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2190 Palabras
《Aferrarse al odio, es como tomar veneno y esperar a que la otra persona muera》 Buda NARRA HOLLY Un leve dolor se incrustaba en mi estómago, j***r, me dolía mucho el vientre, y ahora estaba presa en esta habitación para avisar que tengo una emergencia roja. Toco la puerta esperando a que alguien se aproxime, deseando que sea la esposa del psicólogo, así la pena no sería tanta. No obstante, se apareció Dan con su expresión seria y poco amigable. —¿Deseas algo? Si. Me lamo los labios, en realidad, necesito toallas sanitarias para socorrer una pequeña emergencia más no sé cómo decírselo. Los colores se me suben al rostro y me pongo roja de la vergüenza. —¿Podría hablar con su esposa? Éste arruga las cejas como si estuviera loca. —¡Esta ocupada! —Por favor, solo quiero preguntarle algo, será rápido. —Puedes decirmelo a mi. Suelto una risita amistosa. —Tengo una emergencia femenina. Dan frunció el ceño. —¿A que te refieres? No dije nada, peleé los ojos para no tener que explicar nada. —Ah, ya... entiendo. Asentí apoyando su idea. —Ya vengo. Cerré la puerta caminando de un lado a otro hasta que mi celador entró con un paquete de toallas higiénicas. Se lo agradezco pero también me muero de la vergüenza y es evidente por lo roja que me he puesto. Gracias a Dios la habitación tiene baño. Hago todo el proceso hasta salir ligera y más cómoda. —¿Te sientes bien? —Ah, si. Gracias—digo sin mirarlo a los ojos—.¿Como esta Bob? Dan suspira llevándose las manos al bolsillo. —Desvatado. —Me lo imagino, la pérdida no es fácil. —No, el perdió a dos personas importantes el mismo día. Eso hace que el dolor sea más atroz. —Lo siento mucho. —Igual yo. Bajo la mirada para ver la cama desordenada. —Y... ¿Richard? —¿Richard?... bueno se está encargando del todo el papeleo, además, de Bob. —Entiendo—susurro, al levantar la mirada, los ojos negros de Dan están fijos en mi, siento la necesidad de explicar—, digo... no ha venido a ver si estoy bien. —Es verdad... pero cuando llama siempre pregunta por ti. Me ilumino y un destello de alegría cruza por mi rostro. —¿De... de verdad? Dan asiente. No es tonto, me observa con cautela, mis gestos y expresiones, ya ha estas alturas debe ee saber que tengo sentimientos por mi ex. —¡Eso me alegra mucho!—continué diciendo. Dan suspira, parece inquieto, como si quisiera preguntarme algo. —Holly, ¿estás segura de que tu padre no es el cazador? Me muerdo por dentro la mejilla. —Estoy segura. —¿Por que? —Porque lo conozco. —Si son dos asesinos, la probabilidad grande de que sea Cárdenas y tu padre es... —Sé como se ve, pero.estoy segura que data vez ellos dos no son. Los conozco como la palma de mi mano, y tengo la certeza de que están tratando con un psicópata diferente. —Bueno...—Dan resopló. No digo nada más. Dan se retira de la alcoba, y me postro en cama analizando todo lo que sucedió en ese laberinto. Dos asesinos. Quieren repetir el mismo patrón de mi padre. El cazador conoce perfectamente y hasta los detalles más pequeños del caso. Eso me inquieta, porque la posibilidad de que el ignoto estuviera tal vez infiltrado en la policía era preocupante. Duermo un poco. Estudio la rutina de Dan. Se levanta y viene a ver si necesito algo. El mismo me trae las tres cómodas al días, o aveces se turna con Jimmy y Sam. Sé que su esposa procura que me marche lo más rápido posible; me tiene miedo, puedo sentirlo. Quisiera ver a Richard, sin embargo, él no se acerca, y sinceramente, quisiera tener la esperanza de que pregunta por lo menos por mi, más no tengo la certeza de que sea así. Dan en las noches se sienta al borde de la cama buscando la manera de hablar, de sacarme algo, más no le digo nada respondiéndole con la misma amabilidad con la que me habla. No tengo intención alguna de recordar mi pasado, al contrario, quiero olvidarlo, enterrarlo por completo, hacer cuentas que nunca sucedió esa parte de mi vida que me hace tan miserable. Eso es lo que necesito en mi vida, a personas que no se enfaticen en recordar lo que fuiste si no en lo que serás mañana. Me sobresalto cuando Richard entra a mi alcoba junto a Will, no me lo esperaba, acto seguido, lo primero que viene a mi mente es Anna y Susie. Will está preocupado, demasiado diría yo, y no lo culpo por saber mi bienestar aunque me inquieta que haya dejado a nuestras hermanas solas. Veo de reojo a Richard, me observa pero esta lo demasiado serio para descifrar algo. Finalmente, Richard se marcha y mi hermano permanece conmigo en la alcoba. Me acuesto en la cama cubriendome con la sábana, Will se incorpora a mi lado. —¿Lo quieres? —¡¿Aah?! —¿Quieres a Richard?—sus ojos verdes grandes están extremadamente abiertos. Hago un mohin con mis labios de restarle importancia, pero Will me conocía como la palma de su mano, igualmente yo, evadir la pregunta no me llevaría a nada, a algo que ya era muy evidente en mi forma de mirarlo. —Nunca lo dejé de querer. Will suspira lanzándome una mirada triste. —¿Él te ha dejado de querer? Me encojo de hombros. —No lo sé. No hemos tenido la oportunidad de hablar de nosotros. —Creo que no deberías hacerte ilusiones. Ahora lo miro a los ojos. —Juro que no lo estoy haciendo, aunque no puedo evitar quererlo cuando lo veo. Hay un momento de silencio, y busco la manera de borrar a Richard de mis pensamientos. —Recuerdo que mi madre estaba enamorada de Karl. Escuchar el nombre de Karl me pone la piel de gallina. —El grupo de los 5 ¿enserio?. Todos estaban locos. —Sé que eran unos psicópatas pero no puedes negar que mi madre amo con locura a Karl Campbell. —Hasta el punto de buscarle víctimas. Ese amor era enfermizo, tóxico. Karl no buscaba el bien ni la felicidad de Resee, al contrario, se interesaba por su bien propio. Todos tenían un secreto en común y eso es lo que los unía una y otra vez. A veces pienso que Resse nunca debió mirarlo, ni mucho menos unirse a ellos, ni cambiar por un amor que solo la llevo a la muerte. —Si, ese amor nunca debió ser y por lo que confiere al secreto, tú fuistes parte de ese secreto. —Al igual que tu Will—me cruzo de brazos—. ¿Cuantos cuerpos suplicantes viste en ese sótano? ¿cuánta sangre?. Son cosas que un niño nunca debe ver. —Cuando lo descubrí por primer vez, tuve tanto miedo que... por un momento pensé que ellos me matarian—expresó Will con sus ojos perdidos en los recuerdos. —Igual yo. Pensé que Karl me apuñalaria como cualquier otra de sus víctimas. Le tuve miedo. —Quiero evitarle todo esto a Anna y a Susie. Ellas no saben nada de esto, piensan que nuestra madre era una santa paloma y con honestidad, quiero que lo sigan pensando así. Deseo que todo esto se acabe y así podamos vivir una vida normal, común como la de cualquier otro. Sonrio de medio lado. —Nuestra infancia no fue normal. No podía tener amigos, me daba miedo que mi padre los asesinara. —Igual yo. Crecí con ese trauma y ese gran secreto. Tocan la puerta, y ambos nos quedamos mirando. Entra un hombre fuerte, canoso, ojos grises, con su uniforme de oficial. A su lado está Dan con el cejo fruncido y Sam. El hombre canoso nos observa cuidadosamente, y en mi corazón tengo un mal presentimiento. Nos quedamos inmóvil como si estuviéramos a la vista de un depredador. —¿Son ellos? —Si señor—respondió Sam —Holly, Will, él es uno de nuestros superiores, el capitán paxto. Will no le quita los ojos de encima. El hombre guarda silencio por un buen rato. Sam se nos queda mirando. —Iremos a la estación—finalmente habló. —¿Como?—interviene Dan. —Señor, tenemos orden de no sacarlos de aquí—repuso Sam —Acaso no me están escuchando, soy superior que Richard y esta es una orden—refunfuñó el señor paxto con su voz ronca. Nadie se movió de la habitación. —¡Lo siento señor! no podemos arriesgarlos—dijo Sam. El sujeto acortó la distancia entre ambos, y evidencia como Sam tembló antes aquel tipo tan intimidante. —¿Se está rehusando? —Eh, no... señor. Solo quiero proteger a estas dos personas—tartamudeó el chico clavando los ojos en el suelo. —No me interesa, yo los protegeré en la comisaría. —No es lo correcto señor. Richard nos encomendó... —Richard... Richard... ¿Donde esta ese tal Richard? —Deme unos minutos y me comunico con él —Sam se alejó un poco para hacer una llamada cuando el señor Paxto sacó su arma. Apuntando contra Dan. Dan nervioso retrocedió, colocándose frente a nosotros. —Por favor, no haga una locura. —Quitate del medio o te disparo El a******o tenía sus dos manos a nivel del pecho, como si eso lo fuera a proteger de una bala. Sam estaba en shock, sin moverse. —Apartese y déjeme salir con ellos... Hubo silencio, uno de esos incómodos. —¿Cariñoooo?—se le quebró la voz a la mujer de Dan. —Vete Nora, vete—ordenó su marido. El superior Paxto lo golpeó fuerte con la culata de la pistola, y soltó un disparo en dirección a Sam que gritó tumbandose en el suelo. Acto seguido, se condujo hacia mi apuntandome, los nervios lo tenía a flor de piel. —¡Salgan!—gritó, ahora apuntando a Sam en la cabeza—. Salgan o lo quiebro. Will se quedó inmóvil, buscando hacer un movimiento para liberarnos del martirio. —Ni lo intentes Will Sullivan, o tus hermanas pagarán las consecuencias. —¿Hermanas? —Nunca debiste dejarlas solas. Ahora, estan bajo mi poder. Mi corazón está latiendo demasiado, me pongo de pies como puedo y camino directo a la puerta. Una vez cruzamos el hombre sigue apuntando por todos lados, disparando, ¿a quién le disparaba? no lo sé, estaba tan nerviosa que no podía moverme ni siquiera a mirar atrás. Salimos de la casa y obliga a Will a conducir en el auto de policía. Me esposa las manos y él se sienta en el copiloto apuntando a mi hermano. Disparan al carro mientras Will arranca y pego un gritito de miedo. Tengo las lágrimas al borde, no puedo parar de llorar y tener miedo. Al final, el asesino sí era un policía. —Si le hiciste daño a Anna o a Susie, te juro que te mato. El hombre se burló. —¿Enserio? no estás en condición de amenazar a nadie Will, además, no te quiero a ti, las quiero a ellas. El chico pela sus ojos y hace un movimiento abrupto con el carro sacándonos del camino para estrellarnos contra un árbol. ☆☆☆☆ Suena el p**o del coche, y me duele todo en especial la cabeza. Quiero bajarme, no sin antes sesoriarme de los vidrios que están hecho añicos. Salgo como un gusano de allí, arrastrandome porque me duele la pierna y tengo las manos esposadas. Me recibe la frialdad del bosque. —Will—comienzo a sollozar. —¡WILL!—repito su nombre una y otra vez desesperada. Escucho ruido acercarse, son de unas botas y sollozo con el corazón en la boca. —¡Holly!—escucho su voz, eso me tranquiliza. Me voltea boca arriba y veo como la sangre cubre su rostro. —Oh, Will, por Dios—rompo en llanto hasta que veo una sombra detrás de él. —¡Will!—grité No le dio tiempo de voltear cuando el oficial le golpea la cabeza con una roca. Gotitas de sangre cae en mi rostro mientras que mi hermano se desvanece en el suelo. Lloro. —¡Alejate de mí!—me arrastro como un animal El policía se balancea encima de mi tomándome del cuello. —¡Mirame a los ojos puta! ¡mírame! —Por favor... —Por favor... de seguro eso gritó mi hermana antes de que tu padre la asesinara. Seguí llorando. —¡Lo siento! Él me abofeteó, caigo boca abajo y siento la sangre de mi nariz y boca. —Holly Campbell, te haré la vida tan miserable que desearás no haber nacido—dicha esas palabras, me golpeó con una roca hasta desmayarme. ☆☆☆☆☆☆ Los los estrellitas.
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