DESEO

1574 Palabras
—Es patética tu forma de ligar.  —¿De ligar? —Sí. ¿Me crees ciega como para no darme cuenta de lo que buscan los hombres como tú? Eres fácil de interpretar, y más con esa mirada que me das.  —Es una mujer muy directa.  —Por supuesto.  —¿Por qué no utiliza mi baño? Debe sentirse incómoda con esa ropa.  Más que incomodidad, es calor y ardor. Esos rasguños se activan al entrar en contacto con mi sudor.  —Aceptaré porque realmente lo necesito, y ya que no me queda de otra que quedarme por Marcela.  —Me parece genial. Sígame.  Le acompaño hacia la puerta del baño y fue en busca de una toalla, trajo consigo también una camisa de botones blanca y artículos para el aseo.  —¿Una camisa? ¿Es en serio?  —Como verá, no es como que este cuerpo luzca bien en un vestido. Eso es lo que tengo, al menos que quiera posar por la casa en toalla. Además, es grande y cómoda. Es muy probable que su cuerpo entre sin problemas.  Y vaya que le gusta hablar de mi cuerpo y de mi estatura. Ni siquiera disimula al momento de recorrer mi cuerpo con la mirada. Que doctorcito tan degenerado, pero interesante a la vez. Cualquiera diría que no ve una mujer hace mucho tiempo. En estos tiempos, todos los hombres lucen exquisitos y deliciosos para la vista, pero tan pronto abren la boca, es más de lo mismo.  —Solo espero que no esté haciendo esto para alimentar sus fantasías.  —Su autoestima es admirable. Toda mujer debería ser igual que usted.  —No me cambie el tema.  —Por el momento solo quiero ayudarla. Eso sí, mentiría si digo no sentir curiosidad de verla. No es algo que se vea todos los días.  —Atrevidito el doctorcito, ¿eh? —¿Piensa bañarse con ese rifle?  —Claro. Debo asegurarme de que alguien por ahí no me espíe mientras me baño.  —Con toda seguridad le digo que puede despreocuparse. Suelo mirar lo que llame mi atención y hasta dónde me permitan.  Entré al baño y tomé mi tiempo. Miré mi cuerpo en el espejo, en especial la espalda y las heridas superficiales que tenía debido a los vidrios. Sangro muy fácilmente. Este cuerpo se ha debilitado mucho con el pasar de los años. Ese uniforme que nos pusimos no nos pudo cubrir ni de estas heridas. La historia hubiese sido distinta si no me hubiera dado cuenta de la situación a tiempo. No puedo negar que me siento en gran parte satisfecha por haberle podido pagar con la misma moneda a ese cabrón. Han pasado muchas cosas en menos de veinticuatro horas. Debo pensar bien en cuál será mi próximo paso. Debería hablar con mi madre sobre los contactos que tenía mi papá. Tal vez si acudo a alguno de ellos, podamos ayudarnos mutuamente y de paso, no tendría que asociarme con Leonel. Ese tipo no me inspira ningún tipo de confianza. No dudo que en la oportunidad que tenga, intente matarme de nuevo.  Luego de salir de la ducha, sintiéndome más cómoda y fresca, me terminé de asear y me abotoné su camisa. Es el colmo que esté en una casa ajena y vistiendo ropa de un completo desconocido. La camisa se veía larga, pero por mis curvas se ha encogido. Pasé algo de trabajo bajándola de atrás, buscando la forma de encajarla en la culminación de mi trasero. Tendré que pedirle otra. Ni siquiera tengo ropa interior debajo y en cualquier descuido puedo mostrar a la sin dientes. Me asomé en la puerta del baño y le llamé, por lo que llegó rápidamente.  —¿Tiene otra camisa? —Es la más grande que tengo. ¿Se siente incómoda?  —¿Te resulta cómodo esto? — abrí la puerta del baño y le mostré la camisa—. Parezco una salchicha enlatada.  —¿No está siendo muy despreocupada? Hace un momento tenía temor de que la espíe y ahora me enseña su cuerpo como si nada. ¿No se siente avergonzada?  —En lo absoluto. Lo que me fastidia es sentir que estoy patinando por no tener nada debajo.  —Ya, no debe dar tanto detalle — volteó su rostro y suspiró—. Si quiere puedo ir a la tienda y comprarle uno.  —¿Cree que a esta hora encontrará una tienda de ropa abierta?  —Entonces no sé qué puedo ofrecerle. ¿Necesita papel de aluminio para protegerse y sentirse más cómoda?  —¿Eso le parece gracioso? Porque a mí no. —¿Una toalla seca le podría servir para taparse?  —¿Sabe qué? Olvídelo. A fin de cuentas, solo faltan pocas horas para que amanezca y así irme — iba a salir del baño, cuando su mano se aferró a mi brazo.  —¿Y esa sangre en la camisa? ¿Está herida?  —Estoy bien, solo son unos pequeños rasguños, nada de qué preocuparse.  —¿Por qué no me lo dijo? Así hubiera podido atenderla también. ¿Sabe lo que puede pasar si no se trata y se le infecta? Cualquier herida que sea en la piel, si no recibe su cuidado a tiempo, por más pequeña que sea, le dejará una marca. No solo eso, si se infecta será mucho más doloroso y llevará más tiempo en curarse. ¿Siempre es así de despreocupada para todo? —¿Y por qué se enoja por eso? Es mi cuerpo, son mis heridas y yo decido si tratarlas o no. Ya le dije, no son serias, no hay de qué preocuparse.  —Aparte de maleducada, también es muy orgullosa. Si su temor es que la vea desnuda, no tiene que preocuparse. Soy un profesional, y en este momento la veo como a cualquiera otra de mis pacientes y estoy velando por su salud. No le veo razón alguna a negarse a que la revise. —Si no me queda de otra.  Me senté en el otro sofá de la sala y desabotoné la camisa, dejando al descubierto mis hombros y la parte superior de mi espalda. Aparté mi cabello para que pudiera ver bien. Estaba tratando de cubrir mis senos lo más que podía. Verdaderamente sus grandes manos son muy suaves y su masaje al momento de esparcir la crema es delicado. Físicamente no parece doctor, pero se toma muy en serio su profesión. No soy amante de lo delicado, pero debo admitir, así sea a mí misma, que esto se siente bien. Ya no podía sentir ardor, pero sí un ligero calor y escalofrío. No sé si sea por el tiempo que llevo sin sentir las caricias de un hombre en mi piel, que me esté sintiendo de esta manera. Aquella vida que tenía de lanzarme contra el hombre que me provocara la eché a un lado por Arturo, aun así, me pagó de la manera más sucia. ¿Qué hay de malo en darse un gusto de vez en cuando?  —¿Eres igual de delicado en la cama? — me subí en su regazo, descansando mi trasero en sus piernas, pero no me evitó.  Coloqué mi mano en su hombro y la otra en esos firmes pectorales que resaltan tanto en esa camisa oscura. Su mirada se desvió hacia mis senos que sobresalían de la camisa. Definitivamente todo se había salido de control, pero ya nada más me importaba.  —Esa pregunta suena muy contradictoria, pues no pareces el tipo de mujer que le atraiga eso.  —Tienes razón. Me encanta el sexo duro, de ese que te deja caminando como Bambi por largos días. De ese que cuando venga a mi mente, mi ropa interior se humedezca. Un doctor debe atender las necesidades de su paciente, entonces ¿por qué no me complace? Tiene justo el material para destrozarme si le apetece, y yo justo lo que necesita para que libere el estrés.  —Coincido con todo eso. ¿Cómo alguien podría negarse a semejante ofrecimiento? Especialmente a una mujer tan encantadora, bonita y con un poder como este — sus manos apretaron fuertemente mi trasero, presionando mi cuerpo contra el suyo y acalorando todo mi ser—. Te llevaré a un lugar más cómodo y privado — me levantó en sus brazos y entrelacé mis piernas a su espalda, más mis brazos por alrededor de su cuello.  Qué monstruosidad de hombre. Y saber que ni Arturo podía conmigo y este macho puede levantarme sin mucho esfuerzo. Su perfume es como un afrodisíaco. Nuestros labios estaban muy cerca. Esa mirada tan penetrante es como si quisiera devorarme con ella. En el preciso momento que creí que nuestros labios por fin se rozarían, el fuerte toque en la puerta nos detuvo.  —¿Esperas a alguien?  —No.  La forma en que estaban insistiendo me causó malicia. Me bajé de sus brazos y fui en busca de mi rifle, solo por si acaso. No lo sé, me da muy mala espina.  —Abre.  —¿Hay necesidad de que lleves eso? —No cuestiones, solo abre.  Braulio abrió la puerta y ahí lo vi, debí imaginar que ese tipo iba a seguirme. Ahora bien, ¿con qué intenciones? ¿Es que acaso quiere continuar en dónde lo dejamos? —Con que aquí estabas, bizcochito. Es tiempo de que dejemos de jugar a las escondidas. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR