Escapada con el lobo

1235 Palabras
Ariel llegó a casa para encerrarse en su habitación, por fortuna, ella no tenía que compartir su privacidad con nadie más porque aquella casa era demasiado grande como para tener el espacio suficiente de poner más de una habitación y que las personas que allí vivirían pudieran tener su propia privacidad así como ella, sin tener un compañero al lado que estuviera molestando tanto. La mujer se metió a su habitación, y cuando finalmente supo que se encontraba sola, rompió en llanto al tirarse en la cama, luego de haber cerrado con seguro la puerta para que nadie pudiera entrar sin su permiso. Desde hace mucho tiempo, Ariel no se sentía así de devastada, ¿Cómo era posible que su propia familia de brujas, la que ella tanto pensaba que si la querían, hayan sido capaces de haberla obligado a hacer esas pruebas? ¿Qué la hayan obligado a aceptar esas condiciones para seguir siendo parte de su familia? ¿Cómo le prohibían que amara a alguien y recibir amor por primera vez después de todo lo que ha sufrido? Ella no sabía qué hacer, y tampoco llevaba consigo su celular como para buscar a Zack en r************* y de esa manera poder hablar con él a escondidas de sus compañeras de aquelarre para solucionar esa situación. Ahora bien, ¿Qué sucedería con la cita de mañana que ambos acordaron cumplir? ¿Lo dejaría plantado? ¡No, no podía hacerlo! ¡Ella tendría que hallar la manera de como escaparse de casa sin que nadie la descubra para verse con él! Después de ese beso que ella le robó, ese beso que fue correspondido de la manera más especial con que la hayan besado jamás, y cuando lo miró a los ojos, de inmediato, ella supo que a pesar de todo, aquel lobo iba a ser el hombre de su vida. Ariel no quería cometer errores, sabía que tenía demasiados problemas para solucionar, y lo haría, pero primero, sí o sí, tenía que arreglar su problema matrimonial con Emanuel, su esposo actual, antes de volver oficial su relación con Zack, si es que en algún momento de su vida eso podría pasar, antes de que una loba más astuta llegue a robárselo de su camino. Efectivamente, Ariel no deseaba que eso ocurriera. La bruja terminó de llorar, se controló, y finalmente, se quedó dormida, pero en la madrugada del día siguiente, justo antes de que el sol terminara de aparecer en el cielo, una extraña sensación recorrió su cuerpo, fue como si de la nada, se hubiera sentido observada, y cuando abrió los ojos, lo vio. Zack estaba sentado en la silla de su escritorio, él se había metido dentro de su habitación. Al principio, Ariel se espantó, pero luego se calmó, y se sintió feliz de que él hubiera ido a verla. Zack sonreía, y ella se acercó a donde él estaba, él abrió las piernas de par en par, y todavía estando sentado en su silla, abrazó a Ariel por la cadera, y la apegó más a él para hablar en susurros porque era de la única manera en que ambos podían comunicarse en ese momento. — Zack, ¿Qué haces aquí? Nos meterás en problemas — ella susurró. Sintiéndose angustiada de que, desde afuera, nadie los fuera a escuchar en su conversación. Porque nadie de su aquelarre debía de darse cuenta de lo que estaban haciendo ella y Zack ahí. — Tranquila, todas están dormidas. Ya me encargué de eso. Por ahora, disfrutemos nuestro tiempo a solas… — él respondió, también hablando en susurros. No dejó ni que Ariel respondiera, simplemente, sus labios volvieron a juntarse en un beso. Un beso que en un comienzo fue tan apasionado que, ni Ariel misma, creía lo que estaba siendo capaz de hacer, puesto que aprovechó ese momento del beso para agarrarlo de los brazos, jalarlo hacia ella, y luego, tumbarlo a la cama. Zack la miró con deseo. Ella también lo miró de la misma forma. De inmediato, al ver que él estaba acostado sobre la cama, en posición de boca arriba, ella se fue hacia él, se sentó encima de él, y volvieron a besarse. Zack la tomó de la cintura, su cadera comenzó a moverse de arriba hacia abajo, lentamente, el lobo la ayudaba con sus manos, y sentía como su erección iba creciendo de a poco en su pantalón. Si ella no se controlaba, probablemente, en esa noche terminarían haciendo algo más. Entre jadeos, los besos cesaron, Ariel dejó de moverse, pero no se quitó de la posición en la que se encontraba. — Wow… — susurró Zack en sus labios, mirándola fijamente a los ojos. Ella sonrió perversamente. — ¿Qué? — Ariel también susurró a sus labios. — Eso fue estupendo… Pero, ¿Por qué te detuviste? — Zack susurró. Ariel no dejaba de mirarlo a los ojos, se daba cuenta de que aquello que sentía por Zack es mucho más fuerte de lo que pudiera haber sentido por alguien más. Pero al mismo tiempo, se sentía terrible. Porque no dejaba de pensar en su pasado, y en lo mucho que afectaría su presente, más de lo que ya estaba siendo afectado. — Ariel… — Zack volvió a hablar al darse cuenta de que ella no decía nada — ¿Está todo bien? ¿Por qué estás distraída? ¿En qué piensas? ¿Quieres contarme? Ariel suspiró, seguía mirándolo a los ojos, más no sabía con seguridad que podía decir. — Es que… Anoche… Pasaron muchas cosas, de las que tengo que hablar contigo. Pero prefiero no hacerlo aquí, ¿Hay la posibilidad de que salgamos a otro lado? Zack asintió. — Como te dije, tus brujas están dormidas, así que podemos escaparnos un rato al bosque para hablar. Vamos, te ayudaré a salir de aquí. — ¿Cómo lo harás? — pregunta ella con curiosidad. — Hazte a un lado, ya vas a ver mis habilidades de lobo alfa. Ella sonrió y se quitó de su posición, quedando sentada en la orilla de la cama, fue entonces cuando lo vio todo, y confirmó lo que Zack hablaba, lo vio transformarse en hombre lobo, con solo un salto bien dado en posición de cuatro patas se transformó a pesar de que no hubiera mucho espacio en la habitación de Ariel como para lograrlo. Zack la miró, y sin poder hablar con ella por telepatía de hombre lobo como solía hacer con sus compañeros de manada y con otros hombres lobos, para Ariel fue fácil entender lo que él había dicho antes de que él se convirtiera en lobo acerca de querer ayudarla a salir de allí. Entonces, antes de salir, Ariel se puso una chaqueta porque esa noche haría mucho frío, y no quería enfermarse y luego de estar preparada, se subió al lomo de su lobo, y aferrándose duro a él, permitió que Zack brincara desde el segundo piso de la mansión donde ella ahora vivía, hasta caer a la calle, y quedándose allí encima, dejó que Zack la llevara consigo hasta el interior del bosque, y que él fuera el encargado de guiarla hasta el lugar más conveniente para los dos poder conversar y pasar un tiempo a solas. Entonces, Zack corrió hasta llegar a la cascada en donde se habían vuelto a encontrar, en donde se habían dado su primer beso y declarado su amor.
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