《Los hermanos no necesitan decirse necesariamente algo el uno al otro, pueden sentarse en una habitación, estar juntos y estar completamente cómodos el uno con el otro》
Leonardo DiCaprio.
NARRA HOLLY
Desperté lentamente con un intenso dolor de cabeza que podría incluir el cuello y todo mi cuerpo. Moví mi cuello un par de veces buscando alivio para el mismo, cuando un chorro de sangre bajó por mi rostro. Mis manos se encontraban totalmente inmovilizadas, al igual que mis pies, sencillamente no podía mover mis extremidades.
Un ligero recuerdo de lo que había ocurrido atormento mi memoria, fue muy fugaz a la hora de presentarse.
《El policía con el arma》《Su atacante golpeándola con una roca》《Will en el suelo ensangrentado》
Sollocé.
Escuché a alguien más a mi lado llorar a muy bajita voz, acto seguido, alcé mi vista para darme cuenta que Anna se encontraba frente a mi en las mismas condiciones.
—¿Anna?—apenas pude pronunciar.
La chiquilla seguía llorando.
—Todo va a estar bien, saldremos de esta—comencé a decir aunque no estaba segura de mis palabras. En situaciones así habían dos opciones al igual que dos probabilidades: salir vivo o muerto.
—¡Tengo miedo!—reaccionó estallando en lágrimas.
—Te juro que saldremos de aquí—miré a todos lados de la habitación, era como una cabaña vieja, sucia, olvidada. Olía a putrefacto, la madera estaba humedecida además de pronunciarse un frío magistral. A un lado solo se encontraba una mesa de una madera mucho más lisa que contenía algunos instrumentos que ya conocía tales como:cuchillos, 1 pistola, machete, sierra, y cinta adhesiva.
Temblé, esos elementos significaba que el sujeto nos torturaria antes de matarnos y sabrá Dios que nos haría.
Mi corazon se disparó de una manera precipitada, de tal forma que no podía controlar los nervios que se aglomeraban como un torbellino dentro de mi.
Tenia que salir de ahí, tenía que sacar a Anna de ahí.
—Él tiene a Susie—siguió llorando mi hermana y le acompañé en esas lágrimas de desespero moviéndome como una serpiente cuando es lastimada hasta caer la silla junto a mi cuerpo en el suelo sucio.
—¡Holly!—musitó la pelirroja asustada.
—Chiiii...saldremos de aquí.
Mis manos comenzaron hacer maniobras para desatarse de su atadura. Sin tan sólo tuviera algo filoso o cortante para romper la cuerda, sería muchísimo más fácil.
—Anna—dije—, ¿estamos muy lejos del cuchillo que está en la mesa?—pregunté, inicialmente no le presté atención a la distancia que estaba aquella mesa llena de atrocidades que a la misma vez pudiera ser nuestra salvación.
—No se... esta un poco lejos.
—¿Que tanto?
—No... no sé.
—Anna concentrate. ¿Esta muy lejos?
—Un poco.
Mierda, tenía que buscar otra manera de como cortar esta maldita cuerda. Comencé a recordar a Will siendo atacado y quise llorar, pero no podía hacerlo, no era el momento.
La puerta se abrió, me paralicé al ver unas botas negras dirigirse hacia mi.
—Vaya vaya. Que chica más traviesas tenemos aquí—sujetó la silla para incorporarme nuevamente, solo que esta vez frente a él.
—¿Que quieres?—grité desesperada.
Él sonrió.
No dijo nada, sus ojos grises estaban clavados en mí como una especie de scanner.
—¿Por que nos haces esto?
Curveó sus labios hacia abajo sentándose en una silla.
—Por venganza, tal vez.
—¡No te hemos hecho nada!—resopló Anna en lágrimas.
Se rió acariciandose la barbilla con una ligera barba canosa recién cortada.
—Tú no palomita. Tú padre sí.
—Mi... mi...mi padre—tartamudeó mi hermana.
—Tú padre mató a mi hermana. Así como yo las mataré a ustedes.
—¿¡Donde está Susie!?—gritó Anna en un tono lleno de angustia mezclado con lágrimas.
—Ella esta bien, por ahora.
—Sueltala a ella, no tiene nada que ver con mi padre por favor, déjala ir—supliqué
El sujeto se acercó mirándome fijamente a los ojos.
—No. Ustedes pagarán los errores de su padre. Es una maldición dejar a pelirrojas por allí y más si tienen genética psicópata—me echó una mirada por todo mi cuerpo sonriendo—. Nunca pensé que la hija de un psicópata fuera tan linda, tan provocativa.
Mi corazón se aceleró a mil, por un momento en mi mente se cruzó la idea de que este hombre pudiera violarme. Me moví de un lado a otro con angustia.
—¡Por favor, por favor!—imploré estallando en lágrimas.
Se apartó provocándome un gran alivio. Sus botas resonaban por el suelo de madera vieja. Se echó a reír mientras se conducía a la mesa para seleccionar un arma.
Anna aumentó el llanto.
—¡No por favor, no!—me desesperé, comencé a llorar sin consuelo.
—¡Ayuda!—gritó a todo pulmón mi hermana.
—¡Ayuda por favor! —continué.
—¡Ayuda!—seguimos, pero parecía que nadie nos escuchaba.
—¡Ayuda, ayuda, ayuda!—gritó el hombre—, griten todo lo que quieran, aquí nadie podrá escucharla ni oírla.
—¡Por favor!, por favor —suplicó Anna, al instante que el policía tomaba el arma.
—Me imagino que así gritó mi hermana, y saben... nadie, absolutamente nada la pudo ayudar de un fenómeno psicópata como tú padre—escupió lleno de ira—. Mi alma hace una fiesta hoy al vengar la muerte de mi hermana Fenicia—su voz se quebró como si aún recordar doliera—. Fenicia era... era... la chica más dulce de este mundo. Ingenua, inteligente, hermosa, con muchos sueños, llena de luz hasta que ese maldito le apagó su resplandor. La asesinó a sangre fría dejando a una familia deshecha—se acercó a mi con rudeza—. ¿Sabes todo lo que sufrí por eso? mi familia se destruyó. Mi padre se volvió un alcohólico y mi madre se fue directo a un sanatorio. Destruyeron mi vida.
—¡Lo siento!–se me quebró la voz.
—¿Lo sientes Holly, lo sientes?—me tomó el rostro con sus dedos ásperos obligandome a mirarlo—. Lo siento no es suficiente para mi.
Me soltó brusquedad, cargando el arma de sus manos.
—Esta pistola es muy especial para mí. Con ella, mi padre planeó algún día encontrar a ese hijo de puta, solo que... murió de una cirrosis por beber tanto—inspiró hondo—. Oh, mi padre estaría tan orgulloso de mi.
—¡Por favor!—dije.
—Hay una bala que indicara que una de las dos salga viva de esta cabaña. Mejor aún... juguemos a un juego—sonrió —. ¿Saben el juego de la montaña rusa? es esplendoroso porque nos enseña en cómo el destino de alguna manera decide por nosotros. Y hoy, el cielo conspirara para que una de las dos vivan.
Sollocé.
—Hagamos esto más divertido—movió mi silla frente a Anna—. Levanten la cabeza, mirense a los ojos.
Anna seguía sumida en llanto, en cambio, por mi parte obedecí.
—¡Mirala!—le gritó a Anna. Asustada, alzó su cabeza para verme—. Excelente, están siguiendo instrucciones. Bien... diganse unas palabras hermosas, no se, un último deseo. A ver...—nos miró a ambas con curiosidad—. Timarin de lo pi guen, cucaramata titirifue—seleccionó a Anna.
Ella intensificó su llanto.
—Dile algo a tu hermanita... vamos, tú puedes—ánimo. Mi hermana me miró con terror, pude percibir como se le dificultaba hablar.
—¡Lo siento!. Te quiero, a ti, a Will, a Susie. Los amo—estalló nuevamente en lágrimas.
Él aplaudió.
—¡Bravo, bravo! eso fue motivador, pero j***r, pueden hacerlo mejor—caminó en donde me encontraba y con su arma acarició mi pecho, hundiendola en mi corazón.
—¡Es tu turno!
Miré a mi hermana fijamente y con determinación.
—Te amo, eres mi hermana, mi amiga, mi todo, por eso, por eso... te prometo que saldremos de aquí.
—No estas en posición de prometer cuando con un disparo puedo destrozarte.
No dije nada.
—Bien, ahora juguemos, quiero diversión... a ver... ¿por quién comienzo?
Mi corazones disparo. El policía hizo como si estuviera pensando.
—Ya se, iniciemos con la menor: Anna Campbell
—¡No, no!—grité.
Puso su arma en la frente de mi hermana. Ella apretó los ojos y los dientes con fuerza.
—Comencemos... 1... 2... y
—¡No por favor!
—Y... 3
Jalo el gatillo.
—¡Anna!
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Mis hermosas lectores. Hoy actualicé Holly, mañana voy con quedate a mi lado. Dejen sus comentarios.