Advertencia: capítulo con +18
VANESSA
Miro el reloj de la habitación, la una de la madrugada y miro al chico que va saliendo del baño.
Mi celular vibra y miro un mensaje de mi mamá.
Mamá: Espero que uses protección, no quiero ser abuela tan joven ;)
Yo: Pero estoy en casa de Ebba.
Mamá: Lo mismo le decía a mis padres cuando andaba con tu papá ;)
Mamá: Tu secreto está guardado, pero llegando me dices quién es el afortunado, buenas noches.
Yo: Buenas noches, mamá.
Dejo el celular en la mesa de noche, me rio por los mensajes.
— ¿Qué quieres hacer? Tenemos toda la noche —desabrocha la camisa botón por botón y me mira coqueto, siento mis mejillas coloradas y me tapo la cara—. Muchas estarían babeando por esto —dice seguro y lo miro curiosa.
— ¿Muchas? —pregunto interesada y él sonríe de lado, pero se siente incómodo—. Deja me cambio de ropa y me cuentas —le guiño el ojo y salgo de la cama para ir al baño.
Hago mis necesidades, miro la camiseta y el pants que me prestó para dormir, los planes eran regresar a mi casa, pero nos quedamos un buen rato platicando y se hizo tarde para andar en las calles, me cambio de ropa, doblo la mía, salgo del baño, dejo mi ropa en la silla y camino hacia la cama, donde Adler me espera sin camiseta y con un pants, su espalda está pegada en la pared y sus piernas están estiradas.
—Ahora sí, cuenta —me siento en la cama y me acomodo de un modo que lo miro.
—No es algo que me gusta contar, Vane —dice serio—. Solo diré que la última vez fue hace tres meses, así que estoy en el proceso de volver a ser virgen.
—Ahora resulta que serás virgen —ruedo los ojos divertida.
—Claro —me guiña el ojo, su mirada se vuelve oscura y su sonrisa de lado aparece—. Tal vez los dos dejaremos de ser vírgenes ahora —dice con voz ronca y siento que mi respiración se corta.
—Virgen hasta el matrimonio —noto que mi voz sale medio dudosa, pero afirmo lo que digo con una sonrisa sincera.
—Si tú lo dices —no deja de sonreír, mis ojos van a su pecho desnudo, sus abdominales marcados y su tatuaje en el pecho—. Me lo hice antes de entrar al internado, estaba muy borracho para darme cuenta de lo que hacía y desperté con el tatuaje, cuando mi mamá lo miró, casi le daba un infarto —dice divertido y me imagino a Wanda en la situación.
—Qué rebelde —sonrío de lado y él mira la sonrisa—. Te bañas o nos dormimos, porque no pienso hacer nada de cochinadas —lo miro a los ojos.
—Qué aburrida eres, mami —sus ojos brillaron divertidos—. Yo digo que mejor —sin darme cuenta, me carga y me sienta en sus piernas—. Nos quedemos así —dice con voz ronca.
Sin evitarlo, mis dedos viajan hacia su pecho, lo toco muy suave y siento que su piel se pone chinita, recorro cada cuadrito tan perfecto, luego subo lentamente hacia su pecho, donde está el tatuaje y lo trazo.
—Si quieres dejo que experimentes, no te estoy diciendo que vamos a tener sexo, pero no tengo ningún problema que quieras experimentar otras cositas —su pecho vibra por su voz.
—Es más obvio que no tienes ningún problema en eso —digo divertida sin dejar de trazar el tatuaje.
— ¿Qué tan lejos has llegado? —me pregunta curioso, pero con cuidado.
—Hasta donde hemos llegado —paso mi uña en el tatuaje y siento que se estremece.
Sigo mi camino hacia sus abdominales y siento que su bicho crece debajo de mí, levanto mi vista para encontrarme con su mirada oscura.
—Si no te detienes...
—Me diste permiso para experimentar —digo con voz angelical y él sonríe de lado, me levanta un poco para volver a acomodarme de una manera que no siento su m*****o.
—Todo tuyo —me guiña el ojo—. Si sientes algo mojado no te asustes, es...
—Sé lo que es, Adler —me rio.
—No sé qué tanto sabes.
Me acerco lentamente a sus labios, paso mi lengua en ellos.
—Tampoco soy tan novata en esos temas, papi —susurro, muerdo su labio y me alejo, él gruñe, pero se controla.
ADLER
La miro que sigue fascinada por mi pecho, se anima a bajar un poco más su mano, llega al elástico del pants y la vuelva a subir lentamente como si fuera una tortura.
Mi respiración se agita al notar que se anima a estirar el elástico y joder, me controlo para no perder el control y causar un problema.
Vuelve a hacer el mismo juego, cada vez baja más y sube lento, levanta su cabeza para mirarme, esos ojos grises me van a matar, aunque tenga los lentes puestos, me mira como si estuviera pidiendo permiso para llegar más abajo.
Asiento con la cabeza y ella me regala una sonrisa tímida, vuelve a hacer el mismo recorrido, pero su mano se queda en el elástico del pants, hasta que decide meterla un poco, pasa unos segundos y la vuelve a mover hasta sentir mi bicho por encima del bóxer y ahí se queda, mueve un dedo suave, como si fuera caricia y trago saliva, nunca me habían hecho algo así y se siente tan bien, pero es una tortura.
— ¿Qué piensas hacer? —mi voz sale muy ronca y ella me mira.
VANESSA
Pero qué pregunta y no sé cómo responder, siento el calor de su bicho a través de la tela de su bóxer.
Saco la mano de ahí y lo miro, sus ojos azules están muy oscuros y hay un ligero sudor en su frente, apenas me doy cuenta de que su cuerpo está muy caliente.
—Joder, no me mires así —exclama.
— ¿Cómo? —pregunto curiosa.
—Haz lo que quieras conmigo, Vanessa —gruñe suave.
Levanto el elástico del pants y él entiende lo que quiero hacer, levanta sus caderas y le bajo en pants, miro su bóxer n***o, recorro el bicho con mi uña y siento que se pone más duro, respiro hondo sin dejar de mover la uña, dejo mi mano en su bicho y aprieto un poco.
—Joder —gruñe pesado y miro que cierra los ojos.
Vuelvo a apretar un poco más y recorro el bicho con mi mano apretando un poco en el camino, subo mi mano hacia el elástico y juego con el m*****o, la mano de Adler me detiene y con la otra mano toma mi barbilla para mirarlo.
— ¿Estás segura? —pregunta como si se estuviera controlando.
—Sí —susurro y levanta las caderas, lleva sus manos hacia el bóxer y lo baja, dejando a la vista su bicho.
— ¿Te enseño? —pregunta cuidadoso.
—Por favor —digo sincera y él sonríe de lado.
ADLER
Llevo nuestras manos a mi bicho y le enseño como se hace, hago el movimiento un par de veces y dejo que ella lo haga solo, mueve su mano y la aprieta en los momentos adecuados.
Siento mi respiración agitada y dejo salir unos jadeos, noto que a ella le gusta esos jadeos.
—Suficiente —alejo su mano y la miro, ella asiente y termino lo que empezó, no tardo en terminar.
Ella mira todos los movimientos que hago hasta el final, sale de la cama, va al baño y regresa con el rollo de papel, limpia mi mano con cuidado y luego mi bicho, va al baño para tirar lo que utilizó y me pongo el bóxer.
Regresa y se sienta a un lado de mí, siento su nerviosismo, tomo un par de segundos para tranquilizarme.
—No sé qué decir —confiesa.
—Ni yo —me rio en bajo y ella me golpea en el brazo.
—Eres un idiota —dice divertida.
—Y aquí sigues —le guiño el ojo—. Ponte cómoda.
Camino hacia el baño y cuando regreso, ella está roncando, me acomodo en la cama, pongo mi brazo en su cintura y la acerco hacia mí, le dejo un beso en la cabeza y me duermo.
VANESSA
— ¡Adler! —abre la puerta—. ¡Mis ojos! —cierra la puerta y escuchamos que baja las escaleras corriendo.
—Duerme —murmura y me acerca más a su cuerpo.
—Pero Samuel...
—Sigue durmiendo —me deja un beso en mi nuca y me muevo para salir de la cama, miro el reloj y son las nueve de la mañana, espero que mi mamá no me mate—. ¿Quieres un acompañante en el baño? —su voz suena ronca por el sueño y me rio.
—No, gracias —camino hacia el baño, miro mi ropa, pero estoy muy cómoda con la ropa de Adler, me encierro en el baño y hago mis necesidades.
Escucho los pasos del chico que se acerca a la puerta.
—En el mueble encontrarás un cepillo nuevo —escucho que se aleja.
Busco el cepillo y lo utilizo, miro mi cabello, aunque esté corto es un nido de pájaros.
—Vane, suena tu celular —toca la puerta y la abro, me da el celular, miro la foto de Ebba en la pantalla y contesto—. Hola...
—Necesito contarte todo —me interrumpe y me rio.
—Sal del baño, quiero entrar.
Salgo del baño y dejo que el chico entre.
— ¿Adler? ¿Estás con Adler? ¡Necesito que me cuentes! —grita emocionada haciéndome reír.
—Deja paso primero por mi casa y nos vemos en tu casa.
—Claro, ando en el trabajo, la tipa de ahora dijo que se sentía mal —suspira cansada—. Bueno, al rato nos vemos, picarona —dice coqueta y cuelga.