Capítulo 13

1215 Palabras
ADLER Samuel me manda un mensaje diciendo que tengo que ponerme las pilas, agarro todo lo que me dejó preparado y salgo del departamento pero se me ocurre una idea, tomo mi celular y marco el número de Vanessa, al segundo timbre contesta. — ¿Qué pasa? —se escucha mucho ruido en su casa—. Mierda, se me había olvidado, Dirk, estaré ahí pronto —cuelga y no sé qué pasa. Guardo el celular y comienzo a guardar todo en el auto. —Lo siento, por lo de hace rato, pero fuiste mi luz en el caos de la casa —su voz me asusta y ella se ríe, me doy la vuelta para mirarla. —Lo bueno es que soy tu luz —sonrío de lado y ella rueda los ojos. —No empieces, ¿por qué me llamaste? —pregunta curiosa. —Samuel me pidió que le ayudara en algo en la cita de Ebba —me mira de mala gana—. Eh no pienses mal, ellos están cenando, me pidió que le arreglara un lugar, como un pícnic a la luz de las estrellas y pues me dejó todas las cosas —explico y ella me mira con una ceja arqueada. —Y ocupas un ayudante. —Mami —mi voz suena ronca, me acerco a ella y sin dejar que se aparte, paso mi brazo por su cintura y la acerco hacia mí, de un modo que nuestros pechos chocan gentilmente y tengo que bajar un poco mi cabeza para mirarla—. Míralo cómo el comienzo de una cita —susurro peligrosamente y siento como su respiración se acelera, me mira con esas gafas que la hacen lucir tan sexy. —Qué original para pedir una cita, Adler —me sonríe de lado. Estoy a punto de hacer un movimiento, pero su celular suena y se aleja, me volteo para cerrar la cajuela del auto. —Lo siento, mamá, no me esperen, tengo unas cosas que hacer —cuelga y suelta un bufido—. Mi mamá no sabe qué hacer con mis hermanos, dice que parecen niños pequeños —su voz es divertida y camina hacia la puerta del copiloto. VANESSA —Según Samuel, tenemos media hora, quince minutos para arreglar todo y quince para estar muy lejos —cierra la puerta del auto y abre la cajuela. El lugar es bonito, al aire libre, donde se ven las estrellas muy brillantes, a Ebba le va a encantar. —Mami, tienes que apurarte —escucho que baja unas cosas, dejo de ver el lugar y le ayudo. Ponemos una manta, una cesta, que según Adler, tiene muchos chocolates y postres, pongo dos copas de vino y la botella. —Faltan los faroles y quedan diez minutos —me da un farol y lo pongo en el árbol que está a un lado. Adler hace lo mismo, pero con otro árbol, le da un toque romántico y especial. —Todo listo —le sonrío y él me regresa la sonrisa. —Así es —mira el trabajo que hicimos—. Deberíamos irnos —me ofrece su mano y la tomo, nos lleva hasta la puerta del auto y nos subimos. — ¿Tienes algún plan? —le pregunto viendo hacia la ventana. —Mmm no —dice pensativo—. ¿Ya cenaste? —Iba a cenar cuando me hablaste —lo miro y sonríe de lado. — ¿Te gustaría cenar? Aprovechando que estamos estrenando departamento, podemos hacer pizza o cualquier comida que quieras —dice si es lo más normal del mundo, no sé por qué me sentí como especial. —Me parece bien, fantasma —miro hacia la ventana. Siento sus dedos tocar muy suave mi muslo, como si está esperando mi reacción, pero no hago nada y espero que ponga su mano completamente en mi muslo, pero toma mi mano, la lleva a sus labios, deja un beso y pone nuestras manos en la palanca del auto. —Tenía ganas de hacer eso —suspira y yo, pues soy un mar de sentimientos. Después de comprar pizza, sí, decidimos comprar pizza que hacerla, porque ya es tarde y tenemos mucha hambre, llegamos al departamento y nos pusimos cómodos. — ¿Qué quieres tomar? —pregunta mientras dejo la comida en el comedor. —Me gustaría un whisky —digo con mi voz de niña. —Lástima que tengo soda, además vas a manejar —miro como abre el refrigerador y se agacha un poco para tomar las sodas. —Ya ni mi mamá —ruedo los ojos divertida—. ¿Dónde hay platos? —me acerco a él y señala donde se encuentran. Me pongo de puntitas para abrir el cajón, aquí es donde maldigo por mi estatura. —Mierda —murmuro frustrada por no alcanzar. Siento un cuerpo en mi espalda, su aroma que es una mezcla de menta y madera, no soy buena describiendo olores, pero huele muy bien, tan fresco y elegante, estira su mano tocando mi brazo, su aliento está en mi nuca y como si fuera fácil, abre el cajón y saca dos platos. —Es fácil, mami —escucho su burla en mi nuca. —Tan fácil como esto —murmuro y giro despacio hasta quedar de frente, su mirada se vuelve oscura y su sonrisa de lado se asoma. —Sé que soy irresistible, pero —se aleja de mí con los platos—, tienes que aguantar —me guiña el ojo y se va al comedor. —No iba a hacer nada, papi —camino hacia el comedor y tomo asiento. —No se sabe contigo —se encoge de hombros con una sonrisa. —Provecho —abro la caja de pizza y comemos. ADLER Mis ojos no pueden dejar de mirar a la chica que tengo enfrente, terminamos de comer y nos fuimos a mi cuarto para estar más cómodos, ella está sentada en la silla del escritorio y yo en la esquina de la cama. —Me encanta el balcón —se levanta de la silla, abre la puerta para salir al balcón. La fantasía de hacerlo en el balcón me resulta muy buena, respiro profundo y me acerco a ella por la espalda, paso mis brazos hacia enfrente y me sujeto en la barandilla de forma que su cuerpo está acorralado con el mío. — ¿Qué pasa? —pregunto curioso. Su cabello me hace cosquillas en mi nariz, su aroma a dulce es muy tentativo a lamer su piel desnuda. — ¿No se te hace raro que nos volvemos a encontrar? —su voz suena lejana, sin dejar de mirar la vista. —Es el destino. —Puede ser, ¿qué pasará con nosotros? Dejo mi barbilla en el hueco de su cuello y hombro. —Me gustaría continuar con esto —suspiro—. No sé qué somos, pero hay algo, ¿te gustaría intentarlo?. Siento cómo un escalofríos recorre su cuerpo, me encanta como reacciona y sé que ella también le encanta como mi cuerpo reacciona al suyo. —Está bien —dice sin más. —Tampoco es que te estoy obligando —pongo mis manos en su cintura y la hago girar hasta quedar enfrente de mi y su espada contra la barandilla. Miro sus ojos grises y esos lentes que la hacen ver más sexy de lo que es, abre poco los labios y me centro en esa acción, pasa su lengua por su labio inferior y eso hace mi muerte. — ¿Tan obligado sonó? —sonríe. —Al parecer —hago una pausa para acercarme un poco—. ¿Tienes planes para el próximo fin? —Sí, un chico muy guapo me dijo que le guardara el próximo fin —suelta con descaro. —Entonces seré el mal tercio —la abrazo y ella se ríe. —Está bien —suena divertida.
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