SAMUEL
Voy a mi habitación, Adler cierra la puerta del departamento y se queda todo en silencio, en esta semana nos hemos dedicado a buscar un departamento y dejar la casa de sus padres.
—Wey, me encanta que las habitaciones tienen balcones —mi voz resuena en todo el lugar—. Mi fantasía s****l es hacerlo en un balcón —suspiro y se ríe.
—No creo que a Ebba le agrade la idea —camina hacia mi habitación.
— ¿Lo crees?
—Yo digo, no sé los fetiches de nadie —se encoge de hombros.
—Pero sí los fetiches de Vane.
—Claro que esos sí los sé —guiña el ojo.
—Son unos cachondos —camino hacia él—. Debemos ir por nuestras cosas a la casa de tus padres —salimos para la casa de sus padres.
Enciendo el estéreo y suena una canción en alemán, esta vez le entiendo un poco.
—Tengo pensado invitar a Ebba a salir —suelto de repente y casi frena de golpe—. Sé que es toda una sorpresa —me burlo.
—Lo es, pero está bien.
—Espero que sí acepte y si no, la dejaré en paz —susurro.
—Que la suerte te acompañe —se burla y bufo.
—Eres un gran amigo, Adler —digo con sarcasmo.
—El mejor de todos.
EBBA
—Es todo por hoy, chicos, espero que hagan sus tareas —finalizo la clase y espero que todos salgan del aula.
Me pongo de pie para borrar el pizarrón, escucho que alguien toca la puerta.
—Adelante —digo sin dejar de borrar el pizarrón.
Termino de hacer eso y frunzo el ceño porque nadie habla, me doy la vuelta y lo miro con una rosa.
— ¿Qué mierda? —exclamo y él se ríe.
— ¿Sabes? Pensé que tu reacción sería diferente —hace una pausa dramática—. Espero que tu reacción sea diferente porque te quiero invitar a salir, bueno, a comer y de ahí veremos donde nos llevará el viento —sonríe esperando mi reacción.
—Salir —hago una pausa—. ¿Tú y yo, cena?
—Sí, algo tranquilo y sin compromisos —hace una pausa dramática—. Por ahora —sonríe como niño bueno.
Siento que no me queda otra opción, seguiré el consejo de Vanessa, espero no equivocarme.
—Está bien, Samuel —me sonríe de lado y mi respiración se queda atasca en mi garganta—. Entonces, ¿a qué hora?
—A las ocho, paso por ti y nos vamos.
—Está bien, al rato te paso mi dirección —deja la rosa en mi escritorio.
—Nos veremos, dulce dama —sale del aula.
Salgo del aula y del trabajo, conduzco hasta mi casa, tomo el celular para mandarle un mensaje a Vanessa.
Yo:SOS
Vane: ¿Qué pasa? ¿Todo bien?
Yo: Tengo una cita.
Vane: Ya voy para tu casa.
¿Pará qué quiero otra amiga cuando ella es lo máximo? Voy a la cocina y pongo palomitas en el microondas porque esto será muy largo.
Tengo los nervios a todo lo que da y no sé por qué, tal vez sea porque es la primera cita que tengo y no sé qué hacer.
El microondas avisa que se acabó el tiempo justo cuando llega Vanessa, voy hacia la puerta para abrirle y noto que sigue con la ropa de su trabajo, miro sus botas tipo militar y su cabello bien peinado.
—Sé que mi ropa es de lo más nice —me guiña el ojo—. Iba apenas a mi casa —se encoge de hombros y camina hacia la cocina—. ¿Cómo sabías que tenía hambre?
—Si quieres te hago algo para comer —cierro la puerta y camino hacia la cama cocina, la miro que tiene las palomitas en un plato grande y se las está comiendo.
—Para nada —dice con la boca llena—. ¿Estás lista? —pregunta coqueta y me rio.
—No —digo sinceramente y nos vamos a mí cuarto, ella se sienta en mi cama sin dejar las palomitas y mira mis opciones de ropa que tengo lista.
— ¿Dónde será?
—Ni idea, no me dijo, solo me dijo que iba a pasar por mí, como a las ocho —le cuento.
—Wey, son las seis y tú no sabes qué ponerte, ve a bañarte, yo haré magia —deja las palomitas a un lado, va al baño para lavarse las manos y me mira con una ceja levantada—. ¿Quieres que te bañe o qué?
—Por favor —me rio y tomo mis cosas.
Me baño en tiempo récord y cuando salgo, Vanessa se comió todas las palomitas y miro un conjunto totalmente diferente de los que había hecho elección.
—Me voy a morir de frío —me quejo.
—Ese es el chiste, porque él te dará su abrigo —me guiña el ojo y yo niego con la cabeza.
—No creo que Samuel sea así —suelto y mi amiga me mira sorprendida.
—Si es el que pienso que es, vete desnuda —dice divertida y estoy tentada a no lanzarle algo.
—No ayudas en nada, Vanessa —la regaño y ella se ríe.
—Anda, ve a cambiarte, que te queda poco —me apura y le hago caso.
Termino de ajustarme la ropa, Vanessa está moviendo sus manos por todas las partes para dar retoques a la ropa, peinado y maquillaje.
—Yo digo que sí le gustará —dice satisfecha con lo que ha logrado.
— ¿Y si no me da su abrigo? Me voy a morir de frío —hago un puchero y ella se ríe.
— ¿Cuánto apuestas a que te lo va a dar y el abrigo también? —mueve sus cejas de forma coqueta y la miro confundida porque no le entiendo al chiste—. Te va a dar su bicho y también el abrigo, mensa —dice como si fuera lo más obvio y finjo una risa—. Eres una mensa, pero bueno, ¿qué apuestas?
—Si no me da el abrigo, debes llevarme comida por una semana cuando trabajo en la galería y si me lo da, te llevo a cenar toda una semana —estoy muy segura que voy a ganar.
—Muy justo —estrechamos las manos—. Prepara tus mejores recetas, nena —me guiña el ojo.
Escuchamos que alguien toca el timbre y nos miramos.
—Es hora, Ebba —dice y me da el bolso—. Te he puesto condones en la bolsa pequeña, no sabes cuando se pueden ofrecer —me dice y salimos de la habitación—. Estaré en la ventana de la cocina vigilando, buena suerte —me da un beso en la mejilla y se va a la cocina.
SAMUEL
Ebba abre la puerta y casi me voy hacia atrás, está muy bien vestida, ya me había acostumbrado a verla con pantalones y suéteres, pero ahora le dio un giro total a su vestimenta.
—Hola —me saluda alegre y me da un beso en la mejilla que me toma de sorpresa.
—Hola —le regreso el saludo y ella se ríe nerviosa—. ¿Lista para tu mejor noche? —pregunto divertido y le ofrezco mi brazo.
—No me hagas tener altas expectativas, americano —dice divertida aceptando mi brazo y cerrando la puerta con seguro.
Caminamos hacia mi auto, durante el pequeño trayecto noto que tiembla un poco por el frío, prácticamente seguimos en su casa, pero sé que si le pregunto que si tiene frío, me dirá que no.
—Espera —digo cuando ella se aleja de mí para abrir la puerta, me mira confundida, me quito mi chaqueta y se la pongo en los hombros, sé que luego se la va a acomodar bien.
—Gracias —dice en bajo y mira de reojo hacia la casa, le abro la puerta de auto y espero que se acomode.
Rodeo el auto hasta la puerta del piloto y miró hacia la casa, pero me encuentro a Vanessa bailando como si hubiera ganado algo, sonrío de forma burlesca y entro al auto.
—Espero que no te moleste la música que escucho —digo cuando comienza a sonar la voz de Dua Lipa y mi acompañante se ríe.
—No pensé que te gustaba —dice divertida y comienzo a manejar.
—Tengo gustos muy buenos —es lo último que decimos durante el camino.
Siento sus nervios, algo que también me está poniendo nervioso, se dedica a mirar por la ventana del auto, llegamos al estacionamiento del restaurante.
—Llegamos —digo y la chica se queda callada, salimos del auto, miro que se pone la chaqueta que le di.