Capítulo 25

2091 Palabras
Ale me miró algo sorprendida ¿Me vio entrar? No sabía que decirle, solo se me ocurre… - Aaah… estoy bien, no tengo nada. – me levanté de mi asiento, pero no pude fingir el quejido que me causo apoyarme en mi pie herido. - ¿No se suponía que estabas en el baño? – me descolocó su pregunta, traté de contestar lo mejor posible a sus dudas. - Pues… Vine a buscar… un yogurt, se me antojó un yogurt, vine a buscar uno antes de volver al comedor. - ¿Y qué hacías afuera entonces? – ¡Uy! ¡Qué mal! Sí me vio entrar. - Aaah… es que… necesitaba respirar aire fresco, la casa se siente como un horno por el calor que hace y afuera corre un viento muy agradable. - ¿Y qué le pasó a tu pie? - ¡Uy! Ya sé a dónde quiere llegar Ale, pero no le diré nada, aunque sospeche que hice algo malo, no le diré la verdad. - Me tropecé con una piedra antes de entrar y me torcí el pie ¿Hay algo más que quieras saber hermanita? – Sé que sueno molesta, pero me está sacando de quicio su interrogatorio. - Ann. – Ale se puso muy seria y me dijo: - no me trates de estúpida, sé que algo hiciste, estás super extraña, así que ¡Dime! ¿Qué hiciste? No quiero que mi hermana se enoje, ella debe estar tranquila, tengo que pensar en algo distinto, en algo que no la inquiete o la lleve a un mal rato, debo… - Preciosa… - Las dos vimos a Rex entrar a la cocina, a mí me paralizó verlo, en cambio a Ale, que no sabe nada, lo mira curiosa, mi cuñado continua hablando – ¿Encontraste lo que tu mamá te pidió? - ¡No! Lo había olvidado, al tiro lo llevo. – Ale se acerca a un gabinete y saca un frasco, iba a salir de la cocina cuando se gira con un aire de sospecha. – Ann, esta conversación no se ha acabado ¿Escuchaste? Suspiré agitando la cabeza para decir que sí, Ale al ver mi respuesta sigue su camino junto a mi cuñado, salieron por la puerta de la la cocina y se dirigieron a las escaleras, sentía una gran frustración ¡Aaah! ¿Por qué me pasa esto a mí? Ahora debo buscar una buena excusa para que Ale me crea, aunque yo también necesito explicaciones, en especial las de Rex, mi cuñado tendrá que saber responder al millón de preguntas que tengo. Me fui al comedor harta de la horrible mañana de hoy, tomé desayuno sola, meditaba en que hemos tenido un pésimo comienzo de año en la familia y eso que solo han pasado tres días. Con mucha fuerza de voluntad me comí una tostada, ya que todavía tengo los nervios del estómago apretados, mi cabeza da mil vueltas ante tanta información que ha recibido en un par de horas, mi mente trata de vincular a mi cuñado con alguna mafia famosa, pero a parte de las que salen en las películas, no sé me ocurre ninguna chilena. Estaba muy metida en mis pensamientos hasta que la Clara aparece por la puerta y me dice muy contenta: - ¡Aquí esta Andreita! Su amiga, la Francisquita la llama por teléfono. - ¿Qué quiere? No tengo mucho ánimo de hablar con ella, pero supongo que debo darme la fuerza de contestarle a mi amiga. Me levanté de mi asiento y fui directo al teléfono que está cerca de la entrada de la casa, tomé aire y contesté fingiendo felicidad. - ¡Hola, Panchi! - ¡Ann! ¡Tengo muy buenas noticias! – La última vez que me dijo algo tan emocionada, vino con algunas personas a mi casa. - A ver, dime ¿Qué es eso tan bueno? – La verdad, no me importa mucho lo que tenga que decir, ya que la única cosa que me podría animar es que Roberto vuelva. - Te acuerdas de que tuvimos que suspender el paseo de curso a Brasil, ya sabes, por lo que pasó. – Le contesté un sonido, no quiero recordar ese horrible día. – Pues, no iremos a Brasil, pero ¡Iremos a Coquimbo! - ¿Coquimbo? - Sí, es mejor que nada, ya están apartados las habitaciones del hotel, viajaremos el miércoles... – No quiero ir, así que trataré de negarme de la mejor forma posible. - Panchi, yo… - Ya esta todo organizado, tú y yo dormiremos en la misma habitación que otras dos compañeras… - ¿Por qué la Panchi siempre hace lo mismo? No me deja decidir. - Panchi, por favor, escúchame… - Ya sé amiga, todavía no te sientes preparada para esto, pero debes disfrutar, no puedes pasar toda la vida encerrada en cuatro paredes, piensa que es una semana para descansar, olvidarte de los estúpidos hombres, no pensaremos en ellos, aunque ellos también estén ahí, solo seremos nosotras, el sol, la arena y el mar. – Bueno, creo que distraerme un poco me mantendrá tranquila hasta que Roberto vuelva, supongo que debo pensar un poco en mí. - Bueno, Panchi, si… - ¡Ay! ¡Sabía que irías! ¡La pasaremos bakan en la playa! ¡No te arrepentirás! – eso espero. Narra Roberto Ha pasado una semana desde que estoy en Italia, voy todos los días a ver a mi mamá a su casa, estoy tratando de adaptarme a esta nueva vida, pero me es mucho más extraño este mundo que vivir con mi hermano, las costumbres son tan diferentes que me siento muy incómodo. - ¡Roberto! – me llama mi mamá muy contenta. – Aquí está L'album fotografico. Mi mamá empieza a mostrarme fotos de cuando Rex y yo eramos chicos, me di cuenta de que mi hermano tiene muchas fotos de cuando era guagua, pero yo no tengo tantas, más bien, las pocas que hay, son del momento en que aprendí a caminar. - Mamá, ¿Por qué no hay tantas fotos mías? – Ella se quedó callada con las manos apretadas y con dificultad me contó. - Mio figlio… - trataba de formar las palabras con cuidado. – cuando eri un neonato de tres años, te salió a massa detrás de la oreja, tú pasas dos años en ospedale quando i medici descuben tu condición, no pude sacar muchas fotos porque casi no estabas a casa. Rex tenía razón, de verdad tenía un tumor. De repente, escucho que alguien entra a la casa y veo al señor Ricardo entrar al comedor, donde estábamos viendo los fotos, se ve molesto, pero en vez de hablarme y decirme algo, llama a su ahijada. - ¡Gianna! – la mina salió corriendo de la cocina, se veía algo emocionada. – Vai a comprarmi sigari, della buona carne e una bottiglia di wiski, prendi il brat questo per conoscere il posto Por lo que entendí, Ricardo me mando a comprar con Gianna algunas hueas para él, ella me mira como si estuviera esperando que le dijera algo, pero solo sonríe y dice sí. Gianna es simpática y por lo que sé, ella habla mejor el español que el italiano, por lo cual me es más fácil hablar con ella que con cualquiera en esa casa. Mientras salíamos al frío de la calle, Gianna de la nada se cuelga de mi brazo y me dice: - Es mejor que estemos bien apretados, para resguardar el calor. – Toda la semana me han enviado a comprar con ella y siempre se me pega como lapa al cuerpo, ¡no sé qué mierda le pasa conmigo! - Como digas. – ¿Qué más le puedo decir? si le dijera que no lo haría igual La caminata a la tienda más cercana es de medía hora, por lo cual Gianna me mete conversa. - Roberto ¿Dejaste muchas cosas importantes en Chile? – me hizo pensar, no recuerdo haber dejado nada que me importara allá, traje hasta mi mochila favorita. - No, traje todo lo que me importaba. – Ella se envolvió más en mi brazo, casi como si quisiera que yo sintiera sus tetas. - No me refiero a eso, tonto. – su rostro se puso rojo. - ¿Y de qué mierda estás hablando entonces? - Bueno, me refería a si habías dejado a una novia en el continente americano. – sus palabras fueron pequeñas agujas que envolvían mi corazón y lo hacían sangrar, no he podido olvidar a Andrea y la recuerdo cada vez que veo la muñequera que me dio. Por dolor o quien sabe por qué, saqué mi brazo del agarre de esta mina y le contesté algo cabreado. - No, no tengo a nadie. – mi alma se quema con cada palabra pronunciada, la verdad, todavía me siento muy enganchado de mi cuica hermosa, pero tengo que tratar de superarla. - Entonces… - Gianna se puso enfrente de mí y de la nada se colgó de mi cuello. – puede que tenga una posibilidad con el príncipe de la familia Anderson. - ¿Qué? – ¿Acabo de llegar y ya alguien está detrás de mí? - Eso, me gustas Roberto y más de lo que piensas. – ¡Debe estar hueando! ¡Ni la conozco! Algo asqueado me separé de ella, por alguna razón tengo la corazonada de que hay algo raro en su rollo de mina enamorada. - Gianna, que no tenga mina en Chile, no significa que tienes que ocupar ese lugar, mejor dicho, por el bien de los dos mantengamos la distancia. - ¿Eso quieres? – ella se cruza de brazos y me hace una mueca de lo enojada que está. - Sí, no quiero que te pases rollos raros, estoy aquí para ver qué onda con mis viejos y si no pasa nada, volveré a Chile. – de pronto Gianna se da la media vuelta y levanta la cabeza con rencor. - Sei un fottuto frocio. - ¿Qué mierda? ¡Me trató de maricón! Se había alejado un par de metros de mí, tuve que pararla. - Gianna ¿Por qué te enojas? ¡No te he hecho nada! - No estoy enojada. – Seguía caminando hacia la tienda y yo con sarcasmo le dije: - Entonces avísale a tu cara, porque no se te nota. – fue una pésima idea responder así. - ¡Eres un idiota! ¿No te enseñaron modales para cuando tratas con una chica? ¿Acaso eres un bestia sin ningún respeto por las mujeres? – Menos mal que no estaba enojada. Estuve a punto de responder que el respeto se gana y no se vende como puta barata, pero la neurona coja me empezó a funcionar, evitando un desastre nuclear. - ¡Bien! ¿exactamente, por qué soy un idiota? soy sincero contigo y te molesta que te diga las cosas a la cara. - Ja ¿Crees que eres honesto? ¡Eres insensible! ¡Te estoy diciendo que me gustas y tú lo tomas como un chiste! – No soy hueón, sé que ella me está tirando los corridos hace rato, pero no puedo olvidarme de Andrea, por el momento siento que si me meto con cualquier mina me da la impresión de que estoy engañando a mi princesa. - Oye, de verdad, eres una mina linda, pero no me interesas. – Ella me miraba con atención, es como si hubiera descubierto algo que no dije. De pronto, sin avisar ella de lanza para abrazarme de la cintura y me dice de forma muy coqueta. - Haré que te intereses por mí, tengo muchos métodos para que un hombre se acuerde de mí por el resto de su vida. – Intentó besarme, pero giré la cara, también la alejé, por alguna razón el repentino interés que siente por mí me es extraño, no es algo que se haya dado de forma natural. - Mejor vamos a comprar lo que te pidió Ricardo, probablemente debe estar desesperado por que le lleves los cigarros y el wiski. - Es raro que entiendas el italiano, pero hables en español. - Gianna volvió a colgarse de mi brazo. - Bueno, supongo que he hablado más tiempo en español. – de nuevo me incomodan sus tetas. - También es raro que llames a mi padrino por su nombre ¿Por qué no le dices papá? – Eso mismo me preguntó yo ¿por qué no le puedo decir papá a Ricardo?
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