02: El lobo.

2268 Palabras
El sol cada vez se coloca más alto en esta tediosa oficina, la verdad que se acerca el verano es algo completamente innecesario, siempre he sido alguien que le gustan las temperaturas frías, y detesto con gran significado lo que es el calor abrasador que atrae el verano. He escuchado hablar al director tantas horas que ya ni siquiera sé si me está interrogando, o me está regañando como un puberto de secundaria, aunque mis acciones últimamente no son lo que tendrían que ser las de un hombre de 40 años, pero eso es algo que es completamente debido al mismo sentido aburrido que lleva la vida. La vida cada vez más parece perder su significado, o eso creía yo, nunca se sabe cuando esta misma te dé una fuerte bofetada en la cara diciéndote que simplemente estás arruinando tu vida por decisión propia. ¿Acaso pensaste que todo te llegaría tan fácil? ¿Acaso creías que tu juventud duraría para siempre? La juventud es algo relativo, sinceramente he visto personas de 60 años haciendo cosas que las personas de 20 no hacen, eso influye mucho en lo que podremos decir es la parte mental de nuestro cerebro, como nosotros nos vemos a nosotros mismos, y cómo queramos adoptar ciertas situaciones. Aunque ¿Podría llamarle así a ella? ¿Una situación? No, creo que nunca podría darle un nombre tan banal y vago, a algo que fue sorprendente e irrevocablemente magnífico. Como cada una de esas situaciones en las que ambos nos enredamos, nos hacíamos llegar mutuamente a experiencias que nunca creímos haber cometido, yo siendo alguien completamente nuevo para ella, o tal vez demasiado viejo, y ella siendo algo tan flamante y vívido, como lo sería una joven, tan inmensurablemente, magnífica, lleno de ese elixir al que llamamos vida, desbordando encantos solo perceptibles para aquellos ojos lo suficientemente atentos. Me siento como un niño castigado por simplemente haber tomado un juguete que le gustaba, siento que el director en este momento es mi madre regañándome por tomar algo que no me pertenecía, pero el problema está en que ella me pertenecía, era solamente mía, y hubiese querido arrastrarla hasta un lugar en que nadie la conociese, así simplemente se quedaría ahí, para mi magnífico deleite, para que solamente yo escuchara sus canciones inventadas, para que solamente yo, viera el increíble color gris de sus ojos, no como los míos, que son de un gris bastante opaco y sin brillo, sus ojos en comparación con los míos son algo que el mismísimo altísimo pudo haber tardado días en diseñar, porque tal vez sabía aquella persona bíblica que esos ojos serían mi perdición, que esos ojos serían mi tesoro más oscuro y secreto, por eso decidió darme un buen castigo por decir simplemente fijarme en un fruto tan prohibido como ella. Vaya castigo a mi parecer, creo que sinceramente mandó una de sus diosas del cielo a mi lado, o tal vez sea un ángel, pero la verdad, su apariencia no tiene nada que ver con su verdadera esencia, esa esencia tan abrasadora, tan irrevocablemente traviesa, tan ferozmente consumidora, y tan dichosamente sensual. La falta de nicotina hace que mis manos empiecen a tamborilear sobre sobre mis piernas, mientras que sigo escuchando el detallado de discurso del director sobre la moralidad y el código de ética, como aún no ha empezado con dicho interrogatorio decido decirle que me disculpe y qué voy a tomar una de mis cigarrillos, porque de verdad se está tardando un tiempo verdaderamente tedioso y molesto, lo cual me parece absurdo tener una introducción tan larga para realizar simples preguntas. La verdad ya quisiera irme. Aunque, pensándolo bien no sabría muy bien qué hacer en mi departamento, estaría solo y estar conmigo mismo y mis pensamientos en estos instantes es algo completamente peligroso para mente y mi cuerpo. Me levanto de la silla al ver su extraña mueca de frustración en su rostro, simplemente salgo, subo las escaleras hacia la azotea del edificio; el sol a pesar de ser bastante fuerte a esta hora de la mañana, no es tan molesto como pensé que sería. Hay bastante brisa y puedo sentir que se aproxima una tormenta, por el olor de la tierra mojada que se extiende por mis fosas nasales. Me siento en la azotea, mis pies cuelgan de lo que es el edificio, mis ojos observan cómo una gran parte del alumnado sigue fuera, tal vez ni siquiera ha sonado la campana, la verdad no me he dado cuenta de ello. Los de primero y segundo año siguen en el jardín, o lo que sería la parte frontal del instituto, todos llevan su uniforme, el cuál no ha cambiado con el de verano sino que todavía llevan esas camisas largas y esos chalecos del periodo pasado. Seguramente deben estar propensos a un gran golpe de calor si siguen con esos uniformes. Observó como unos cuantos se percatan de que estoy en la azotea, pero no realizan otra acción más que saludarme con la mano y seguir su camino, lo cual agradezco, de verdad no soportaría que un estudiante se me acercara a preguntarme cosas en este momento. Tomo uno de los cilindros llenos de nicotina que están en el cajetín, lo observó un largo momento para saber que me matará primero, si yo mismo, o un cáncer de pulmón, aunque sigue el mismo ciclo de hacerme daño constantemente. Tomó mi mechero del bolsillo, y enciendo aquel objeto que en algún momento será mi ruina, si no es que yo mismo ya me he adelantado ha arruinarlo. Inhalo profundamente dejando que mis pulmones se llenen del bastó humo dañino que me hace sentir un poco más tranquilo. Observó el cigarrillo en mis largos y pálidos dedos y confortablemente pienso en la forma en que empecé a fumar, no fue para impresionar a nadie, ni seguir una moda de aquellos tiempos, solamente tenía un amigo en aquel momento, que realmente no era más que un conocido, fue el que me lo recomendó, y muy rápidamente se convirtió en otra adicción aparte de mis placeres carnales. Recuerdo que estaba en mi segundo año de universidad, cuando tenía toneladas de exámenes acumulados, tareas, viajes y un gran itinerario por delante, pero tenía que saber organizarme y no ahogarme en toneladas de papeles y formularios que necesitaba entregar en esas próximas semanas. Estaba agotado, estaba sin energía alguna, solamente quería posar mi cabeza unos cuantos segundos sobre mi almohada para sentir que estaba durmiendo, pero la misma ansiedad no me dejaba dormir, porque no soy una persona que está dispuesta a fracasar cuando se propone algo y mucho menos dejar trabajo tirado. Evidentemente lo logré, aquí estoy completamente graduado, con una maestría y un doctorado, sonará impresionante pero la mayoría de las personas hacen eso, a no ser que no les guste lo que hacen, para mi desgracia, a mí me gusta lo que hago, eso es algo que aún tengo claro. Recuerdo que aquella mañana había presentado cinco exámenes seguidos, ya no recuerdo de qué fueron, pero sí recuerdo que hubo uno con 49 preguntas, y la verdad que un examen tenga 49 preguntas sigue pareciéndome una reverenda idiotez de parte de un profesor universitario. ¿Que tan jodida tiene que estar tu vida para que quieras j***r la de otras personas jóvenes que solo intenta sobrevivir? No yo siendo maestro de preparatoria puedo imaginarme eso, sí hay maestros actualmente que siguen usando esos mismos métodos arcaicos y tan despreciables para los alumnos. En aquel momento simplemente quería echarme sobre la colcha de mi cama, mientras que el lado de mi habitación era todo un desastre, lleno de papeles y libros, el otro lado se encontraba moderadamente tranquilo. Estaba compartiendo habitación en ese momento con un estudiante de tercer año, decían que el tercer año era como un descanso para que la carrera no se te hiciera tan fatigosa. Decido no acostarme a dormir ese día, y arreglar todos mis papeles, la vista me dolía y solamente pensé en que había consumido una tostada con mantequilla en la mañana, pero no tenía tiempo para pensar en comer ya que tenía otros 5 exámenes en la mañana, 6 si contamos en el que era por la plataforma de la universidad. Después de acomodar unos cuantos libros, por lo menos ya había logrado que a mi cama se le viera la colcha y no los papeles, me senté sobre ella y coloqué mis manos sobre mi cabeza analizando cada cosa que tenía que hacer, una y otra vez para verificar que ninguno se me pasara por alto. La puerta de mi habitación había sido abierta en ese momento, el estudiante de tercer año que en ese instante yo pensaba que era mi amigo, me observa de manera bastante divertida. En ese momento tuve que saber que ni siquiera era un conocido, pero era una persona joven que estaba en un lugar nuevo y no me podía cerrar la idea de simplemente conocer personas, ojalá lo hubiera hecho, pero el punto no es ese en estos momentos. Aquel estudiante avanzado me miraba tan divertido, y solamente recuerdo que me dijo que: — No te preocupes,solamente es en este periodo. Yo no sabía qué hacer con tanto estrés acumulado y ansiedad, así que simplemente le dije : — No me molestes, voy a comprar algunas cosas. Con algunas cosas me refería a bebidas energéticas y barras nutritivas para compensar un poco el almuerzo que no iba a comer y probablemente tampoco la cena. El chico me tomó del brazo y me dijo: — Tengo un tip para la ansiedad; le pregunté: — ¿Cuál era? Como una persona que nunca había escuchado un engaño tan grande, él buscó en sus bolsillos y saco una cajetilla de cigarrillos, yo lo miraba confundido, sabía que el fumar no era algo tan bueno para mi cuerpo, pero él simplemente me dijo: — Si quieres despertarte más, no tener tanta hambre, y que se te vaya la ansiedad, esta es un de tus mejores opciones. Me dio cuatro cigarrillos, en ese mismo instante, uno era para practicar, y los demás si me seguían gustando. En ese momento solamente lo veía como una broma, y le respondí que: — No tomaría ninguno de ellos; aquel hombre insistió y simplemente dijo que: — Inténtalo una vez, al principio te ahogara y tus ojos lloraran si no estas acostumbrado. Obviamente no estaba acostumbrado a eso, sin embargo, aún así fuí llevado por por la tentación como lo hizo la Caperucita con aquel lobo feroz, yo siendo el nuevo sucesor de la Caperucita, seguí las instrucciones que aquel lobo me estaba dando, sobre cómo consumir aquel cilindro de nicotina, me explicó cómo retenerlo, como expulsarlo, y para una persona que estaba teniendo tantos exámenes al día me pareció simplemente facil, así qué hice todo lo que él dijo y la primera calada de aquel cigarrillo me pareció el arma mortal más gigantesca del mundo, mi garganta se quemó, sentía como el humo estaba en los pulmones parecía fuego en mi interior, tosí muchas veces y bebí agua, en aquel momento mientras él se reía yo simplemente le decía que era un imbécil, un deserebrado, y un idiota, mi reportorio de insultos y blasfemias era bastante corto, no comparado con el de ahora. Aquel hombre se disculpó y simplemente dijo que lo volviera a intentar, al terminar aquel cilindro estaba mareado, pero me sentía bastante bien, no sentía estrés alguno y evidentemente no tenía sueño, ahí fue donde comenzó todo con mi vicio al cigarrillo. Evidentemente, aquel chico no me obligó, y aunque se que algún día moriré por esto, es mi propia elección, ya que desde hace muchos años no me está guiando el lobo a un destino desfavorable, en cierto punto me emancipe de cada maldito lobo que creía poder manipularme, y sin darme cuenta me volví uno. Muchas ocasiones escuché la metáfora del lobo disfrazado de oveja, ¿Cuántas veces no hemos oído eso? La verdad, hay muchas ovejas deseando ser lobos, y llevan tanto tiempo hambrientas que al lograr escapar se comen todo el rebaño, no dejan rastros, ningún testigo y sobre todo, ningúna sospecha en su contra. Así la pequeña oveja sedienta, se esconde en otro rebaño y ataca cuando le parece más satisfactorio. ¿En qué momento encontré esa pequeña bestia? Que en lugar de tener sed de sangre, tenía sed de ver el mundo, conocer otras cosas, culturas y salir de lo que se llama el plan de vida de sus progenitores. La puerta de la azotea es abierta, y observo como el director mueve su boca diciendo que es momento de continuar, mi cigarrillo se ha acabado,los alumnos han entrado a sus respectivas clases , es momento de ser el primer lobo en contar como conoció a su Caperucita roja. En esta historia no planeo verme como el bueno, no planeo ser una figura que te dé lástima, tampoco planeo que en algún punto estés a mi favor. Ya lo he dicho antes, me importa una cantidad gigantesca de excremento lo que puedes pensar de mí y de mis decisiones, yo solo estoy aquí detallando uno de los acontecimientos más grandes en mi vida. Yo estaré condenado ante las acusaciones de muchos, y solo quiero que mi diosa viva lo que me contó. No quiero que me llamen héroe, porque no soy ni la mitad de un villano, solo soy un hombre, que sin darse cuenta tuvo a una Afrodita a su lado, y como Hefesto tuve que soltarla, a pesar de amarla.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR