algunas personas intentan detenerlo, pero continúa corriendo.
Me tropiezo y puedo sentir que quizás en solo segundos mi rostro estará plasmado en el concreto, pero logro estabilizarme y continúo. Un señor se atraviesa delante del perrito y yo lanzándome prácticamente como todo un beisbolista llegando a home, logro tomarlo en mis manos, mi respiración dificultosa, mis pulmones arden, intento estabilizar mi respiración, pero puta mierda, que he corrido demasiado.
– ¡Chispitas! –volteo a ver a la jovencita aliviada y casi a punto de derramar lágrimas, se acerca hasta mí y me sonríe. –Gracias, gracias... –Le sonrió y le entrego su mascota.
–Debes comprarle una correa más fuerte, son muy hiperactivos a esta edad y créeme no querrás pasar por esto nuevamente... –asiente y con una sonrisa me agradece nuevamente y se marcha.
Apoyo mis manos en mi rodilla y siento unas enormes ganas de reír, hace solo segundos estaba a punto de ocurrir algo, pero un perrito con muchos ánimos de correr lo evito. Estabilizo mi respiración y al subir la mirada veo a Abel con una sonrisa plasmada en sus labios, aparto mis manos de mis rodillas y lo enfrento. Le sonrió y en el momento que entregara mi bolsa con helados, su mirada pasa hasta mi brazo.
–Te has lastimado Pia... –señala mi codo derecho y si, llevo un horrible raspón, rojizo y con algo de sangre.
–No es nada, me limpio en casa... –asiente y me da una mirada entrecerrada.
– ¿Quieres que te acompañe? –un poco desorbitada lo observo y con un asentimiento, me sonríe. –Pues, vamos.
El camino de regreso al departamento se tornó muy, pero muy silencio, quisiera decir que fue incomodo, pero fue todo lo contrario. Ambos caminábamos en silencio, pero totalmente relajados, observo el edificio y desearía no vivir tan cerca del parque, unos pasos más y nos detenemos. Siento mi lengua picar, la muerdo muy fuerte para no decir nada estúpido, pero allí va el corazón hacer lo que le venga en gana.
– ¿Quieres entrar? –no sé por qué lo dije, no lo sé, últimamente he actuado muy fría y a la defensiva con Abel. –Si quieres claro... –sé que me dirá que no, en qué cabeza cabe que después de haberle tratado tan indiferente, aceptara así sin más.
–Claro, si quiero... –corazón se salta una latido fuerte y una sensación en la boca de mi estómago se asienta.
–Bien, ven.
Nos adentramos al edificio, tomamos el ascensor en otro silencio y llegamos hasta mi piso. Al abrir la puerta, le invito pasar, escucho el sonido de la música proveniente de la cocina y sé que se trata de Jema, veo sus zapatos en el suelo y abrigo en el sofá, ruedo los ojos al cielo y dejo salir un suspiro.
– ¡Joder Pia! ¡Necesito mi helado! –la escucho gritar y cuando llega a la sala, la sorpresa es tanta que no disimula. –Oh, ¡Rubio! –señala a Abel y de inmediato le saluda, a mí me da un corto abrazo y sonríe. –No tenía idea de que tendríamos visita... –volteo a verlo y él está entretenido viendo todo el departamento.
–Pues, si, acá estamos –comento y me adentro al departamento en su totalidad.
Desde que Cameron y Samantha se mudaron todo quedo a mi merced, lo decore a mi modo y le di mi toque bohemio y cool. Jema también aporto y en la sala están unos porta retratos de ambas en unas vacaciones a Grecia que nos regalaron sus padres, allí es donde esta Abel en este momento, observando las fotos.
Observo a Jema quien me da una mirada entrecerrada y con una sonrisa, se da media vuelta y antes de perderse por el pasillo se detiene.
– ¿Abel, te quedas a cenar? –Abel voltea a verla, me mira a mí y luego nuevamente a ella y con un leve asentimiento acepta la invitación.
Yo por mi parte guardare el helado que aun él tiene en sus manos, sin decir palabra alguna me pasa la bolsa y tomo camino a la cocina. Al abrir la nevera no puedo creer lo que veo, dos envases más de helado, volteo a ver a Jema quien está concentrada en lo que prepara.
– ¿Compraste más helado? –voltea a verme y niega.
–No para nada, es solo que utilice los envases para guardar comida y luego recalentarla.
–Jema, en alguna borrachera estaré tan cegada de alcohol que puedo confundirme y abrir uno de estos envases creyendo que es helado y terminare por comer... –abro el envase y hecho un vistazo. –Espagueti, ¡Esto es una maldad! –me sonríe y se encoge de hombros.
Me coloco a su lado y la veo preparar un salteado de carne y vegetales, el estómago se vuelve loco con el olor, pero al mirar se vuelve una revolución indetenible, le doy una mirada a Jema, sonríe, a veces creo que de verdad tiene problemas mentales.
– ¿De qué te ríes?
–De ti.
– ¿De mí? ¿Por qué?
–Dios Pia estoy flipando, el rubio está aquí, en nuestro departamento, es algo que no esperaba nunca, ¿Qué ha pasado? ¿Cómo es que esta aquí? –le cuento todo resumido, no menciono lo de nuestro acercamiento algo intenso porque gritara tanto que Abel puede salir corriendo a nuestra cocina preocupado. – ¿Dormirá contigo?
– ¡Jema! –ríe a carcajadas y niega.
–Eso ocurrirá muy pronto lo presiento, solo espero que no seas escandalosa.
– ¡Dios no puedo con tanto! Iré a curarme este jodido raspón –me saca la lengua y sin más salgo.
Después de terminar de limpiar mi raspón vuelvo a la sala, para evitar algún contacto con Abel comenzare a preparar la mesa. Por el rabillo del ojo lo veo acercarse y a mí me tiembla todo el jodido cuerpo, las piernas como gelatina en cantidades industriales, mi corazón acelerado como loco.
– ¿Puedo ayudar en algo? –su voz ronca me sobresalta y volteo a mirarlo.
–Ten...
Le entrego los platos y comienza a colocarlos sobre la mesa, busco los tenedores y vasos, él sin decir nada los toma entre mis manos y los comienza a colocar también en la mesa. Escuchamos desde la cocina que Jema avisa que la comida esta lista y luego aparece con la comida expendiendo humo por lo caliente, lo coloca sobre la mesa y después de buscar agua y jugo tomamos asiento.
–Espero te guste Abel, es agradable tener compañía, siempre solemos ser Pia y yo nada más, no nos molestaría tenerte muy seguido por aquí... ¿Verdad Pia? –el tonito de voz de Jema al preguntarme me hace tomar una bocanada de aire y asiento.
–Sí, no tendríamos problemas.
Paso a servirle comida a él y luego a Jema, sirvo para mí y estoy decidida a no decir nada, no quiero abrir mi boca y decir alguna estupidez. A veces no coordino cuando tengo Abel delante o alrededor de mí, y con lo que ocurrió en el parque mucho menos.
La cena se tornó agradable, Abel y Jema hablaban de cualquier tema, yo simplemente me dispuse a escucharlos y comer. De pronto el sonido de un móvil detiene la habladuría de los chicos y es el móvil de Jema, se disculpa y tomando la llamada se pierde por el pasillo, comienzo a recoger las cosas y cuando estoy por tomar el plato de Abel toma mi mano. Su pulgar acaricia un poco y subiendo alzando la mirada encuentro sus azules.
– ¿Harás algo mañana? –me toma fuera de base y me encojo de hombros.
–No lo sé, ¿Por qué?
–Quería invitarte a comer... –enfoco aún más mi mirada en él. –Olivia desea verte... –sonríe y yo hago el intento.
– ¿Ella como esta? –la tensión se apacigua un poco y él sonríe.
–Bien, en este momento debe esperar por mí, le gusta que le lea antes de dormir... –me hace sonreír, es demasiado tierno, me gusta. – ¿Y bien, que te parece? –Abel está siendo más directo, no sé si fue por lo del parque, realmente no lo sé.
– ¿Te llamo?
Escuchamos la voz de Jema y él asiente, termino de recoger las cosas y la vemos venir dando saltitos de felicidad, termina la llamada y enfoca su mirada en mí.
–Moquito, mañana tendremos una fiesta en la playa, es el cumpleaños de Bianca, no podemos faltar... –escuchar eso me lleva a ver a Abel y viéndome fijamente asiente y sonríe.
–Debería marcharme antes de que se haga tarde...
Se levanta de la silla y toma sus cosas, Jema se encargara de recoger la mesa mientras acompaño a Abel a la puerta. Ambos se despiden y salgo junto con él, nos detenemos en el ascensor, ni él me mira, ni yo tampoco, él no dice nada, yo mucho menos, las puertas se abren y al ver que no sube se vuelve a cerrar, volteo a verlo, él ya me observaba.
–Olvida lo de la salida...
– ¿Qué?
Se da media vuelta y se dispone a bajar las escaleras, y aquí señores es donde vuelve la extraña manera de ser de Abel. Lo veo bajar apresuradamente las escaleras, y me quedo hecha un ovillo desastroso.
¿Qué hice mal? Yo ni siquiera confirme lo de la fiesta, pude muy fácilmente llamarle al siguiente día y decirle que aceptaba, pero realmente detesto esta manera de Abel de hacer las cosas, quiero comprender lo que intenta, pero jodida mierda, no sé cómo.
…
– ¡Que emoción! –escucho a Jema corretear por todo el departamento, yo estoy en el sofá con un libro en mi regazo.
La voz de Amy Lee escuchándose por el lugar, me sumerjo más en el edredón y continúo leyendo.
Jema esta con su vaivén de prepararse para la fiesta, yo estoy echada, si iré, pero no tengo el problema de Jema de no saber que bañador usar, siempre elijo el primero que veo. Así que mientras que Jema se prepara, prefiero leer un rato, pero cuando llevo leída unas diez líneas, la actitud de Abel ayer por la noche me vuelve de golpe.
En cuanto entre a casa le conté a Jema todo lo que había ocurrido, estaba emocionada con todo lo del parque, pero cuando le comente lo de la actitud de Abel en cuanto se marchó, ella también quedo en las mismas. En ocasiones me demuestra interés, pero de pronto las hecha a un lado, me puse a pensar en si yo actuó de esa manera, pero no, desde que nos volvimos a ver me he mantenido alejada, sin darle a entender lo que siento por él ni nada, soy un desastre.
Escucho mi móvil sonar y pesarosa lo tomo de la mesita, veo que es de un número desconocido, asustada pienso entre contestar o no, realmente no sé por qué siempre tengo esa manera de reaccionar al ver una llamada de cualquier número que no tengo registrado.
– ¿Si? ¿Diga? –escucho una risita del otro lado de la línea y bufo al saber de quién se trata. – ¡Oh! Ahora las defecaciones llaman al móvil... –una risotada de Noah y yo no sé por qué, pero sonrió.
–Qué manera la tuya de recibir una llamada, mocosa insolente... –vuelve a reír, no digo nada. – ¿Qué haces?
– ¿Qué te importa? –tomo un suspiro y vuelvo hablar. – ¿Qué quieres?
–Quiero verte, salgamos... –ahora soy yo quien ríe con todas sus fuerzas, no comprendo esta manera demandante de Noah.
–Jodete, Noah Malyk.
Cuelgo la llamada y dejo el móvil a un lado, escucho que vuelve a sonar y lo ignoro, en eso se pasan unos quince minutos y luego deja de fastidiar. Veo a Jema volver a la sala y al verla no puedo evitar reír a carcajadas, lleva un vestido playero, un sombrero y sus lentes de sol, su cabello alborotado y una sonrisa amplia.
–Jema, faltan como dos horas para irnos... –se encoje de hombros.
–Ve arreglarte, iremos por unas cosas antes de tomar camino a la fiesta en la playa.
– ¿Qué estas tramando? –se encoge de hombros y sonriendo se sienta a mi lado.
–Nada, de verdad, no iremos con las manos vacías, aunque sea algo de tomar debemos llevar… –en eso tiene razón y sin más, totalmente pesarosa levanto mi trasero y tomo camino a arreglarme.
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Un vestido a la altura de mis rodillas, con varias tiras cruzadas en la espalda, color verde y algunas flores estampadas. Oculto mi bañador de pieza completa, aunque tengo un cuerpo que lucir no soy muy amante de hacerlo, me encantan los diseños de bañadores completos así que elegí mi favorito de color naranja y blanco, unas sandalias tipo gladiador y mi cabello recogido en media cola.
Un ligero maquillaje porque simplemente vamos a la playa y de nada sirve que me maquillaje estrambótica, tomo las cosas más importantes y tomando mis lentes de sol salgo al encuentro con Jema.
Solo tarde unos 45 minutos arreglándome así que ya lista para la salida, me detengo delante de mi compañera, me da ambos pulgares arriba entre risas y eufóricas salimos del edificio.
Le di las llaves del coche a Jema, en el puesto de copiloto y con la brisa golpeando mi rostro, me recuesto y tomando una bocanada de aire esbozo una sonrisa. De verdad, todos tenían razón, merecía unos días fuera del trabajo, merecía un maravilloso descanso, y para eso está Jema, quien hace de todo por sacarme de la madriguera.
En el trayecto a la playa se nos pasa un largo rato, Jema se baja en cualquier lado para comprar comida y bebidas, se empeñó en que debía comprarse un flotador, yo esperando algo decente ella opto por un inflable de unicornio, no lo ha llenado y ya puedo ver el entusiasmo que lleva.
Al llegar no puedo evitar sentirme un poco triste, quizás decepcionada conmigo, ni siquiera lo sé. Creo que la situación con Abel cada vez se torna más rara, más confusa, quería, realmente quería tener esa salida con él y Olivia, de verdad esa niña es un amor, me gusta lo inocente que es, lo dulce, pero no quería ser tan obvia, no quería darle entender a Abel que soy una desesperada, luego todo se tornó, jodido.
– ¡Chicas! –Bianca viene hacia nosotras sonriente y con un hermoso bañador, su cabello pelirrojo en una cola alta y un ligero maquillaje que resalta sus ojos mieles, la conocemos gracias a que la familia de Jema y la mía son muy buenos amigos de los suyos.
– ¡Feliz cumpleaños! –decimos al unísono Jema y yo, le entregamos el obsequio que ambas compramos y le damos un abrazo.
–Gracias por venir, por fin te veo la cara Pia, me sorprendí mucho cuando Jema me dijo que si podrías venir, gracias de verdad... –le sonrió y le doy otro abrazo.
–Deseo que te guste nuestro regalo, intentemos mantenernos más comunicadas... –asiente y nos sonríe.
Nos invita a sentarnos, dos toldos unidos nos da la sombra necesaria para evitar un poco el sol ardiente que hace en este momento, saludo a otros conocidos y luego de que Jema saludo a Raimundo y todo el mundo se sienta a mi lado. Moviendo sus hombros al ritmo de la música que tiene el Dj me sonríe de lado, me entrega un vaso y comienza a servir nuestra bebida.
–Necesito con urgencia mover mi trasero de un lado a otro... –dice al tiempo que toma un sorbo de su bebida, rio al verla arrugar su cara.
– ¿No es suficiente con lo que lo mueves en casa? –sonríe y niega.
–El merece agitarse cada día, es algo necesario, lo siento... –se encoge de hombros y yo no puedo evitar reír con las ocurrencias de la morena.
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La tarde se iba pasando entre risas y baile, Jema fue tan mala que puso a cinco chicos a llenar su flotador de unicornio, ella emocionada no tardo y se metió en la playa subida en esa cosa. Luego la tuvieron que rescatar por que se había ido algo lejos, ella no se quejó porque los chicos realmente están muy buenos, yo estoy hablando con unas chicas mientras que la morena está ligando con uno de sus salvadores.
El vestido fue despojado a las dos horas de haber llegado, ahora me siento más libre sin tanto encima de mí, de verdad que el calor que hacía temprano no era normal. Ya siento el alcohol apoderarse de a poco de mi cuerpo, aunque antes no era tan tolerable, el vivir con Jema ha cambiado, la condenada es una ama a la hora de tomar y me ha enseñado mucho. Enfoco la mirada en ella y la veo caminar lejos del chico con su móvil pegado en la oreja, no le doy mucha importancia y continúo con las otras chicas.
El tema que siempre sobre sale en conversaciones de amigas que tienes tiempo que no ves son sobre las relaciones. Solo yo y unas cuatro más somos las únicas solteras, sin mencionar a Jema, porque por lo que hemos visto en todo el rato quizás y por fin se interese en alguien, y es en el guapo castaño y piel pálida con el que tiene rato hablando, vuelvo a mirar en su dirección y ya no habla por el móvil. Sé que siente mi mirada y al verme me lanza un beso, lo tomo con mi mano y lo estampo en mi trasero, ríe a carcajadas, yo igual.
Las luces de los toldos son encendidas, ya el sol comienza a descender y nos da una maravillosa vista, me quedo embelesada en el cielo y el recuerdo del parque se cruza por mi mente. Sacudo mi cabeza y alejo ese pensamiento, los gritos de Jema comienzan a escucharse y al voltear la veo venir hasta mí mientras baila, Slumber Party de Britney Spears es una de las tantas canciones que encienden a Jema, ella no puede evitar bailar, sería una muerte súbita para ella.
Al llegar toma mi mano y me lleva hasta donde se encuentran los demás invitados, todos comienzan a bailar. Con nuestras bebidas en la mano, chocamos y nos damos un trago a fondo blanco, todo el alcohol pasa por mi garganta, pero estoy hasta el tope de licor que ni siquiera me quema. Un chico me toma de la cintura y comienzo a bailar con él, mi mirada se pierde en solo segundos al ver que están por encender una fogata, luego vuelvo mi mirada al chico y sonriente me mira, me entretengo bailando.
Enredo mis manos detrás de su nuca y él aferra sus manos en mi cintura, todos gritan y ríen, Jema grita a todo pulmón mientras canta, yo continuo en lo mío, bailando. De pronto llegan unos cuantos chicos con pistolas de agua y comienza a rociarnos con ellas, esto se volvió un desastre y sé que Jema está flipando a más no poder, siempre se jacto diciendo que las mejores fiestas son las europeas, y en esta alejada ciudad, sí que sabemos divertirnos.
Jema toma mi antebrazo y al voltear a verla tiene una de las botellas en sus manos, se lo que trama y sin esperar que me grite abro mi boca. Una cierta cantidad de alcohol pasa por toda mi garganta, doy un grito y comienzo a reír, suelto al chico y cuando la canción es cambiada por Dirty Vibe de Skrillex, entre brincos y risa bailamos todos.
Paso alrededor de Jema mientras meneo mi cintura al ritmo de la canción, luego sin más, enfoco mi vista en un rubio con las manos dentro de los bolsillos delanteros de su short playero y cerrando mis ojos con fuerza y sacudiendo mi cabeza abro nuevamente mis ojos.
–Estas alucinando, Pia.
Tomo una bocanada de aire e intento reincorporarme, me giro sobre mis pies entre todas las personas a mi alrededor y cuando lo vuelvo a ver a solos unos cortos pasos de mí, comienzo a reír, sé que me estoy volviendo loca, lo sé.
Todo se desvanece a mí alrededor, las voces, los gritos, el gran bullicio de la fiesta, me quedo inmóvil mientras lo observo, no debí tomar de esta manera, no debí hacerlo. Cierro nuevamente mis ojos y contando hasta diez en mi mente abro mis ojos y esta tan cerca de mí que subo con lentitud mi rostro, lleva el ceño fruncido, sus labios son una línea recta, sus azules son intensos.
– ¿No estoy alucinando? –niega. – ¿Qué haces aquí? ¿Quién te dijo dónde estábamos? –voltea y señala a Jema quien ahora está pegada a los labios de su salvavidas. – ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Ok debo dejar de hablar –bajo la mirada, bufo y vuelvo a mirarlo. –Abel lo siento, ¿Vale? Realmente estoy estresada con toda esta situación, intento comprenderte, pero tu vienes y vuelves actuar todo distante y yo no comprendo, es eso o soy yo quien esta imaginando cosas, quien se está volviendo loca... –le miro fijo, me cabrea que no hable, ¿Vino hasta aquí para no hablarme? –Joder, sabes que, mejor olvídalo, todo lo que dije, olvídalo.
Paso a su lado, salgo de entre la multitud y tomo camino, ¿A dónde? No tengo idea, pero camino sin rumbo fijo. Con mis pies enterrándose en la arena que ahora está fría, froto las manos en mis brazos, fue una mala idea, solo estoy con mi bañador y no tengo nada con que cubrirme.
Escucho unos pasos acercarse rápidamente hasta mí y al voltear lo veo caminar apresurado. Se detiene a una distancia considerable y luego comienza a caminar lentamente, al detenerse delante de mí rodea mi cuerpo con una toalla seca y sus manos bajan por mis brazos. La yema de sus dedos me envía una corriente por todo mi cuerpo, cierro mis ojos y quiero que esto sea una alucinación.
– ¿Cuánto has bebido? –susurra, su voz ronca, abro mis ojos y lo observo.
–Lo suficiente...
– ¿Lo suficiente para qué? –el tono de su voz me deja saber que esta algo cabreado. – ¿Para dejar que un chico baile de ese modo contigo? Tan pegado a ti, tan...
–Solo es un baile, por Dios, estas peor que Cameron.
–Él es tu hermano, yo soy… –me acerco un poco tambaleante y enfoco mi mirada en él.
–Dilo, ¿Qué eres tú? –me mira fijo, no dice nada y vuelvo a sentirme cabreada. –Un idiota Abel Furler, eso eres, nadie te pidió a que vinieras a una fiesta de jóvenes... –eso lo hace soltar una risotada arrogante y toma mis mejillas algo fuertes.
– ¿Estás diciendo que soy un viejo? –me encojo de hombros. –Créeme que yo, que soy un poco mayor que tú, podría hacerte sentir mejores cosas que la masa de idiotas que te rodean de tu misma edad... –el corazón da un vuelco y las piernas se me debilitan, todo en mi arde y quiero provocarlo aún más.
– ¡Ah sí! A ver ¿Cómo qué? –escupo y una sonrisa arrogante se me forma en los labios.
–No me retes, Pia Tanner.
–Lo hago, Abel Furler, ves, no eres más que un cobarde, prefiero a los de mi edad por que se juegan a todo, no como tú, que no eres más que un viejo decrepito y que no se arriesga a nada.
– ¡Oh vaya! ¿Viejo decrepito? ¿Cuántos años crees que tengo? –exclama, sus manos pasan a estar de mis mejillas a mi cintura, se aferra tanto. – ¿Continuaras retándome? –asiento levemente, sonríe de lado, acerca mucho su rostro al mío, comienza a rozar su nariz con la mía, eso me pone el corazón acelerado, me hace jadear, por pura inercia mis labios se entreabre, su respiración choca con mi labio superior. – ¿Y bien?
– ¿Por qué tardas? –susurro, suelta una risita.
–No pretendo besarte... –cierro con fuerza mis ojos y tomando tantas fuerzas de mis manos, lo empujo.
–Ya déjame tranquila, ¿Quieres? –quito la toalla de mi alrededor y se la aviento, me doy media vuelta y continuo mi trayecto. –Tan ilusa tú Pia, ¡Dios! Es que todo te pasa por ilusa. –y de la nada su mano toma mi antebrazo, con un jalón fuerte me hace girar sobre mis pies y quedo pegada a su pecho, sus manos vuelven a mis mejillas y choca mi frente con la de él.
–Pretendo mucho más que besarte Pia, por que tenerte de esta manera me está ardiendo todo por dentro y créeme que no pasara lo mismo que el parque.
– ¿Qué cosa?
Y así sin más, sus labios se unen a los míos, con un beso fuerte y lleno de anhelos Abel me besa. Mis manos rodean su cuello, sus manos rodean mi cuerpo y como locos nos besamos. Le doy paso a su lengua la cual roza con la mía, sus dientes muerden mi labio inferior, un leve gruñido sale de sus adentros, un jadeo de mi parte. Intento separarme, pero él lo evita apretujándome más a él, me alza en sus brazos y rodeo su cintura con mis piernas, enredo mis dedos en su cabello y al cabo de unos segundos, logro separarme un poco para recuperar la respiración y nos miramos fijo.
–Que sea primera y última vez que cortas un beso nuestro de esta manera, pequeña… –asiento y sonrio, le miro a detalle y acercando mis labios a los suyos, lo vuelvo a besar.
Mordiendo, saboreando lo que tanto anhelaba, lo que tanto deseaba desde hace tiempo. La fuerte brisa nos tambalea un poco, pero él se aferra a mí, yo a él y los latidos de mi corazón son tan fuertes que me duelen.
–Abel... –susurro en medio de nuestro beso. –Que sea primera y última vez, que me dejes esperando por algo que tanto había anhelado.
– ¿Ansiabas besarme? Porque yo sí...
–Mucho, lo quería mucho –sonreímos.
– ¿Y? ¿Soy un viejo decrepito ahora? –me rio un poco, niego.
–Eres mejor que eso, rubio.
Y con nuestra mirada fija el uno con el otro, la luz de la luna, la brisa fría y el sonido de las olas del mar, mi corazón late como loco, al igual y que estoy muy segura, a Abel, le late el corazón como a mí, si, como a mí.