Al abrir la puerta, me encontré con un extraño escenario. Leandro estaba sentado, en un sofá de pallets improvisados que habíamos hecho hace unos años atrás. Tenía varias botellas a su alrededor, aquello me pareció sorprendente, Leandro no era alguien que tomara. Comencé a rodearlo con lentitud, temerosa de lo que podría encontrarme. Leandro tenía la mirada perdida hacia las estrellas, en su mano izquierda llevaba una botella de whisky: la cual estaba un poco más de la mitad. Tal vez no estaba tan ebrio, aunque no lo sabía. Me acerqué a su lado, hasta llegar a sentarme, solo se podían escuchar los sonidos de los coches tocando bocinas y los grillos, nada más. —Leandro… ¿estás bien? — quise saber algo confundida por su actitud. — ¿Nat? — me mencionó, intentaba enfocarme, al parecer no ve

