El camino de vuelta no fue muy diferente, Gianna no me quiere soltar, me hace recordar mucho a Victoria cuando me acosaba, incluso, trató de drogarme, menos mal que Andrea nunca se enteró de cuando esta mina me pilló volando bajo y me agarró a besos, mi cuica hermosa me mataría. De repente se me cruzó por la cabeza de que está cabra tiene un nombre italiano ¿por qué tiene un nombre italiano si ella es española? le hice la pregunta cómo si se la preguntara al viento, Gianna me mira sorprendida y me da una sonrisa coqueta:
- Ahora te importo ¿Verdad? – restregó sus tetas en mi brazo, no sé cómo chucha puedo sentirlas si los dos estamos más abrigados que hijo único, su acto me hace sentir arrepentido por andar preguntando hueás y por eso le dije:
- No sé por qué mierda pregunté. – Ella se rio y con sus dedos recorrió mi brazo, hasta llegar a mi pecho, esto me molesta, así que la paré en seco. - ¡Oye! ¡Córtala! A penas nos conocemos para que me andes toqueteando a tu gusto.
- Pensé que en Chile los hombres eran salvajes, como bestias. - ¿De dónde mierda cree que vengo?
- Por si acaso, no vivía en medio del bosque cazando animales, conozco exactamente lo mismo que tú.
- Entonces… - me tiró el brazo hacia abajo, me sacó el gorro que trae la chaqueta solo para darme un beso en la oreja y decirme: - ¿Qué te parece si pasamos a otro nivel? Sin compromiso.
- Eres muy directa. – Se mordía el labio inferior mientras me observaba como gato frente a una pescadería.
- No te lo voy a negar, soy una mujer sin pelos en la lengua, si algo me interesa lo quiero tomar en el acto. – Gianna se enganchó de mi cuello intentando besarme, pero yo tomé sus brazos y la alejé de mí, no quiero que se haga ideas hueonas conmigo.
- Flaca, de verdad, yo no estoy en la misma pará que tú, como te dije antes, yo solo vine a conocer a mis viejos, ni siquiera sé si me quedaré. – ¿Qué? Solo he pasado una semana aquí y ya estoy pensando en volver ¿Por qué?
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a que no me gustas. – Gianna me miró con malicia y me dijo, casi como un hecho:
- Tal vez no te guste, pero para pasarla bien solo necesitas las ganas. – La dejé hablando sola, nada me hará cambiar de opinión.
Después de dejar las cosas que compramos en la casa, me despedí de mi mamá y me encaminé al hotel, hace frío y el vapor de mi boca parece una bola de hielo en el aire, hice parar un taxi para llegar más rápido a mi habitación. Apenas entré al hotel, un recepcionista me dijo que me había llamado Lèmmi, supongo que volverá a llamar, así que le di las gracias y me apuré en llegar a la suite de lujo que me está pagando mi hermano, me siento feliz al pensar que escucharé a Rex de nuevo.
Pasó como una hora antes de que volvieran a llamar, estaba meando cuando comenzó a sonar el teléfono, salí corriendo hacia la habitación, me lancé como arquero de fútbol a la cama y casi gritando pregunté quien era, en esta ocasión fue una mujer la que estaba de recepcionista, así que ante mi grito se sintió algo cohibida y me habló muy bajito, cuando acepté recibir la llamada, me transfirió, escuchar esa voz tranquilizadora me hizo sentir como un cabro chico:
- Hola, Rob ¿Cómo has estado?
- Bien, he pasado mucho tiempo con la mamá.
- Me alegro, oye, tengo algo que preguntarte. – el tono que ocupa suena a molestia, como si me hubiera mandado un cagazo y ni siquiera estoy allá.
- ¿Qué cosa?
- ¿Por qué no te llevaste el celular? – Aaah, esa es la cagá que me mandé.
- No sé, se me olvido. – Rex suspiró algo frustrado y me dijo:
- Te pregunté si llevabas todo, es peligroso que estés incomunicado por tanto tiempo. –
- Rex ¿Para qué quieres que lleve un teléfono? ¿No te conformas con mandarme sapos culiaos? Apuesto que esos hueones deben estar informándote hasta cuando voy a cagar. – mi hermano se quedo en silencio, pero al parecer la idea no era saber de mí, era hacerme mierda el alma.
- Andrea intentó llamarte al celular, cuando se dio cuenta que estaba aquí se acostó en tu cama y lloró hasta quedarse dormida, tuvo suerte de que me diera cuenta antes que cualquier otro en la casa, la tomé en brazos y la llevé a su cama, traté de dejar todo en su lugar para que a nadie se le ocurra pensar que Andrea estuvo metiéndose en tu pieza, ella no merece cargar con las críticas de los demás. – ¡Mi cuica hermosa! Trató de hablar conmigo ¿Por qué chucha no se me ocurrió que ella intentaría llamarme?
- Nunca se me ocurrió que ella me llamaría, estoy seguro de que ni siquiera tenía el número antes de que intentara contactarme. – La voz de Rex sonó dura en el momento que comenzó a retarme.
- Debiste pensarlo, Rob, en especial cuando le mentiste, no fuiste capaz de decirle que no volverías, ahora ella cree que debe esperarte y cada día ella se ve mucho más triste y desamparada ¿Cómo no fuiste capaz de pensar en ella solo una vez? – A Rex le encanta meter el dedo en la herida, no me siento mejor al saber que Andrea sufre una tortura cada día.
- Rex, lo intenté, te juro que varias veces quise decirle que todo se había acabado entre los dos, pero ya la vi llorar por mí una vez y no me sentí capaz de contarle que ya no volvería a Chile, no lo hice a propósito.
- Tienes que arreglar esto, tienes que contarle a Andrea la verdad, piensa en algo, envíale una carta, llámala o si quieres le digo que, cuando vuelva de su paseo, te llame.
- ¿Cómo? ¿A dónde fue Andrea? – Botó aire con fastidio, y me dijo:
- Ella salió a un paseo escolar, el que no pudieron hacer por lo que pasó con Javier, su amiga la convenció para ir a Coquimbo una semana. – Mi corazón se apretó, ahora ¿Quién cuidará de mi cuica hermosa si estoy tan lejos?
- ¡Rex! ¿Por qué la dejaron ir? ¡No sabes lo peligroso que es el mar! ¿Si se ahoga? ¿Quién la rescatará? ¿Por qué chucha los papás de mi princesa no se preocupan de ella? Cómo… – ¡Mierda! Me siento tan impotente al no poder ir corriendo a buscar a mi cuica, no pensé que esto me afectaría de tal forma, no puedo dejarla.
- Rob, ella esta bien, sus amigos están con ella y también la tengo bajo vigilancia, no le pasará nada, Andrea necesita seguir con su vida y si quieres que ella esté completamente bien, termina con ella, te llamaré cuando mi cuñada vuelva, así podrás darle fin a este asunto. – ¡No quiero! ¡No quiero darle fin! ¡Amo a Andrea! ¡No quiero perderla!
- Rex… - No me dejó hablar y de golpe me suelta.
- Rob, Andrea tiene derecho a empezar de cero, déjala ir, no tiene caso que insistas. – ¿Qué me pasa? Siento como si mi hermano me quisiera quitar el aire, la voz, iba a decir algo para defender mis sentimientos hacia ella, pero Rex me dice: - Me tengo que ir, te hablaré la próxima semana, espero que para esa fecha tengas un plan para que arregles esto.
Colgó, no alcancé a decir ni chao, de pronto siento que mi cuerpo pesa más de lo normal, siento como si me hubieran abierto el pecho y hubieran cortado mi corazón en pedacitos, me siento culpable y arrepentido por las hueonas decisiones que he tomado, voy a perder a mi cuica hermosa y ni siquiera sé cómo deshacer todas las pendejadas que he hecho, tengo una semana para decidir como matar el amor por Andrea, pero mi corazón le pertenece a ella, la extraño más que la cresta ¡La amo!
Me quedé un buen rato acostado mirando el techo, miré la muñequera que me regaló Andrea ¿Será que no tengo derecho a tenerla? ¿Ella no es para mí? Ni siquiera pude disfrutar lo que es ser el pololo de esa hermosa mujer, no pude presumirla, no pude presentarla ante mis amigos, no pude llevarla a comer hueás que venden en la calle, no pude ver su carita llena de asco por ver un sándwich de potito o llevarla a verme jugar un partido de fútbol, no pude demostrarle de todas las formas posibles lo importante que ella es en mi vida.
De repente me acordé de la cadenita de Andrea, la busqué entre mi ropa y ahí estaba la imagen de la Virgen María, a mi cuica hermosa le gusta tanto esta cosa, ahora que la veo mejor, la cadenita se partió, podría… en ese momento se me prendió el foco y se me ocurrió comprarle una cadenita para la medalla, esa será mi meta ahora, debo cambiar la cadena, por alguna razón esto me da esperanzas de que las cosas cambien, tengo una oportunidad de algo que todavía no sé qué es, pero esa idea me mantiene tranquilo, puse la medalla en mi pecho y me dormí pensando en mi bella Andrea, te extraño princesa…
Narra Andrea
Llevo tres días en Coquimbo y la verdad, nada me motiva, después de una horrorosa tarde en la playa, donde unos niños me golpearon con una pelota de fútbol, el Eduardo le echó arena a mi helado cuando sacudió su toalla y un pequeño cangrejo me apretó con sus tenazas el dedo chico del pie, me desilusioné muy rápido de este viaje.
Cuando llegamos a la habitación que comparto con la Panchi y dos compañeras más, me metí a la ducha y dejé correr el agua fría que refrescó hasta mis ideas, me puse una polera blanca holgada y un pantalón corto para estar más fresca, me miro al espejo para ver cómo me queda lo que me puse y espantada veo mi piel roja como una jaiba, tuve que partir a buscar mis cosas y llenarme de crema, mi piel es demasiado sensible al sol. Después de cubrir cada área quemada, me fui a contemplar el atardecer en el balcón, de pronto toqué mi pecho y olvidé que perdí mi cadenita, creo que las cosas van de mal en peor en mi vida, de pronto aparece la Panchi y me dice:
- ¡Ann! ¡hay una fiesta pagada por Sergio en el salón del hotel! ¡Tenemos que ir! – ¿está bromeando? ¿Acaso no me ve?
- Panchi, no quiero ir a la fiesta, estoy cansada y muy quemada.
- ¡Ay! no seas fome, veamos que tienes en el… - esta vez sí voy a ser tajante con la Panchi, no me siento en condiciones de nada en este momento.
- ¡Basta, Panchi! De verdad solo quiero acostarme y dormir.
- Hace días que estas así, no es bueno que te quedes encerrada, eso solo empeora las cosas y no te deja superar tus malos momentos – No quise entrar en detalles con la Panchi, independiente que parezca un tomate andante, sigo triste por lo de Roberto.
- De verdad solo quiero dormir, a parte no me gusta andar tocando el violín cuando estás con el Eduardo. – No sé qué cara tengo, pero creo que esto hizo entender a la Panchi lo que me pasa, me abrazó y me dijo:
- Bueno, te dejaré descansar, pero si necesitas algo no dudes en buscarme, de todas formas, si por cualquier cosa quieres ir a la fiesta, aunque sea en pijama, anda. – Asentí con la cabeza, ella me sonrió y se fue al baño.
Me siento tan perdida y desolada, nunca me había sentido así de desdichada, como si todos mis esfuerzos por estar con quien amo fueron en vano, quería volver a llorar, quería gritar, pero, de la nada, toqué mi pecho mientras se iba el último rayo de luz, casi como si una voz interna me tratara de tranquilizar, respiré profundo y dije de manera inconsciente:
- Roberto… Te extraño tanto.