Después de ese incidente se encerró en su despacho, y apenas salió de él, tampoco me mandó llamar para nada, miré mi reloj de pulsera, faltaban unos veinte minutos para que terminara la jornada laboral, y no se había pronunciado, era como si las palabras de Dianora le hubiesen afectado de alguna manera. Suspiré recostándome en la silla mirando al techo, realmente sus palabras habían sido duras, pero aunque fuese verdad, él siempre le dejó en claro que no la quería para una relación, ella fue quien se ilusionó con ello. De repente me enderecé, miré hacia la puerta con cierto temor, Dianora en parte era un reflejo mío, yo también me hacía ilusiones con él, y aunque nos fuéramos a casar… Él me había dejado en claro que solo éramos un contrato, un maldito contrato y buen sexo. Ante ese pens

