II

1039 Palabras
Mi primo Carlos viene a casa para almorzar juntos. También trabaja conmigo en el restaurante de su papá y es mi primo favorito. Hace arroz con pollo y está tan rico que repetimos varias veces el plato. Él siempre me ayuda y me apoya en todas mis decisiones. Creo que muy pocas personas me odian, y los que me odian es porque no me conocen. Tengo muchos amigos y me encanta, saben que pueden contar conmigo siempre. —Carlitos… ayúdame. Necesito un consejo tuyo —digo. —Dime —responde, comiendo un pedazo de pan y mirándome con interés. —Ayer fui al comedor de los chicos y en la entrada había un hombre de la calle y no puedo dejar de pensar en él. Me gustaría ayudarlo de alguna forma, ¿sabes? Le di dinero y me miró muy agradecido. Esa mirada me rompió el corazón. Quiero ayudarlo. —Siempre pensando en los demás… —sonríe—. La verdad es que no se me ocurre nada para que puedas ayudarlo. ¿Tienes alguna idea planeada? ¿No puede instalarse en el comedor con los pequeños? —No… es muy grande. Debe tener como cincuenta años. Y sí, tengo algo en mente. —¿Qué es? —Traerlo a vivir conmigo. Mi primo se atraganta con el pan y luego se queda mudo, con la boca abierta. Luego ríe y se pone serio de nuevo. —¿En serio? —asiento con la cabeza— ¿Si es un ladrón, violador, drogadicto, secuestrador…? Además, ¿qué va a decir Martín? Son amigos hace como tres años y en vez de irte a vivir con él vas a vivir con un vagabundo. ¿Acaso estás loca? Repito, puede que sea alguien malo. —No creo. Su mirada está llena de bondad, lo juro. Me dio tanta lástima ese señor. ¿Qué podría pasar? Mi mamá me dijo cuando haces cosas buenas… —Te pasan cosas buenas —continúa él—. ¿Si es malo? —Carlos, no es malo. Aparte va a ser solo un tiempo, hasta que encuentre trabajo y pueda mantenerse solo. —¿Crees que funcionará? —asiento. —Aparte sabes que estoy muy poco tiempo en casa. —Por eso mismo. Puede ser un ladrón y cuando vuelves ya no tienes ni un mueble. —Me arriesgaré. En serio quiero ayudar a ese tipo. Lo iré a buscar en la tarde. ¿Vienes conmigo? —él suspira y me mira a los ojos. —¡Por supuesto! Cuentas conmigo. Pero eso sí, dile a Martín. —¡Gracias! —sonrío y él me devuelve la sonrisa— Y se lo voy a decir cuando traiga al hombre, sino se va a poner celoso y me va a negar todo el plan. Conduzco hasta el comedor y mi primo está a mi lado cantando. Tiene una vez preciosa, lástima que tiene pánico escénico. Estaciono en la entrada del lugar y bajamos. Caminamos hasta la puerta, pero el hombre ya no está. —Increíble —mascullo—. ¿Dónde estará? —Es una señal, Mayra. Quizás no tienes que invitarlo a tu casa. —Cállate. Vamos a buscarlo por toda la ciudad hasta encontrarlo. ¿Te parece? —Uf, todo por ti, querida prima —responde con sarcasmo, pero esboza una sonrisa. —Te amo —respondo. Y nos reímos. Manejo dos horas seguidas y nada. Ni rastro del señor. No puedo creerlo. ¿Habrá muerto? —Qué pena… —digo, cuando volvemos a mi casa. —Una completa lástima —pone los ojos en blanco. —No seas malo, ¿sí? —No seas tan loca, tan rarita, ni tan buena. —¡Y tú no seas tan maldito ni egoísta! —respondo en un grito. —¡Si fuese egoísta no te hubiese acompañado a hacer esa tontería hoy! Eres cabeza dura. —Vete, quiero estar sola —me pican los ojos. No quiero aceptar la verdad que dice Carlos. —Cuando quieras me llamas —dice mirándome con enojo. Abre la puerta y se va. No me importa lo que digan, yo voy a encontrar a ese hombre sea como sea. Lo primero que hago es mirar la hora. Ya está por anochecer, así que quizás no sea buena idea meterme en algún lugar oscuro, quién sabe lo que podría pasarme. Además, mañana tengo que ir a la universidad y no sería buena idea quedarme hasta tarde buscando al hombre. Si el destino quiere que lo encuentre, estoy segura de que lo encontraré, sea donde sea y cuando sea. Resoplo antes de meterme a la ducha y escucho que mi teléfono suena. Lo dejo pasar hasta que salgo de bañarme y noto que son casi cinco llamadas de mi primo. Apago el celular, la verdad es que no tengo ganas de hablar con nadie. Lunes en la mañana, me preparo de nuevo para la universidad. Decido ponerme un vestido violeta y unas zapatillas cómodas que combinan con el vestido. Me maquillo un poco y salgo. —Hola, mi cielo —dice Martín, quien me toma por sorpresa ya que me estaba esperando en la puerta. Le doy un beso y comenzamos a caminar hacia la universidad tomados de la mano, como es habitual. Creo que la gran mayoría piensa que es mi novio, pero estamos muy lejos de ser eso—. Estaba preocupado, anoche no respondías mis mensajes ni nada. —Ah… es que se me apagó el teléfono porque me quedé sin batería y no encontraba el cargador, así que… Mi mirada se posa en un hombre con ropa sucia, barba y cabello largo, igual que el del comedor. Le suelto la mano a mi novio y salgo corriendo tras el vagabundo, quien también corre por miedo a que le haga algo y Martín corre detrás de mí para detenerme. Me imagino que la escena es bastante graciosa y, vergonzosamente, piso una rama y caigo de cara al piso, perdiendo de vista al vagabundo y haciendo que mi amigo me alcance. Me ayuda a levantarme y me mira con expresión confundida. —¿Qué fue eso, May? —cuestiona, recuperando la respiración. —Ese hombre… tengo que llevarlo a casa.
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