Apenas entré a la habitación del hotel, me di cuenta de que a Rex le importa una mierda gastar plata a destajo, creí que iba a tener solo una cama y a lo más un baño, pero este lugar parece un departamento, en la entrada hay un escritorio, cerca del ventanal hay dos sillones antiguos y un sofá grande con una mesa de centro, al lado derecho de la pieza hay un gran arco divisor donde está la cama y supongo que la puerta que está a unos metros del velado lleva al baño y para terminar mi recorrido visual, en el balcón hay una mesa con dos sillas. Cansado y sin ánimo me lancé al colchón, miré mi reloj y veo que son las cuatro de la tarde ¡Claro! no cambié la hora en esta cagá que llevo en la muñeca, miré el reloj en el velador y ya son las ocho, me dio la impresión de que era mucho más tarde, di un gran bostezo y poco a poco me fui quedando dormido.
Un fuerte sonido me despertó de golpe, pensé que era mí despertador y estiré la mano para apagarlo, pero en vez de alcanzar la hueá para apagarla y que dejara de sonar, me fui de hocico al suelo, me había quedado zeta, de por sí estaba algo desorientado, por lo cual no reconocí el lugar al tiro y tampoco me di cuenta de que me volví a quedar dormido con ropa, de mala gana tomé la hueá que estaba sonando y quise apagarlo, pero no era el despertador lo que sonaba:
- ¿Pronto? ¿Segnore? – ¡Mierda! Es el teléfono.
- Sì, Chi è?
- Hai una chiamata, vuoi rispondere? - ¿Una llamada? Miré el reloj del velador y marcaban las once y medía de la noche ¿A quién chucha se le ocurre llamar tan tarde?
- Sì. Accetto la chiamata
- Molto bene, lo trasferisco, buona notte.
- Grazie, buona notte– después de oír un pitido, escuchó la firme voz de mi hermano.
- ¡Por fin te encuentro! ¿Dónde estabas? – lo había olvidado, de nuevo, mi hermano me iba a llamar para saber si había llegado bien, aunque sé que Rex solo se quería contactar conmigo para ver que cagá me había mandado, no me dan muchas ganas de responderle, pero si él envió a un sapo culiao a seguirme, de seguro lo sabrá de todas formas.
- Bueno, me desvié un poco del camino, me bajé antes del auto y fui a buscar a la mamá. – se formó un silencio algo incomodo, se escuchó del otro lado de la línea que Rex tomó mucho aire y lo botó con fuerza.
- ¿Y? – su voz sonaba sombría, supongo que quiere saber lo que pasó, realmente no le importa si las cosas salieron bien o mal.
- Bueno, vi a la mamá, se ve algo cansada, no es como la recordaba, ahora está más viejita, ella me recibió con los brazos abiertos, siento como si hubiera estado esperando que volviera, aunque al principio me confundió contigo, estaba muy emocionada cuando me reconoció, no sé cómo supo que era yo. – Rex respondió animado.
- Puede que ella haya adivinado o solo vio el color de tus ojos, tú y la mamá tienen los ojos de un verde muy llamativo. – Es cierto, como estoy acostumbrado a que todo el mundo se fije en el color de mis ojos no pensé que mi mamá tomara ese rasgo para identificarme.
- y también vi a… a… - ¿Por qué no puedo decirlo? ¿Por qué no me nace?
- Entiendo… supongo que te trataron bien, eso me deja tranquilo. – De repente la voz de Rex suena fría, como si tratara de dejarme ir, como si ya no nos fuéramos a ver nunca más. – Estoy seguro de que pronto te sentirás como en tu casa.
- ¡Rex! – Puede que solo haya vivido un año con mi hermano, pero hace más de tres que está pendiente de mí, al final, fue él quien me encontró después de estar ocho años perdido sin saber nada de mi familia, no puedo fingir que mi hermano no existe.
- Dime. – es la primera vez que quiero escuchar a mi hermano hablar, no quiero que corte, siento que si lo hace no volveré a tener contacto con él nunca más.
- ¿Cómo esta Alejandra? ¿Y mi sobrina?
- Están bien, Ale está un poco más cansada de lo común, pasa durmiendo mucho más que antes, y la doctora que la ve ahora, nos dijo que nuestra guagüita esta creciendo bien, no tiene ningún problema.
- ¿Y Ricky?
- También está bien, solo un poco preocupado, dice que, como ahora no estás en la casa, él debe ganar fuerza para cargar a su mamá si le pasa algo, mi hijo te ve como a un héroe, Rob – sonreí al imaginar a mi sobrino ejercitándose para adquirir musculatura como yo.
- ¿Y Cómo está An…? – ¡Qué mal! No pensé en ella en todo el día y justo ahora se me cruza por la cabeza. – Aaah… y… cómo… ¿Cómo está el clima allá? Aquí hace un frío de mierda, tenías razón cuando me dijiste que tuviera una chaqueta gruesa a mano, o estaría peor que pata de pingüino, me imagino que tú estás viendo como caen los patos asados.
Rex ignoró el comentario hueón que hice sobre el clima y contestó a lo que no quería escuchar respuesta.
- Andrea no se ve muy bien ¿Estás seguro de que le dejaste todo claro antes de irte? Porque, según Ale, ella ha estado vigilando la ventana todo el día, como si esperara algo. – siento como si una garra tomara mi corazón y lo exprimiera con fuerza, debí ser justo con ella.
-Pues… - Miré la muñequera de cuero ¡Soy un maricón de mierda! Debí ignorarla hasta el final, pero no pude, estoy tan enganchado de ella que haría cualquier cosa que me pidiese, si no fuera por las estúpidas amenazas del ahueonao de Rex y el supuesto peligro al que estoy expuesto con el papá de Andrea, creo que hubiera pensado en alguna forma de quedarme con mi cuica hermosa.
- ¡Rex! ¿Estás hablando con Roberto? – Andrea…
- Chao, nos estamos hablando. – Rex me colgó.
Siempre he estado solo, por lo general no me molesta, porque sé que en alguna parte voy a encontrar a alguien que me haga compañía, pero estar solo no es lo mismo que sentirse solo, no tenía esta sensación desde los seis años, cuando me perdí y no volví a ver a mi mamá, me siento solo, abandonado, perdido.
Narra Andrea
- ¡Rex! ¡Respóndeme! ¿Era Roberto? – apenas a pasado un día y siento que mi alma se muere con cada segundo que paso sin él.
Mi cuñado me mira sin expresión, me observa detenidamente a la cara como si buscara en mí la respuesta que quiero escuchar.
- No. – Estoy segura de que la conversación que tenía por teléfono era con mi amado Roberto.
- ¿Seguro? ¿No me estás mintiendo? – inclinó la cabeza hacia un lado y dijo con una sonrisa.
- ¿Por qué haría eso? No tengo ninguna razón para mentir. – Las palabras de Rex suenan sinceras. – Además, él te dejó las cosas muy claras para que estés preocupándote por él.
- Tienes razón. – aún recuerdo las palabras de mi lindo mecánico. – él me prometió que volvería y haríamos las cosas bien, cuando regrese todo será mejor.
Rex parecía sorprendido, abrió mucho los ojos, de repente dio una carcajada interna y me dijo:
- Ya veo, te dejó las cosas más que claras. – mi cuñado suspiró, se acercó a mí y me palmeó el hombro. – Trata de no cerrarte a otras oportunidades, mi hermano no es la única alternativa que existe, también encontraras buenos hombres en otras partes.
Después de darme este doloroso consejo, subió al segundo piso para ver a Ale dejándome insegura y aterrada ¿Qué quiso decir con que busque otras alternativas de hombres? Desesperada, corrí a buscar la agenda telefónica que está al lado del teléfono de la casa, necesito encontrar el número de celular de Roberto. Revisé la estúpida libreta dos veces, estaba como loca buscando el nombre de mi amor, me siento tan nerviosa que varias veces me pasé hojas porque no las veía, estaban pegadas, hasta que, por fin leí su nombre, me llevé la agenda, me encerré en la pieza y con mi celular comencé a hacer la llamada a su teléfono.
Por desgracia, cada vez que sonaba el tono de marcar, pasaban unos treinta segundos y la llamada se cortaba porque nadie contestaba, insistí varias veces, pero nada, los ojos se me llenaron de lágrimas, la frustración me está destrozando. Intenté tantas veces que respondiera que, cuando llamaba en el silencio de mi habitación podía sentir el tono de marcar sin ponerme el teléfono en la oreja y por esa razón logré escuchar desde lejos el timbre de un teléfono que sonaba, salí de mi pieza y caminé guiada por el constante ruido, llegué a la entrada de la pieza de Roberto, abrí la puerta y el sonido cada vez se hacia más fuerte, siento una presión en mi pecho y un nudo se forma en mi garganta, el ruido venia desde el velador, casi sin respirar abrí el cajón, mi alma se rompió en mil pedazos, unos segundos antes de que la llamada se colgara, vi mi número en la pantalla del celular que estaba abandonado entre varias cosas dentro del velador, solté mi teléfono y lo dejé caer, saqué el que estaba guardado y lo tomé entre mis manos, me senté en la cama preguntándome: ¿Por qué no se llevó su teléfono?
Después de darle muchas vueltas a mis ideas, siento que el corazón me duele, no me había dado cuenta de que Roberto no me dejó nada para contactarlo, ningún número, ninguna dirección ¡Nada! apretaba el teléfono entre mis manos, mis lágrimas empezaron a caer sin mi permiso, agaché mi cabeza y acerqué el teléfono a mi frente, quería gritar, quería destruir todo lo que está a mí alrededor ¿Por qué? ¿Por qué no me dejó nada para sentir que aún estoy cerca de él? Me quedé sollozando en la pieza de Roberto, el nudo en la garganta no lo puedo tragar, solo duele y con dificultad pude decir:
- Por favor, Roberto, vuelve.