Cuando llegaron, Ariel descendió de su lomo, y Zack recuperó su forma humana.
—¿Qué te pareció? —preguntó Zack, observándola mientras se sentaba cerca de la orilla de la cascada, justo en el mismo lugar donde había estado aquel día, antes de que todo cambiara.
—Fue increíble. Nunca antes había montado sobre un lobo —confesó ella con admiración.
Zack se acomodó a su lado, se quitó los zapatos y subió el dobladillo de sus jeans antes de sumergir los pies en el agua. Un escalofrío placentero lo recorrió al sentir la frescura del río en contraste con el calor del día anterior que había sido fuerte.
—Me pediste que saliéramos de tu casa para hablar. ¿De qué se trata?
Ariel respiró hondo, luchando contra la urgencia de decirle todo. Sabía que este era el momento perfecto para ser honesta, pero también temía arruinar la atmósfera entre ellos. El instante era demasiado íntimo, demasiado especial como para empañarlo con su verdad.
Nunca antes se había sentido así. Zack, en apenas un día, le había demostrado más cariño del que había recibido en años viviendo la fachada de un matrimonio que cada vez iba de mal en peor.
—Yo… Han pasado muchas cosas, Zack. Siento que es justo que las sepas antes de que sigas ilusionándote conmigo, antes de que… sientas algo más sin conocer mi pasado y las consecuencias de que estemos juntos para cuando decidamos estarlo.
Lo que Ariel no sabía era que Zack ya lo sabía todo. Sabía que ella estaba casada. Sabía que su esposo no era más que un hombre cruel que la maltrataba, la despreciaba y la humillaba incluso ante sus amistades.
Sin embargo, Zack la escuchó en silencio, con paciencia. Entendía que una mujer se abría más a un hombre cuando sentía que realmente la escuchaban y eso era lo que ella quería que él hiciera en ese instante.
—Dime —susurró él—, ¿de qué quieres hablarme?
Ariel lo miró y supo en ese instante de que podía confiar plenamente en él. Se armó de valor y decidió contarle sobre su matrimonio roto antes de que Zack lo descubriera por su cuenta.
También mencionó lo que había ocurrido la noche anterior: su ritual de bienvenida al aquelarre de brujas. Aunque tenía sospechas de que todo había sido un engaño, una trampa para mantenerla atada a las leyes sobrenaturales que prohibían su relación con alguien que no fuera un brujo. Había investigado sobre su mundo en internet, pero sabía que ninguna fuente era completamente confiable.
Zack no la interrumpió ni una sola vez. Dejó que hablara, que soltara todo lo que llevaba dentro.
Para él, lo más importante era que Ariel estuviera completamente segura de querer estar con él.
— Y eso es todo —susurró ella cuando terminó.
El lobo seguía mirándola fijamente, la miraba con sinceridad, sintiendo un amor puro por ella del que nunca antes sintió por alguna otra mujer.
— Tranquila, entiendo muy bien todo lo que me has contado — dice él — Y no te preocupes, no voy a juzgarte, yo quiero estar contigo. Te quiero, y realmente, no me importa nada de lo que sucedió en tu pasado, quiero ser tu presente, quiero ayudarte, quiero hacerte ver la mejor versión de ti, y darte la seguridad que necesitas para ser feliz a mi lado. Y no, no me importa en absoluto que seas una bruja, que no seas una loba, solo quiero estar contigo, y con nadie más.
Ariel lo escuchaba con atención, sintiendo como su corazón brincaba de la emoción en su interior, sin sobre pensar las cosas frente a lo que han hecho su aquelarre de brujas para impedirle que sea feliz.
— Zack, yo también quiero estar contigo. No importa como fue la manera en como nos conocimos. Yo quiero estar contigo, también te quiero y eso es lo que más debería de importarnos ahora — ella respondió con seguridad, mirando a su lobo a los ojos con amor profundo y sincero.
Entonces, sin decir más, Zack se acercó a ella, y volvieron a besarse. Esta vez, el beso fue más profundo, fue dado con amor y con pasión.
Al separarse, volvieron a mirarse a los ojos, como si con ese gesto, se hubieran declarado su verdadero amor por toda la eternidad.
— ¿Quieres nadar? — dijo Zack en tono divertido, sin dejarla de mirar a los ojos.
— ¿Qué? ¿Nadar? ¿A esta hora? ¡Zack es de madrugada, nos moriremos de frío allí dentro! — ella se quejó — Además, no tengo ropa de cambio, si llego mojada a la casa, si me descubren, nos meteremos en serios problemas.
Zack negó con la cabeza.
— No, no nos meteremos en problemas. Ven, yo sé cómo hacerle para que no nos dé frío allá dentro.
— ¿Cómo pretendes hacer eso? — pregunta ella con la ceja levantada.
Zack se pone de pie y le ofrece su mano. Ella la toma y se pone de pie rápidamente.
— Quédate en ropa interior, así no será incómodo para ti, y tu ropa no se mojará.
— ¿No pensarás en violarme, verdad? — Ariel se va quitando la chaqueta.
Zack se ríe divertido.
— No, no lo haré. A menos de que tú quieras — responde él en tono pervertido.
Ariel siente que sus mejillas se ponen de rojo carmesí y que el calor recorre su cuerpo de tan solo pensar como se sentiría hacer el amor con Zack en el agua, porque ella nunca lo ha hecho así.
La bruja obedece, y se quita todo, quedando únicamente en ropa interior, usándola como traje de baño improvisado para no quedar completamente desnuda ante él. Por suerte, era ropa interior negra y de encaje, no era nada de lo que tuviera porque avergonzarse.
Zack la miraba con atención, sintiendo como su cuerpo se estremecía con solo verla y como su deseo s****l se prendía con solo mirarla.
Así como ella se quitó la ropa para quedar en ropa interior, Zack también se quitó todo, quedando únicamente en bóxer, dejando ver su abdomen marcado de tantas veces que practicó barras para ejercitarse en sus salidas al parque de noche.
Ariel lo miraba, y quería evitar morderse el labio de forma sensual, porque ella también estaba sintiendo deseos de lanzarse encima de él para hacerle el amor.
— ¿Lista? — dijo él.
Ella asintió.
Y sin pensarlo, él fue un poco más divertido, y la empujó con suavidad para tumbarla y que cayera dentro del pequeño lago que componía la cascada.
Después, se lanzó al lago, y cayó cerca de su bruja.
Ariel se acercó nadando a él, y de inmediato, él la abrazó, luego, la bruja lo abrazó por la cintura con sus piernas, rodeó su cuello con sus brazos, y estaban mirándose tan de cerca que fue inevitable para ellos no caer en la tentación de un beso.
— Eres increíble, de verdad — Zack susurró en sus labios.
Ariel no paraba de sonreír, sintiéndose como una adolescente enamorada por primera vez del chico de sus sueños. Aunque ella apenas tuviera veinticinco años, con todo lo que ha vivido y su experiencia de vida, le hacía sentirse demasiado vieja al lado de Zack.
— ¿En serio lo crees?— ella respondió con incredulidad.
Él asintió, sus ojos la miraban con seguridad.
— Sí, lo creo. No me arrepentiré para nada de haberte elegido como mi pareja predestinada en el primer momento que nos conocimos — él confesó.