Los equipos se dividieron. Papá y Gilberto fueron a ver otra vez a Chico a esa horrible jefatura donde hacía valer su posición para que hijo no fuese a cualquier prisión, si es que se quedaba en una. En casa, cuidando a Flor, como si fuesen soldados de un fuerte, se quedaron, para evitar que algún abogado, señora Consuelo o un vengativo Eugenio, irrumpiesen. La casa erala que más estaba protegida hasta por la servidumbre que haría lo posible por evitar la irrupción de extraños en la hacienda y para eso, Harold cerró el portón principal. Yo iba en un auto que conducía Pablo. Iba en la parte de atrás sentada junto a Reynaldo que desde el principio no apoyó mi idea de venir a convencer a Mariana, de que parara todo su acto de venganza y dijera la verdad. La verdad, esa palabra hería como p

