EBBA
—Espero que te gustó el restaurante.
—Estuvo bien, pero no me dejaste pedir postre —hago un puchero y él se ríe.
—Es que el postre es en otra parte —dice coqueto y ruedo los ojos—. Eres una sucia —se ríe y lo miro.
—Claro que no, fuiste tú el sucio, pon atención en el camino —miro el pasaje, salimos hace media hora—. ¿A dónde vamos? —pregunto porque veo que nos alejamos de todo.
—Es un secreto, descubrí un lugar que está muy bonito —dice tranquilo.
—Espero llegar sana y salva a mi casa —digo lo suficiente alto para que mi compañero escuche y se ríe.
—Claro, déjame tu vida en mis manos —noto su sonrisa y miro hacia la ventana.
Sale de la carretera y vamos por un sendero que apenas pasa el auto, los pinos están demasiado cerca, tanto que puede tocarlos si saco la mano por la ventana, frena con cuidado y lo miro confundida porque estamos en medio de la nada.
— ¿Confías en mí? —pregunta mirándome a los ojos y me rio.
—Claro que no, pero aquí estoy.
—Por algo se empieza —me guiña el ojo, saca una venda negra—. Tengo gustos raros para el sexo, espero que no te moleste —dice muy serio sin dejar de mirarme.
Miro la venda y a él con el ceño fruncido.
—No sabía que te gustaba el sexo en el bosque —sigo su juego.
—Es lo más natural que hay —me guiña el ojo y nos reímos—. Tengo una sorpresa, pero necesito vendarte los ojos.
—No me queda opción —me acerco lo que el espacio me permite y él también, siento sus dedos que rozan en mis mejillas.
SAMUEL
Le pongo la venda, la ajusto bien, ya que no quiero que mire el lugar bonito, que espero que Adler lo dejó al cien.
— ¿Miras algo? —paso la mano enfrente de ella.
—No —niega.
Salgo del auto, abro su puerta y la ayudo salir.
—No voy a dejar que te caigas.
—Muy considerado de tu parte —dice irónica.
Caminamos con cuidado hasta ver un pícnic lleno de postres, la vista es hermosa, estamos en lo alto, con un cielo lleno de estrellas y la ciudad abajo.
Me pongo detrás de ella y quito la venda con cuidado, escucho su pequeño grito de sorpresa y mira todo con detalle.
— ¿Te gusta? —pregunto, en verdad Adler dejó todo muy bien, pero espero la respuesta de mi compañera que sigue dándome la espalda.
—Claro que sí —dice sorprendida y sin darse la vuelta.
—Pues a disfrutar de los postres —camino hasta sentarme en la manta y espero que ella haga lo mismo.
—Esto es el paraíso —murmura mirando los diferentes postres y me rio.
—Luego no te quejes de que no te doy postre —le sonrío.
—Claro que no —toma un trozo de pay de chocolate—. Si no agarras algo, me comeré todos los postres.
—Suena a advertencia —digo divertido y tomo una fresa con chocolate.
—Y lo es —se lleva un trozo de su pay a la boca y disfruta del sabor.
Comemos viendo la vista tan hermosa y pacífica, me como la última fresa con chocolate y la miró, está tan concentrada en la vista y comiendo, parece una niña pequeña.
—Nunca había tenido algo así —dice lento y espero que continúe—. Bueno, no he tenido una cita —dice un poco apenada.
—Me sorprende, porque eres una chica muy hermosa —pienso en voz alta y ella se ríe.
—Gracias, pero es verdad —deja el plato en el suelo y me mira—. Me imagino que tú tienes miles de citas.
—Para ser sincero, no —me rio y me mira curiosa—. He tenido dos novias y una tercera en camino —frunce el ceño y yo le sonrío.
—Si estas con alguien, ¿por qué estoy aquí? No soy un juego, Samuel —me reprocha y evito reírme.
—Por tú serás la tercera y podría decir que la última novia —digo sincero.
—No puede ser —se ríe, pero me mira y deja de reírse—. Yo no quiero una relación, Samuel —suelta con un suspiro.
— ¿Quieres contarme? —la pregunta sale despacio, por miedo a asustarla.
Suspira y mira el cielo, la imito mirando el cielo, lleno de estrellas y muy limpio.
—Tenía una novia, estábamos en la universidad, todo iba muy bien, de hecho era perfecto, éramos la pareja más querida de todos y todos querían ser nuestros amigos —hago una pausa para recordar—. Pero en los últimos meses, sentía que éramos más amigos que novios, de hecho, solo tuvimos sexo dos veces y lo demás ella quería sexo oral y me regresaba el favor —escucho su risa.
—Un sufrimiento —dice divertida.
—Para mí sí lo fue, pero nunca le fui infiel, el caso es que un día nos pusimos a hablar sobre la relación y me confesó en medio del llanto que era lesbiana, se había dado cuenta hace una semana y tenía miedo de mi reacción —digo con una sonrisa.
— ¿Qué más pasó? —pregunta curiosa y noto que me mira.
—La apoyé en su decisión y fuimos amigos, hasta la vi que se hizo novia de una chica, me alegró verla sumamente feliz, aunque me decía que conmigo también lo fue —termino de contar.
—Eso fue muy lindo por tu parte —suspira sin dejar de verme—. Bueno, tuve un novio en el internado, de hecho Adler estuvo presente en todo el drama.
—Aunque no lo confiesa, le encanta el drama —sonrío de lado cambiando el tema, porque no quiero que se sienta presionada.
—Me he dado cuenta —se ríe—. Ahora no me interrumpas porque quiero contar.
—Sabes que no te obligo hablar, Ebba —digo sincero y ella me regala una pequeña sonrisa.
—Lo sé, pero ya es hora de superar —dice segura—. Era mi mejor amigo, había sentimientos, pero ninguno daba el paso hasta que el último año, él decidió invitarme a salir y así fue, fuimos novios, todo era bonito, digo, vivía en un mundo donde mi mejor amigo era mi novio, suena cliché, pero cierto.
—No me digas que eras la chica más deseable —digo coqueto y sonríe.
—Y sigo siendo la más deseable —me guiña el ojo y me rio—. Era el cumpleaños de Vanessa, fuimos a una fiesta, todo muy bien hasta que jugamos el típico juego de yo nunca nunca.
—Juego que sale la verdad, me acuerdo de esos tiempos —me rio por los recuerdos y ella me mira fijamente.
—Me gustaría tener recuerdos buenos de ese juego, pero Vanessa dijo algo sobre ser infiel, algunos tomaron, nada de que sorprenderse, pero mi novio y otra chica tomaron al mismo tiempo, para no hacer el cuento largo, la chica confesó que empezaron a salir antes de que fuéramos novios y ya —suelta un largo suspiro y mira el cielo.
—Qué hijo de puta —digo con molestia y ella se ríe.
—Wow, se siente bien contarlo sin que te doliera —dice tranquila.
— ¿Por eso no quieres una relación?
—Así es —dice sin añadir algo más.
—Ebba —le hablo y ella me mira curiosa—. Déjame curar esas cicatrices, sé que me miras como mujeriego, no lo niego, pero cuando estoy en una relación, respeto a mi pareja.
—Samuel —niega con la cabeza—. Me gustaría...
—Te dije que la salida era un veremos y así será, no te voy a obligar a nada, pero me gustaría intentar.
—Nunca te das por vencido, ¿verdad? —me mira divertida—. Creo que llegaste en el momento perfecto en mi vida —dice con una sonrisa pequeña y ahí siento que mi corazón se detiene por un momento.
—Te aseguro que no te vas a arrepentir —le guiño el ojo y ella se ríe.
—Espero que no —dice divertida—. Con tu permiso, voy a seguir comiendo.
—Adelante —me rio y comemos de nuevo.