《Las cosas pueden estar mal, pero siempre habrá una luz al final del túnel》
Darth Valder
NARRA HOLLY
Corrí como nunca hubiera corrido.
Corrí como un hombre que quiere llegar de primero en una olimpiada.
Corrí como cuando te escondes del monstruo que se oculta bajo tu cama.
Corri como si no existiera un mañana.
Los árboles estaban quietos, soplando a una dirección por el viento helado que sucumbia mi cuerpo descubierto. El fango del suelo señalaba que anteriormente había llovido acompañado de un cielo n***o sin estrellas.
No tenía orientación, ni dirección, en estos momentos solo quería encontrar un lugar de salvación. Quizás, un dulce refugio donde pudiera descansar mis brazos adoloridos y mis pies a puntos de flaquear. Una clínica donde pudiera sanar mi alma rota y herida, o tal vez, una casa llamada hogar, donde restauren mis alas haciéndome creer en lo precioso que es estar los hermanos juntos y armonía.
No... en un bosque solitario no hay nada de eso. Solo el sonido del silencio, de una respiración descontrolada, el viento soplando a cualquier dirección, y los grillos haciendo ruido para asustarte.
Me detuve por un momento, exhausta, congelada, con el corazón estallando por sus latidos descontrolados. Susie se aferraba a mí pecho como un hijo a su madre. Igualmente estaba helada, temblando, dolida por haber dejado a nuestra hermana atrás.
La solté cayendo al suelo en lágrimas. Recordarla me hacía daño, dolia en el alma tan fuerte como si te hubiesen pegado un disparo directo al corazón. Quería gritar, desahogarme, llorar como Anna se lo merecía.
《¿Estoy dañada?》 surgieron de repente sus palabras en mi cabeza creando más confusión que nunca.
《Por supuesto que no》 Seguí llorando en ese suelo fangoso, en medio de los árboles, de un cielo sin estrella.
Ella era luz, claridad, una niña dulce y amable. Su pelo rojizo largo, su sonrisa inocente, sus ojos verdes ingenuos. Sus abrazos tiernos, su locura juvenil, sus chistes fuera de sentido era como una estaca directo a mi alma.
Las imágenes del recuerdo de mi hermana era como un álbum de fotos que pasaban frente a mi ojos como un tren en medio de sus rieles sin destino, en movimientos, a toda prisa.
¡Nunca deberías perder a tu hermano!
¡Nunca deberías perder a esa persona con la que compartiste aventuras en tu niñez, la que dejaste dormir en tu cama cuando estaba asustada, la que abrazaste una y otra vez! Tener un hermano es el mejor regalo que pude recibir a pesar de las circunstancias; fue la fortaleza, el refugio, y el aliento que necesité cuando estaba en el pozo de la oscuridad.
—¡Holly!—escuché la vocecita de Susie mirando algo que se pudiera llamar un barranco—. ¡Mira!—señaló en dirección a un circo. Respiré hondo aún sucumbida por las lágrimas.
¿Alguna vez te has sentido que perdiste el rumbo, la dirección y orientación en esta vida?, bueno, así me sentía: tan desubicada, asustada, en un lugar oscuro que aún nuestros ojos no logran visualizar que la puerta a la salida a todos nuestros vacíos está frente a ti. Sin embargo, no podía permitir que mi duelo arrastrara también a Susie, ella merecía una oportunidad, un camino al final del tunel.
Suspiré sujetando a mi hermana por los hombros.
—¡Escuchame bien, escúchame!—hablé en medio de lágrimas —. Vamos a esconderte para yo poder llegar hasta allá.
Susie movió la cabeza de un lado a otro en negación.
—¡Escuchame!, contigo no puedo. Cuando llegue, pediré ayuda y vendré directo a buscarte.
La niña estalló en llanto.
—Solo tienes que esconderte y por favor, pase lo que pase no hagas ningún ruido. ¡Entendido!
Ni siquiera asintió o negó, solo empezó a llorar con más fuerzas provocando que mi corazón se rompiera en mil pedazos.
—¡Susie!—alcé un poco la voz haciendo que la niña pegara un respingo.
Asintió no muy convencida. Entonces, encontré entre los arbusto frondosos el lugar perfecto para esconderla. Asimismo, una vez la camuflajee ocultandola entre la soledad de un bosque, corrí a toda prisa al circo que suponía que estaba lleno de personas o alguien que pudiera ayudarme.
Mientras mis pies cansados iban a toda marcha, mis pensamientos estaban con Susie, posiblemente la pobre tiene uno de lo más grandes temores de un niño: perder a los que ama, a sus grandes figuras de protección.
Susie ya había pasado por eso, siendo una niña pequeña perdió lo que un infante nunca debería de perder: sus padres biológicos, adoptivos, y una hermana. Agradecia profundamente que la familia a cargo de su bienestar siempre les hablaron de Anna, Will, y yo, así que cuando una vez me presente en en la vivienda de sus adoptivos; la chiquilla sabía a toda cabalidad quién era yo.
Según tenía entendido por medio de Will que entre Anna y Susie creció una conexión rápidamente la cual, mantenía comunicación telefónica casi todo los días. ¡Era grandioso!, al final de cuenta, era nuestra hermana.
Al mismo tiempo que corría también llegó a mi mente que debía calmarla antes de dejarla en ese bosque, decirle: Volveré por ti, te lo prometo, o un te amo. Fui una puta icerberg al dirigirme a ella.
¡Esperame Susie, volveré por ti!
Acontinuacion, una vez estuve a pocos metros del circo; mi corazón se iluminó. Había carrusel, niños, gente comiendo algodón de azúcar, helado, payasos, columpios, era también una feria.
Sonreí entre lágrimas, caminando con el corazón acongojado, con las piernas a punto de desmayarse. Hasta que...
—Aaaaah —grité cuando algo me tomó por el cabello. Como una muñeca de trapo me volteó para mirarlo a los ojos.
—¡Nooooo, noooo!—estallé en lagrimas, ahora, este sujeto apretaba mi cuello con una fuerza incomparable, el asesino de Anna estaba furioso por nuestra huida, pero como todo buen policía dedujo que llegaría a un lugar donde pudiera pedir ayuda. El perímetro más cercano era éste.
—¡Nooo por favor!—traté de defenderme rasguñando sus antebrazos, mas nada parecía funcionar, este hombre era el puto Terminator y duro de matar.
—¡Maldita asquerosa, te odio!—con violencia me empujó de manera que caí en el césped mojado, retrocediendo como un gusano asustado que sabe que lo van a aplastar.
—¡Por favor!—seguí suplicando. Mi padre me había dicho las diferencias entre ser presa y depredador, una de las reglas básicas era que: la presa hasta su último aliento suplicaba por su vida mientras que el adversario robaba cada suspiro disfrutando cada pequeño detalle de su víctima.
¿Cual era mi papel en todo esto? sin dudar: era la víctima, la presa.
¿Un asesino puede volverse presa de otro asesino?, en efecto. Un día eres el puto depredador, y al otro, la jodida presa.
Este policía me sujeto las muñecas con ferocidad, como el maldito lobo que era. Se subió encima en hojarasca dominandome por completo así como el amo a su sumisa.
Atropelló sus labios en mi cuello como un vampiro sediento de sangre. Entonces, en ese momento comprendí: este sujeto quería terminar lo que había comenzado en la cabaña.
Sus labios crueles bajaron hasta mis pechos que solo eran cubierto por un sostén al mismo tiempo que incrustaba sus dientes dejando mordiscos en ellos.
Me quejé de dolor y por el calvario de ser penetrada por otro sujeto cochino y asqueroso. Otro Rodrigo Cardenas, otra escoria humana.
—¡Hoy te vas a morir!—gruñó rechinando los dientes como un perro rabioso, sacando de su cintura una navaja—. ¿Sabes qué te haré? te cortaré esos lindos pezones—hizo figura en mis tetas con el filo del mismo—. Luego, te sacaré ese maldito corazón frío y morirás aquí, en este asqueroso suelo como la perra que eres.
Empuñó como todo un experto su arma para apuñalarme en el pecho. Cerré mis ojos con fuerza esperando a sentir el primer impacto, no obstante, no ocurrió. Abrí mis ojos observando cómo aquella mirada cruel era de espanto. Sus vista parecía estar en una especie de trance. Entonces, me di cuenta que otra sujeto vestido de n***o con máscara de payaso, se situaba a sus espaldas.
El grandulo cayó a un lado, revolcándose como una bestia herida. Aún estaba en shock, ¿que mierda era todo esto?. Este mismo asesino con cara de payaso malvado se aproximó a su objetivo, y con toda frialdad sacó la daga ensangrentada de su espalda volviendolo apuñalar.
Continuó una y otra vez.
Miré asombrada, el depredador se había convertido en víctima por un cazador. El mismo que me buscaba.
¡Tenia que correr! ¡muévete Holly! ¡muévete!
Corri con todo las últimas fuerzas de mi cuerpo.
Grité mientras que los ojos se nublaban a causa de las lágrimas.
Hasta que... quizás tropecé, no se, todo ya era confuso en mi mente. Solo sé que escuché su voz.
—¡Holly, Holly! ¡Estas bien! ¡Tranquila!
Me aferré a su pecho como una niña asustada. Sus manos suaves acariciaron mi cabello envolviendome más en la protección de sus brazos.
—Todo esta bien, estas a salvo—su voz fue música para mis oídos—. ¡Tenemos a Susie! respira, tranquila.
Aún estaba en shock, visualizando en agonía como una cantidad de oficiales se desplazaban por todo el perímetro del circo. Y que esos brazos donde quería permanecer no eran nada más que los de Richard White.
—¡Viniste por mi!—murmuré entre lágrimas.
Su pulgar secó aquellas gotas que caían en mis mejillas.
—Iría hasta el mismísimo infierno por ti.
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Leo sus comentarios mis estrellitas hermosas.