Control Perdido Damián Salí de ese maldito consultorio como si el diablo me persiguiera. Mi Camaro rugió al cobrar vida, pero ni siquiera el sonido del motor pudo ahogar el caos que rugía en mi cabeza. Había perdido el control por completo durante esa sesión, y eso me aterrorizaba más que cualquier amenaza empresarial que hubiera enfrentado. Valentina Montclair se había quedado grabada en cada terminación nerviosa de mi cuerpo como una marca que no podía borrar. La manera en que había cruzado las piernas mientras escribía en esa maldita libreta. Cómo su lengua había asomado ligeramente cuando se concentraba. El sutil aroma de su perfume que había llenado mis pulmones cada vez que respiraba. Y sus ojos. Esos ojos dorados que me habían visto directamente, sin el filtro de miedo o adula

