Un rayo de luz me molestaba en la cara, me di vuelta para seguir durmiendo, no tenía ganas de despertar tan temprano, pero algo me hizo abrir los ojos a la fuerza, no sabía cómo había llegado a mi cama, no recuerdo haber vuelto a mi pieza… lo último que recuerdo es que me acurruqué en la cama de Roberto, tenía el teléfono de mi tonto mecánico entre mis manos y me dormí, pero sigo con la ropa de ayer ¿Cómo pasó esto?
Decidí ir a bañarme, tal vez soy sonámbula, aunque nadie me ha visto caminando dormida, tal vez me devolví yo sola y no logro recordar ese momento, después de salir de la ducha y ponerme algo ligero, comencé a lavarme los dientes y seguí pensando; tal vez alguien me tomó en brazos y me llevó a mi cama… ¡Qué! ¡No, no, no! Si mi papá fue el que me trajo a mi pieza, quiere decir que ¡Sabe la verdad! ¡Ay, Dios mío!
Rápidamente terminé de lavarme los dientes y bajé corriendo las escaleras, fui al comedor y ahí estaban mi mamá, mi hermana y su familia, y… ¡Mí papá! Se veía muy serio, estoy algo asustada ¿Qué me dirá por haberme encontrado en la cama de Roberto? Sentí que me iba a caer, pero me tuve que dar fuerzas para resistir, ya que mi hermana me pregunta muy preocupada:
- Ann ¿Te sientes bien? Estás muy pálida. – Creo que mi corazón se me detuvo, miré a mi papá, giré la cabeza muy lentito para observar que reacción tenía él, pero el seguía en la misma posición, serio tomando una taza de café.
- Hija, siéntate a comer, no te vayas a desmayar por fatiga. – me sobresalté al escuchar a mi mamá, la obedecí y me apuré en tomar asiento antes de que mis piernas cedieran por el pánico.
Traté de comer, pero mi estómago se apretó y ya no tengo apetito, así que solo tomé un poco de té. Miraba de manera muy cautelosa a mi papá, sé que está enojado ya que suele ser muy hablador y sus risotadas se escuchan a lo lejos ¿Por qué no fui más cuidadosa? Con una mano froté mi frente lamentándome de mis decisiones; de pronto las puertas del comedor se abren con fuerza, me asusté tanto que me petrifiqué en mi asiento, enterré las uñas en la mesa y mi corazón a mil por hora como si quisiera salirse de mi pecho.
- ¡Viejo! ¡¿Qué mierda le dijiste a mi mujer?! – Gabito llegó hecho una furia y gritando como loco, estaba muy sorprendida por esa actitud, no lo veía así desde el día que mi hermano se fue de la casa.
- Solo le dije la verdad, ya que tú no tienes los huevos para decirlo. – mi papi sonó muy cruel, mi hermanito está rojo de ira y le gritaba cada vez más fuerte al papá.
- ¡Ella no quiere decirme que fue lo que le dijiste! ¡Acaba de tomar un avión para volver a Francia! ¡Dime qué huevada le dijiste a mi polola para que se fuera de esa forma! – Los gritos estaban alterando a todos.
- ¡Qué no es nadie para ti! ¡Qué alguien de nuestra clase debe buscar personas del mismo nivel! ¡Que ella será tu juguetito hasta que te tú aburras y decidas buscar a alguien decente! – Gabito se puso pálido y está vez explotó de enojo
- ¡QUÉ HUEVADA HICISTE! ¡LA TRATASTE DE PUTA! ¡ELLA NO ES UN JUGUETE PARA MÍ! ¡ES LA MUJER QUE QUIERO PARA MI VIDA! – mi hermano se agarraba la cabeza tirándose el pelo.
- ¡Entiende, Gabriel! ¡No aceptaré a una guacha negra en esta casa! ¡No volveré a pasar vergüenza por culpa de mis hijos! – mi corazón se hundió ¿Por qué dijo eso? La cabeza me dio vueltas y sentía como el sudor frío recorría mi espalda.
- ¡Rex! – escuché la voz de mi hermana, con dificultad me giré a verla, ella estaba agarrando la mano de mi cuñado con fuerza, mientras que Ricky estaba acurrucado en sus brazos.
- ¡Papá! ¡Tengo miedo! – vi como los ojos de Rex cambiaron a unos de asesino, su voz al hablar suena firme y filosa como un cuchillo.
- ¡Alejandro! Mi esposa no puede recibir emociones fuertes y mi hijo está asustado. – se formó un silencio fúnebre, Rex mira fijó a mi papá, es como si ellos dos se hubieran puesto a hablar de forma telepática.
Gabito se ve morado, me parece que quiere gritar, pero algo se lo impide dejando su ira atravesada en la garanta. Mi papá y mi hermano salieron sin decir nada, me imagino que irán al estudio para continuar gritándose, mi mamá preocupada los siguió, supongo que fue tras ellos para que no se maten. Rex de forma repentina se para, deja con cuidado a Ricky en su silla y con una gran rapidez se pone de cuclillas al lado de Ale.
- Preciosa, respira profundo, tranquila. – Mi cuñado es muy dulce con Ale, con una voz muy suave trata de calmarla, también le acariciaba la guatita mientras le besaba la mano, mi hermana aún está muy alterada.
- Amor, la última vez que hubo una discusión tan grande Gabito se fue por años ¡Por, favor! ¡No dejes que se vaya! ¡Detenlo! – Rex tiene una mirada compasiva y acogedora, él sonrió y le contesta a Ale con suavidad:
- No se irá, preciosa, encontraré la forma para que las cosas se arreglen, ahora, piensa en nuestra princesa, si no te calmas, mi amor, para ella será más difícil venir al mundo. – Rex siguió acariciándola y besó la palma de la mano de Ale, siguió sonriendo para ella.
- Papá ¿Por qué el tío Gabo está tan enojado con el tata? No entendí bien, dijeron muchos gabaratos. – En ese momento, mi hermana se dio cuenta de que debe estar tranquila por sus hijos, Rex con su suave voz responde a mi sobrino:
- No sé, hijo, iré a ver. Preciosa ¿Estás mejor? – Ale tocó su guatita, acarició la cabeza de Ricky y dijo más calmada:
- Sí, estoy mejor. – Rex se levantó, besó a Ale y se dio la vuelta, fueron milisegundos los que pasaron cuando él se giró para salir, pude ver como su rostro acogedor cambió a un mercenario dispuesto a matar, eso me impactó ¿Qué va a hacer para calmar las cosas?
Agité la cabeza y me paré de mi asiento dispuesta a salir detrás de mi cuñado, pero mi hermana me detiene:
- ¡Ann! ¿A dónde vas? - ¡Uy! ¡qué mal! Me giré con una sonrisa en la cara.
- Al… baño ¿A dónde más podría ir? – Ale me miró algo enojada.
- No te metas en esto, por favor, deja que mi esposo arregle todo. – ¿Por qué Rex siempre tiene que hacerse cargo de estos problemas?
- ¡Solo voy al baño! no haré nada más. – mi hermana me vio con desconfianza, pero la verdad, necesito saber qué hará mi cuñado.
Me acerqué al living y antes de poder ver algo, escuché un gran grito de mi hermano Gabito:
- ¡ME CAGASTE LA VIDA! – después de un par de minutos, veo a Gabito salir del estudio muy enojado, me moví rápido hacia la cocina, mi hermano salió por la puerta principal de la casa dando un gran portazo, esto no se ve bien, parece que se repite la historia.
Sé que no vi a Rex entrar al estudio, pero estoy segura de que está ahí con mi papá, necesito escuchar lo que están conversando, pero ¿cómo lo hago? Sin querer fijé mi vista en la ventana que está abierta y mueve la pequeña cortina que tiene puesta, chasqueé los dedos ya que se me ocurrió una idea, en las mañanas, la Anita abre todas las ventanas de la casa, así que las del estudio también deben estarlo.
Con cuidado salí por la puerta de la cocina, me acerqué a una de las ventanas del estudio y ¡Mala suerte! ¡está cerrada! Caminé hasta la otra ventana, que da hacia el patio principal, escuché la voz de mi papá, me acerqué lo más que pude para oír mejor la conversación.
- … Me di cuenta de que no puedes hacer nada contra mí, más bien yo tengo control sobre ti, si digo tu secreto tendrás que aclarar muchas cosas con la PDI, tus empresas caerán a las manos de mi hija y yo lo controlaré todo, tendré todos tus negocios y perderás el gran holding al cual enriqueciste durante los años que estuviste a cargo ¡Ja, ja, ja! Perdiste mierda, no puedes hacer nada ahora – ¿De que está hablando mi papá? de pronto escucho esa risa interna de Rex que me da miedo, es como si mi cuñado tuviera un alma endemoniada.
- ¿Creíste qué yo no me cuidaría de ti? ¿Recuerdas cuando me diste el trabajo de auxiliar de aseo en la empresa? – Mi papá hizo un sonido despectivo con la boca. – tu empresa estaba perdiendo plata por una mala gestión tuya, casi se va a la quiebra, pero es curioso que de la nada comenzara a resurgir ¿Recuerdas qué tuviste que hacer, Alejandro?
No puedo ver lo que sucede, solo escuchar y no sé si son ideas mías o alguien está gruñendo.
- Bien, si no lo recuerdas, te refrescaré la memoria, tuviste que vender tus acciones, cuarenta y cinco por ciento de tus acciones, porque ningún banco te daba crédito, nadie quería endeudarse con la tercera empresa más grande de Chile porque no había pagado sus préstamos, pero un pequeño holding y dos financieras aceptaron ayudarte a cambio de un porcentaje de las acciones ¿Adivina qué? Esas empresas son mías, El holding Group Capger, la financiera Livesonda y RDH son de mi propiedad. - ¿Qué? ¡No puede ser!
- ¡Estás mintiendo! ¡Eso es una puta mentira!
- ¿Te acuerdas del regalo que me diste cuando me ascendiste a Gerente General? ¿ese seis por ciento de confianza? Ese porcentaje me da el cincuenta y un por ciento de las acciones, soy el socio mayoritario de esta empresa, puedo hacer lo que quiera con ella, puedo transformarla en una poderosa empresa que destruya a su competencia o la puedo llevar a la quiebra para que sea comida para los buitres.
- ¡Maldito zángano de mierda! – Mi papá perdió parte de la empresa ¿Cómo sucedió eso? Otra vez esa risa interna, cada vez suena más siniestra, al igual que su forma de hablar.
- Ya que hoy tienes tan mala memoria, te recordaré que una vez te dije que no intentaras traicionarme, porque tengo más de una forma de mantenerte encerrado en un linda perrera, pero como soy bondadoso y empático puedes elegir donde quieres pasar el resto de tu vida, ¿Qué te gusta más? ¿el manicomio o la cárcel? – ¿Quién es Rex? ¿Cómo puede controlar a las personas así?
- ¿Qué quieres? – escuché a mi papá decir entre dientes.
- Quiero que traigas de vuelta a la mujer de Gabriel.
- La mandaré a buscar…
- ¡No! Búscala, te disculparas con ella y la traerás de vuelta, tienes veinticuatro horas antes de que encuentre una bonita jaula para ti. – ¿A esto se refería Gabito? Entonces, Rex si es una especie de delincuente ¿Un mafioso?
Sentí el ruido de la puerta cerrarse y un fuerte golpe de algo quebrándose me asustó, quería ir con mi papá y saber si estaba bien, pero no puedo delatarme, no puedo decir que estaba escuchando, a parte recordé que le había dicho a Ale que solo iría al baño, así que me apuré en volver al comedor. Antes de entrar a la casa, casi me caigo, pisé una piedra y me torcí el pie, entré cojeando a la cocina, me dolía un poco el pie, me senté en una silla que estaba ahí, me saqué la pantufla que llevaba puesta y vi me tobillo hinchado ¡Esto me pasa por hacerme la espía! En ese momento no me fijé que había alguien más en la cocina, por eso me pilló desprevenida que me hablaran de la nada:
- ¡Andrea! ¿Estás bien?