Juegos Peligrosos Valentina La mañana había comenzado de manera completamente normal, lo cual, en retrospectiva, debería haberme puesto alerta inmediatamente. Llegué a mi oficina a las 7:30 AM como siempre, con mi café y mi agenda perfectamente organizada. Pero al abrir la puerta, el aroma dulce y empalagoso de las gardenias me golpeó como una ola de nostalgia no deseada. —¡Oh, por favor! —escuché la voz exasperada de Chloé desde recepción—. ¡Otra vez no! En mi escritorio descansaba un ramo de gardenias blancas tan perfectas que parecían artificiales, acompañadas de una tarjeta en papel crema que no necesitaba leer para saber de quién venía. —Déjame adivinar —dije, colgando mi abrigo—. Dr. Marcus Wellington, nuestro eterno enamorado. —¡Exacto! —Chloé apareció en la puerta de mi ofi

