—Una más —dijo Nahuel para después sonreír. —Una sería una casualidad, pero dos, eso ya sería afirmación.
Mire a Nahuel, el estaba muy emocionado viendo la ruleta girar, ¿Qué diablos le pasa?
—¿De qué hablas? —preguntó Jane confundida. —¿Afirmación?
—Hay algo que tienes que saber.
Estaba muy nerviosa, pero en verdad ella necesita saberlo, aún más por lo que acababa de hacer.
Desvíe mi mirada a la ruleta, está estaba por detenerse, cada qué pasaba por lo nombres, mi corazón latía más y más fuerte.
Al terminar de girar, está se detuvo en el nombre de Mily.
—¿Quién es Mily? —pregunte inmediatamente.
—Mi amiga, ¿Por qué?
—Jane, ella va a morir —dije asustada. —La ruleta es mala.
Jane comenzó a reír mientras nos observaba.
—Buena broma Elena, pero no te creo, una ruleta asesina, ¿Enserio?
—Tienes razón, tu hermana solo intenta asustarte —mencionó Nahuel.
—Claro que no, es real, nosotros matamos a César, no fue nuestra intención, solo queríamos ver si en verdad funcionaba —dijo Juan asustado.
Saqué mi celular inmediatamente, buscar la tonta historia que Nahuel nos había mostrado no era difícil, rápidamente la encontré.
—Mira —dije mientras le entregaba el celular a mi hermana, quién seguía sonriendo como si tratáramos de hacerle una broma.
Mire la ruleta, está tenía el nombre de Aylen, María y Mel.
Aún no puedo creer lo que hace está ruleta, es algo diabólico, ¿Que secretos escondes? La ruleta estaba ahí, sin girar, es igual a todas las ruletas que existen, no entiendo cómo fue a parar en esa casa, justo en nuestra ciudad.
—Elena, no puede ser real, no lo es —dijo Jane molesta.
—Si Mily muere, estaremos descubriendo la realidad de la ruleta —mencionó Nahuel, no puedo creer lo emocionado que está, asesinamos a César, no puedo estar así, él no se lo merecía.
—Lo es Jane, es real, ayer giramos y el nombre de César fue elegido, esta mañana lo encontraron muerto.
Jane salió rápidamente del sótano, parece que estuviera en shock, pero no la juzgo, ella no sabía lo que hacía.
—¿Creen que debamos buscar a Mily? —preguntó José.
—No, no podemos estar cerca de ella —dijo Paola asustada. —Puede llevarnos, me refiero a que si algo o alguien la mata, podría hacernos lo mismo, solo hay que esperar.
Tomé la ruleta y quite los papales con los nombres, los hice bolita y los arroje al suelo, no quiero que sigan pasando cosas malas.
—¿La quemamos? —pregunte.
—Si es algo diabólico, yo creo que sí, aunque no estaría mal venderla a algún museo —dijo Juan.
Entonces así termina esto, con una víctima más, al menos no fueron más, siempre hay que ver el lado positivo.
Me acerqué a la ruleta y la tomé.
—Esta cosa no puede estar en malas manos, no podemos dejar que nadie más la use, hay que quemarla —dije.
Camine a la salida del sótano, tener esta cosa en mis manos, en verdad me hace sentir escalofríos horribles.
—¡Elena! —gritó mi hermana desde la puerta principal de la casa.
Rápido le entregué la ruleta a Nahuel y corrí hasta allá.
Al llegar a la puerta, había una chica frente a Jane, ¡Oh por Dios! Es Mily.
—¿Qué hace aquí? —pregunte asustada.
—Yo la invite ayer —dijo Jane, ella estaba muy nerviosa.
Mire a Mily, ella para nada actuaba extraño, parecía que ella estaba bien, quizá todo fue una coincidencia.
—¿Por qué no está muerta? —preguntó Paola.
—Ahora entiendo lo que me contaste, los amigos de tu hermana si son raros —dijo Mily para luego comenzar a reír.
—Vete Mily —dijo Jane secamente. —No es buen momento.
Mi corazón comenzó a latir, pues antes de que Jane cerrará la puerta, algo en Mily cambio, eran sus ojos.
—¿Vieron eso? —pregunte asustada.
Jane abrió nuevamente la puerta, ahí seguía Mily, parecía que estaba siendo poseída, sus ojos ahora estaban completamente blancos.
—¡Cierra la puerta! —gritó Victoria aterrada.
Jane azotó la puerta en la cara de Mily, mis manos estaban temblando, ¿Qué rayos pasa? Lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, no quiero morir, no estoy lista.
Me aleje un poco de la puerta, tratando e asimilar lo que estaba pasando.
—¿Que fue eso? —preguntó Jane asustada, su respiración también estaba agitada. —La ruleta es real.
—No podemos dejarla afuera, tenemos que ayudarla —dijo José molesto.
El rápido empujó a Jane a un lado y abrió la puerta, Mily tan solo permanecía frente a la puerta.
—¡Mily! —gritó José. —¿Estás bien?
Esta no respondía, tan solo permanecía con sus ojos blancos, hasta siento que me observa a mí, pero yo no soy la culpable.
Mily dio un paso enfrente, la mire, ella comenzaba a mover sus manos, luego tan solo comenzó a gritar.
—¡Ayúdame Jane!
Ella comenzó a entrar a la casa, su aspecto estaba mal, ella comenzó a golpearse contra la pared repetidas veces, yo no sabía qué hacer, tengo miedo.
—¡Mily detente! —gritó Jane.
Mily seguía golpeándose contra la pared, incluso ya tenía sangre en su rostro.
Ella comenzó a correr hasta la sala de mi casa, y se dejó caer en la mesa que estaba al centro, la cual se hizo añicos cuando cayó encima.
—¿Qué rayos acaba de pasar? —preguntó Victoria.
Victoria se acercó a Mily, movió un poco su cabello, el cual cubría su rostro, al moverlo, mire como un gran vidrio atravesaba por su ojo.
—¡Dios mío! Algo está ligado a esa ruleta, esa cosa te obliga a dañarte.